K032003a

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Fecha: 20110329

Título:

Original en audio: 4 min. 19 seg.


Sí, amigos, seguimos avanzando en nuestro camino cuaresmal.

Nunca olvidemaos que la Cuaresma es peregrinación, la Cuaresma es camino. Y una de las estaciones más importantes en la Cuaresma es el perdón, perdón que recibimos porque lo necesitamos, y perdón quedamos. Tenemos el derecho de ser perdonados y tenemos también el deber de perdonar.

Sé que es una manera un poco extraña de hablar del perdón, porque uno tiende a imaginar el perdón más como una cosa opcional; la realidad es que sin perdón no se puede vivir.

Por ejemplo, una pareja que renuncia a perdonarse, acabará disolviéndose; si los papás no perdonaran las faltas de sus hijos, no podrían realmente acompañarlos en su proceso de educación y formación. Pero si los hijos no perdonan las fallas que ven en los papás, jamás reconocerán plenamente su autoridad.

POdemos decir que el perdón es una necesidad vital, una necesidad humana, pero es también un regalo que viene de Dios. Esto lo enfatiza el capítulo tercero del libro del profeta Daniel, es la primera lectura en la Misa de hoy.

Lo que encontramos en este capítulo tercero de Daniel, es aun hombre piadoso llamado Azarías, y Azarías hace una oración suplicando el perdón de Dios. Lo más hermoso en le caso de esta oración, es que Azarías es plenamente consciente que no puede apoyarse en nada suyo.

Nosotros descubrimos el verdadero tamaño, la verdadera dimensión del perdón cuando descubrimos precisamente que nos somos dignos de ser perdonados; es decir, el perdón no entra dentro de la lógica de una especie de transacción: "Yo hago esto y tú me perdonas".

Azarías se da cuenta que no tiene nada realmente eficaz, nada realmente valioso para ponerlo delante de Dios, y desde su propia limitación, desde su propia imposibilidad clama el perdón, pero entonces lo suplica como un regalo.