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La primera lectura de hoy está tomada del capítulo noveno del libro de Job. Hemos explicado que todo este libro es como una larga parábola, recordemos que Cristo en el Evangelio nos enseña muchas cosas a base de narraciones y esas historias que nos cuenta Jesús le sirve para ofrecernos comparaciones sobre qué es y qué no es el Reino de Dios.
El libro de Job es una especie de parábola que nos plantea temas de Teología pero no a la manera de los tratados que puede hacer un hombre como Santo Tomás o como San Buenaventura, sino más bien al estilo de las parábolas que usó Cristo. En el caso presente pues ya la historia de Job va evolucionando, vimos en un primer momento que a Job le sucedieron muchas desgracias y que con todas esas desgracias encima su primera reacción fue sumamente noble, aguantó y dijo: “El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó” (Jb 1,21). Pero nos damos cuenta que el mismo Job se ve luego agobiado por la magnitud de su dolor, y esto es hermoso en el sentido de que nos damos cuenta que la Biblia es un libro para gente real, y la gente real pasa por momentos muy duros, y cuando las personas están aplastadas por el dolor, seguramente dicen cosas como las que dijo Job: “para que nací, por qué no me morí chiquito, estaría tranquilo descansando en una tumba” (cf. Jb 10-13); ese es lenguaje que utiliza Job y eso es lo que muchas personas sienten. Pero este libro no nos quiere dejar simplemente en el momento de la desesperación, lo mismo que tantos salmos tienen palabras tan fuertes, esto no debe extrañarnos porque la Biblia es como una mano tendida que Dios nos da para agarrarnos ahí donde puede sostenernos y atraernos poco a poco con correas de amor hacía su corazón. Entonces este Dios que nos agarra, que nos sostiene sacándonos de nuestra miseria es el que se manifiesta aquí, y es un proceso el que viven las personas. Por ejemplo el salmo que rezó Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado” (Sal 22,2); si uno encuentra una persona que dice: “Dios me abandonó” seguramente uno le diría: “¡Oiga pero no hable así! ¡tenga fe!”, nuestra actitud sería regañar, pero esa persona tal vez Dios la está llevando por un camino, como el que describe este salmo, y ese camino va desde el dolor del que dice: “Dios me abandonó”, hasta la confianza absoluta del que dice: “Dios es mi victoria”. Es decir que el salmo le ayuda a hacer un camino, lo mismo el libro de Job, el cual toma las palabra de aquellos que están agobiados de dolor pero los va conduciendo a partir de ahí y a través de ese mensaje y de ese camino los lleva a una confesión real de la gloria divina.
En la lectura de hoy ya el tono le cambió a Job, cómo se da cuenta de que Dios es mucho más grande que su cabeza, las ideas y los planes son mucho más grandes; entonces Job que en el momento de la explosión dijo: “!yo para qué nací!” (cf. Jb 1,10); ahora ya cambia y ahora dice: “Dios es grande, Dios puede estar cerca y no me doy cuenta” (cf. Jb 9,11); “Dios puede estar muy cerca de mi vida, Dios puede estar muy cerca de mí y yo no me he dado cuenta, Dios puede tener planes que no alcanzo a escrutar ni a entender”, Dios puede estar también en esto; Job, el mismo que estaba ebrio de dolor y explotando en su indignación ahora ya tiene una palabra diferente.
Sigamos en este camino, también nosotros los que hemos pasado por circunstancias difíciles, tenemos que aprender de este libro para decir: “Dios tiene ideas grandes que son más grandes que las mías, y Dios puede estar más cerca de lo que yo me imagino”