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El Evangelio de hoy, está tomado del capítulo diecinueve de San Mateo. Hay varios temas que aparecen, como suele suceder, pero quisiera centrarme en algo que es relativamente menor, pero que de vez en cuando despierta preguntas, y creo que cuando nosotros, sacerdotes, ofrecemos una reflexión sobre el Evangelio, una homilía, es bueno también, ir a esa clase de inquietudes que tienen las personas. Es algo muy sencillo, quizá alguien se sonría cuando vea de qué vamos a hablar; vamos a hablar de la imposición de manos, porque Jesús cuando bendice a estos niños, les impone las manos, hace oración por ellos y los bendice (cf. Mt 19,13-15).

El gesto de imposición de manos, es un gesto que la Iglesia utiliza de muchas maneras: por ejemplo, cuando se administra la unción de los enfermos, al sacerdote, que es el ministro propio de la unción de ese sacramento, se le pide que imponga las manos sobre el enfermo; lo mismo, al dar la absolución de los pecados en el sacramento de la confesión, se puede hacer una imposición de manos; lo mismo, el obispo cuando nos da la confirmación, pone su mano ungida sobre nuestras cabezas, y además con el crisma (el aceite que ha sido consagrado), pues, nos consagra con ese sacramento tan bello de la confirmación; por supuesto, en la ordenación de diáconos, en la ordenación de sacerdotes, en la ordenación de obispos, también hay imposición de manos.

O sea, se ve que es un gesto que la Iglesia utiliza con bastante amplitud, y también se ve que es un gesto que tiene distintos significados: por ejemplo, si un sacerdote va a administrar el sacramento de la unción de los enfermos a un hombre mayor, y le impone las manos, pues, no quiere decir, que ya ese viejito quedó ordenado sacerdote, porque el sacerdote le impuso las manos; pero, ese mismo sacerdote, en una ceremonia de ordenación sacerdotal, le impone las manos a quienes están siendo ordenados.

Entonces, se utiliza el mismo gesto, pero con dos intenciones distintas, porque puede haber una imposición de manos que está acompañando el perdón de los pecados, una imposición de manos para el sacramento de la confirmación, una imposición de manos que se da en el sacramento de la ordenación sacerdotal. Con esto, ¿qué quiero decir? Que no debemos absolutizar la imposición de manos. Y, ¿por qué lo comento? Lo comento por dos razones. La primera, una razón histórica: algunos estudiosos han visto que en la antigüedad había mujeres, que eran llamadas “diaconisas”, y consta que algunas de estas diaconisas eran integradas en ese servicio, con una imposición de manos; entonces, ya la gente de inmediato saca una conclusión: “ahí se ve que si había ordenación de mujeres, por lo menos para el diaconado”. Este es un modo muy pobre de argumentar; ya he dicho que la imposición de manos se utiliza para muchas cosas: aquí Jesús, por ejemplo, impuso las manos sobre estos niños, entonces, ¿ya quedaron ordenados obispitos porque Jesús les impuso las manos? ¡De por Dios, pongamos un poco de sensatez en esto! Entonces, que algunos obispos, sobre todo, en oriente, en las regiones de Siria, por ejemplo, imponían las manos a algunas mujeres para dedicarlas a ciertos servicios dentro de la Iglesia, no significa que esa era una ordenación de la misma manera que las ordenaciones de diáconos que hacían esos mismos obispos.

La segunda razón: hay personas que se ponen muy nerviosas, muy inquietas porque en los grupos carismáticos, algunas veces, cuando se ora por una persona, se hace imposición de manos, y entonces dicen: “bueno, pero cómo así que los laicos imponiendo manos”. Yo quiero confesar algo aquí, en público: la primera persona que me impuso las manos fue mi mamá, porque cuando yo estaba enfermo, y lo mismo le pasaba a mis hermanos, con mucha frecuencia mi mamá ponía su bendita mano materna, sobre la frente, sobre la cabeza, y oraba por nosotros; casi siempre oraba diciendo el credo. Y era literal: mi mamá imponiendo sus manos sobre la cabeza y haciendo oración. Entonces, no le pongamos tanto misterio a las cosas; es un gesto bello, es un gesto que tiene muchos significados, y que según el contexto, según las circunstancias, pues, también tiene distintas repercusiones. Eso es lo que hay que aclarar con respecto a la imposición de manos, para que no nos dejemos llevar por cualquier demagogia, ni tampoco nos dejemos llevar por cualquier preocupación. Que Dios nos bendiga y que podamos vivir con sensatez y con mucha alegría nuestra fe cristiana y católica.