O195006a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 03:33 11 ago 2016 de Plataforma (Discusión | contribuciones) (Los cristianos católicos estamos llamados a conocer las realidades del matrimonio y la familia desde la enseñanza de Cristo para vivir nuestra fe con mayor plenitud.)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Hoy hemos escuchado un texto del Evangelio de San Mateo en el capítulo diecinueve; es un texto que ha tenido particular resonancia en este año 2016, por la promulgación del Papa Francisco, de una carta encíclica llamada Amoris Laetitia, que tiene que ver con tantas realidades de la familia; y algunos pasajes de este documento del Papa, han sido interpretados de la siguiente manera: como que ahora la Iglesia no le pone problema a la gente que se ha casado una vez, se le daño el matrimonio y se casa otra vez, o incluso, otras veces, de modo que en esas condiciones, esas personas, pues, podrían acercarse a la Eucaristía sin problema, o que tal vez los confesores podrían autorizarles que se acercaran a la Eucaristía.

Personalmente, creo que el documento podría ser, y debería ser más claro en esta materia, pero, no me corresponde a mí, juzgar la palabra del Papa; lo que sí puedo decir, es que Cristo, ciertamente, es muy claro en lo que dice, y lo que dice Cristo, se resume en esa frase que todos los católicos conocemos desde niños, es decir: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6). Y ciertamente, un matrimonio que es verdadero, es decir, que se ha celebrado de la manera correcta y en las condiciones prescritas, bien conocidas en la Iglesia, matrimonio que ha sido consumado, es decir, en el que se ha dado la unión física de los esposos, un matrimonio que se llama en derecho canónico, “rato y consumado”, bien celebrado, según las condiciones, y ya consumado, es indisoluble. Indisoluble, no solamente por un sacerdote o por el obispo; es indisoluble por el Papa. Absolutamente nadie puede disolver ese matrimonio; lo que hace la Iglesia, y hoy es un buen día para aclararlo, no es disolver matrimonios; disolver un matrimonio es lo que se llama “divorcio”. En la ley civil existe el divorcio: si dos personas no se entendieron, pelearon, cambiaron sus horizontes, cambiaron de proyecciones y de expectativas, entonces, “bueno, tú tomas por allá, yo tomo por acá, y se acabó”, y ya no hay matrimonio desde el punto de vista civil. Pero desde el punto de vista de lo que nos dice Cristo, no hay ninguna autoridad humana que pueda disolver un matrimonio.

Entonces, ¿qué es lo que puede suceder? Lo que puede suceder, es que hubo una ceremonia y se sacaron muchas fotos, y hubo una gran comida, incluso, convivieron unos años, pero, después se hace una investigación y se descubre, que desde la raíz misma, desde el comienzo mismo, ese matrimonio no era un verdadero sacramento, porque faltaban condiciones para que fuera verdaderamente sacramento. Hay un caso (y es muy bueno saberlo), que es lo que se llama un “impedimento”: imaginemos una persona, digamos un hombre que tiene perfecta conciencia de que él es estéril, él sabe que es completamente estéril, por un accidente que tuvo o por una condición genética que tuvo, o por lo que sea, él es completamente estéril, pero, él nunca le dice eso a la novia, porque la ama, porque quiere tener cerca una mujer, porque no quiere quedarse solo, y él siente que si le dice la verdad, pues, ella lo va a dejar; entonces, no le dice la verdad, entonces, se queda callado, y llega la ceremonia del matrimonio y se casan, y todo queda así como muy bien. Pero, ¡un momento!, ¡ha habido un engaño!, y un engaño en materia gravísima, porque resulta que esa jovencita que se casó con él, tenía (como muchas muchachas que se casan) el deseo perfectamente legítimo de ser mamá. Ella que ama a Dios, y que ama la vida de hogar, ella quiere ser mamá, y resulta que pasa el tiempo, y pasa el tiempo, y no hay manera de que quede embarazada, entonces, empieza a extrañar, y cuando ya viene esa parte de que, “necesitamos hacernos análisis médicos”, entonces, este hombre, muy sonrojado, le dice: “es que yo sé que soy yo, porque yo soy estéril”. Y ella le pregunta: “pero, ¿cómo es que nunca me lo dijiste?”; y él le contesta: “Es que pensé, que si te lo decía, me abandonabas”. Es decir, aunque se celebró la ceremonia, aunque hubo ceremonia en una Iglesia, y se firmaron papeles y se tomaron fotos, ahí hay un vicio de nulidad; entonces, ¿qué es lo que hace la Iglesia en esos casos? Declara la nulidad; ¡oiga!, ¡apréndaselo bien, por favor!: la Iglesia lo que hace es “declaraciones de nulidad”, lo que hace es estudiar muy bien el proceso, estudiar las condiciones que precedieron al matrimonio, y llega a una conclusión, y dice: “realmente, aquí no hubo matrimonio”. ¿Cuáles son esos impedimentos, por los cuales se puede llegar a una declaración de nulidad? Pues, no son pocos, pero, por supuesto, este no es el momento para entrar en esa explicación; simplemente, hay que acercarse a las personas que conocen bien de estos temas de derecho canónico, y hacer las consultas pertinentes.

Por ahora, que nos quede claro: “ninguna autoridad humana puede disolver un matrimonio rato y ya consumado”; pero, lo que hace la Iglesia, es estudiar algunos casos y se da cuenta de que en realidad no hubo matrimonio porque había un impedimento, y cuando hay un impedimento que realmente destruye la validez del matrimonio, la Iglesia declara oficialmente: “no hubo matrimonio”; se llama “declaración de nulidad”. Creo que es una explicación que nos ayuda a situarnos en la enseñanza de Cristo, y a vivir nuestra fe con mayor plenitud.