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Hay un contraste muy hermoso en el Evangelio de hoy entre la soledad y la multitud, el breve texto que hemos escuchado tiene tres partes, por un lado está la curación de la suegra de Pedro; luego tenemos un momento de soledad porque Cristo se va al desierto, se va a un lugar solitario a orar y luego una nueva multitud porque el mismo Cristo dice: “tengo que ir a otras poblaciones, tengo que ir a otros lugares” (cf. Lc 4,43). Es decir que a veces encontramos a Cristo rodeado de la multitud, pero también lo encontramos apartándose de la multitud. Lo más hermoso de este texto es reconocer que hay una misma caridad en el Cristo que busca a la multitud para predicarle y en el Cristo que se aparta de la multitud para orar.
Para mí como dominico resulta inevitable relacionar este pasaje con lo que se dice de nuestro fundador Santo Domingo de Guzmán, porque los biográfos de Santo Domingo dicen: “en el día nadie más cercano que él a la gente, afable, alegre, amoroso; en la noche nadie más asiduo que él en las prolongadas vigilias, hasta llegar a pasar muchas veces la noche entera en oración”. Y también aquella otra expresión que hay de Santo Domingo: “hablaba raramente a no ser con Dios en la oración o de Dios en la predicación”.
Así que el pasaje del Evangelio de hoy me hace recordar a Santo Domingo pero lo más importante es redescubrir esas dos dimensiones de la caridad. Hay caridad cuando nos acercamos al prójimo para servir, pero hay caridad cuando nos alejamos del prójimo físicamente, no de corazón para orar; ambas cosas son importantes. Es importante acercarse al prójimo para dar testimonio, para hablarle de Dios pero también es importante apartarse físicamente del prójimo para hablar a Dios de él. Veamos como en el primer caso le hablamos al prójimo de Dios y en el segundo caso le hablamos a Dios del prójimo ¡y es un mismo amor el que nos mueve!.
También esto se nota en los dos tipos principales de forma de vida cristiana en la Iglesia, porque en la vida contemplativa enfatiza aquello de hablarle a Dios sobre las necesidades del prójimo; mientras que en la vida activa, en el ejercicio de las obras de caridad y en la predicación se caracteriza por hablarle al prójimo, dar testimonio al prójimo sobre Dios.
¡Que ese mismo amor de Cristo siga floreciendo en la Iglesia para gloria de su Nombre!.