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De Wiki de FrayNelson
Revisión del 16:56 26 dic 2015 de Plataforma (Discusión | contribuciones) (Un buen balance en este año que termina nos lo da el examinar estas tres áreas de nuestra vida cristiana: evangelización, oración y actitud de misericordia.)

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Al llegar el final del año tanto las personas como las empresas, incluso los gobiernos tienen que hacer sus balances, la forma típica de un balance es la que en contabilidad se llama o se llamaba de pérdidas y ganancias, aunque la terminología seguramente cambie, la idea estoy segura que permanece firme, pérdidas y ganancias, ¿qué he perdido y qué he ganado?, típicamente las empresas se hacen estas preguntas en términos económicos, quizás en un análisis más fino se pregunten también por los contratos, por los clientes, preguntas como: “¿cuántos clientes nuevos tenemos?, o ¿cuántos clientes antiguos hemos perdido?. Soy de la idea de que también en nuestra vida cristiana debemos hacer estos balances, también tenemos que examinar y no solamente nuestra parte económica, quiero proponer tres áreas que en mi vida sacerdotal he visto descuidadas muchas veces, áreas que considero que conviene que examinemos con un juicioso balance. Por ejemplo, la evangelización, de verdad que son pocos los católicos que hacen un examen juicioso de esa área de su vida, evangelización significa: “¿cómo estoy en la responsabilidad, en la tarea de difundir el Evangelio, de atraer a otros hacia Jesucristo?, y en este sentido el balance no es muy difícil de plantear, la pregunta es fácil, tal vez la respuesta es la que puede ser un poco incómoda, ¿a cuántos he acercado a Cristo?, por supuesto que la gracia de Cristo es finalmente la que cambia los corazones, pero todos sabemos que hay una responsabilidad de parte nuestra, hay un algo que se espera de nosotros; de verdad ¿he acercado a alguien a Cristo? ¿he sido instrumento para que alguien conozca un poco mejor al Señor? ¿para que se acerque al sacramento de la confesión? ¿para que se integre en una comunidad viva de fe? ¿para que vuelva a la práctica de los sacramentos o de la oración cotidiana? ¿he servido para eso? ¿cuál es mi balance en términos de evangelización?.

Otro balance que es incómodo pero que es incluso más necesario, es el balance de la oración, y en términos de oración hay mucho qué preguntarse, por ejemplo si miro quién era yo hace un año y si miro lo que estoy haciendo ahora ¿qué avance real ha habido?, ¿en qué ha mejorado, si ha mejorado mi relación con Dios?. Gracias al Señor hay personas que en cierto momento han tomado una decisión sana, saludable por ejemplo, han tomado el camino del Santo Rosario, este fue el año en el que adoptaron esta bendita costumbre que trae tanto bien a las personas y a las familias, quienes hayan tomado esa clase de decisiones pueden tener un balance sustancialmente positivo, pero quizás otros tendrán que decir: “este fue otro año más de limitarme a una señal de la cruz y quizás un Padre Nuestro si me acuerdo y no estoy dormido en la noche” ¡y esa es toda tu oración!, ¡eso es todo lo que le das al Señor!, es decir ¿toda la oportunidad que le das para que obre en tí?. Entonces ahí hay una buena pregunta.

Luego el tercer balance que quiero plantear no viene de mí, viene del Papa Francisco, el Papa nos invita a entrar en una actitud de misericordia, tengo que preguntarme ¿en qué día, en qué hora y ante qué personas he manifestado la misericordia del Padre?, de la gente que me conoce quién podría decir “yo he visto la compasión, yo he recibido la compasión del Señor a través de este hombre o de esta mujer”.

Son preguntas útiles y esas preguntas y esos balances hay que hacerlos, no dejemos que simplemente el ruido de las fiestas de fin de año nos robe la posibilidad de un buen examen que puede dar mucho fruto.