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Revisión del 06:09 1 ene 2017 de Plataforma (Discusión | contribuciones) (Aunque el mundo no se sienta a gusto, los cristianos tenemos la certeza de que somos hijos de Dios y que llamarnos como Cristo es una alegría, una bendición y una victoria.)

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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo segundo y tercero de la Primera Carta de Juan, contiene una de las frases más hermosas de toda la Biblia: “ ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios” (1 Jn 3,1-2), pero también contiene una de las advertencias más importantes de la Biblia y es que lo que nosotros somos, es decir nuestra realidad de hijos de Dios no se nota, y lo que aparece de nosotros los que somos y queremos ser discípulos de Cristo, eso que aparece de nosotros, eso tampoco es lo que somos. Es decir hay una disonancia entre lo que somos y lo que parecemos ser. Como discípulos de Jesucristo somos invitados a seguir el tenor de vida de Cristo, Él en efecto llevó una vida de humildad, de pureza, de caridad, de sinceridad, de penitencia y sobre todo de obediencia amorosa a la voluntad del Padre, buscando en todo su gloria. Siguiendo las huellas de Cristo también nosotros queremos ser así, también nosotros queremos obedecer en todo al querer del Padre, también nosotros queremos cumplir su voluntad es lo que decimos en el Padre Nuestro todos los días; entonces vamo tras la huellas de Cristo y por eso hablamos como hablamos y actuamos como actuamos y somos cristianos coherentes. Pero ante los ojos del mundo qué nombre se le da a una persona que perdona con facilidad, que ora a menudo, que es humilde, que no quiere ser codicioso, que conserva puro su corazón, a esa persona se le llama un “inepto” porque no tiene codos suficientemente fuertes para derribar a su competencia, a esa persona se le llama “tonto” porque deja pasar momentos, oportunidades que quizás le hubieran podido dar grandes ganancias o gran poder.

La lógica del mundo es que si se presenta la oportunidad y si se puede gozar hay que gozar, pero el camino que propone Cristo es otro, entonces ¿qué parecemos los que queremos seguir a Cristo? Parecemos desadaptados, tontos, necios, ineptos, somos descartados, así como Cristo que pudo decir: “"La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular” (Mt 21,42), es decir que ese es el camino del cristiano y ser hijo de Dios supone tomar el camino de Aquel que es por naturaleza Hijo de Dios, es decir Jesucristo.

Las dos enseñanzas de hoy son: tengamos certeza de que sí somos hijos de Dios, y segundo: el mundo no se siente a gusto con eso y que los nombres y el desprecio que tiene para nosotros es el mismo desprecio y son los mismos nombres que tuvo para Jesús; sin embargo para aquel que ama llamarse como Cristo es una alegría, es una bendición, es una victori