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Revisión del 22:32 15 nov 2016 de Plataforma (Discusión | contribuciones) (Dios ha escuchado la oración de su Hijo Jesucristo para que todos sintamos el llamado a la santidad y la alegría de ser fieles a Él, derramando sobre todos el don de su Espíritu Santo.)

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El primero de noviembre, nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos, y creo que esta es una buena oportunidad para reflexionar en la palabra “democracia”. ¿Qué tiene que ver la democracia con la Solemnidad de Todos los Santos? Pues vamos a verlo.

Una de las características de la democracia es que −teóricamente por lo menos− lo que se quiere es la posibilidad de participación de todos en las grandes decisiones de un país. Así por ejemplo, se supone que en un régimen democrático las personas pueden intervenir para elegir a sus gobernantes, eso quiere decir que el poder se encuentra repartido en todo el pueblo, y de ahí viene la raíz democracia: ese “demos”, quiere decir “pueblo”, y esa raíz para cracia, “krátor”, lo que quiere decir es “el que tiene poder”, “el poderoso”. Así que lo propio de la democracia es repartir los bienes para todos, por eso también en las sociedades democráticas es evidente que hay un esfuerzo –o debe haberlo− para que los bienes de la salud, de las vías de comunicación, los bienes de la educación lleguen a todos. En este sentido, la democracia, bien entendida, supone una superación de lo que podríamos llamar una mentalidad oligárquica, es decir, gobierno de unos pocos, o una mentalidad elitista; lo propio de la democracia es superar el elitismo, la oligarquía.

Teniendo eso claro, pues, tenemos que decir que la Solemnidad de Todos los Santos es como la democratización de la santidad, porque lo que estamos diciendo es que la santidad no es para una élite, lo que estamos diciendo es que el Evangelio no es para unos pocos, lo que estamos diciendo es que la perfección cristiana no debe quedarse encerrada en los monasterios, en los conventos o en las curias episcopales, lo que estamos diciendo es que la santidad no es únicamente para el misionero, o para el mártir, o para la virgen consagrada; estamos diciendo que todos, absolutamente todos, en cada una de las rutas, en cada uno de los caminos por los que vamos avanzando, todos somos llamados a ser fieles al Señor, a responder a su misericordia, porque Él, como con una lluvia abundantísima ha regado el don de su Espíritu Santo.

Yo creo que el texto más democrático que tiene la Biblia es el capítulo tercero de Joel, ahí donde dice: “yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones.” (Jl 3,1), donde se muestra que este Dios nuestro, es un Dios que quiere que su misericordia, su poder, su bondad llegue a todos. A nadie se le oculta que la democracia, que conocemos como sistema social y político, a veces tiene grandes engaños y grandes trampas; esta otra repartición generosa del poder del Espíritu, no tiene engaño, es Dios mismo el que se ha comprometido con nosotros, es Dios mismo el que ha escuchado la oración de su Hijo Jesucristo, para que todos sintamos el llamado, la urgencia y la alegría de ser fieles a Él. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.