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Fecha: 20100308
Título:
Original en audio: 12 min. 46 seg.
Decía Fray Luis de Granada, hace más de cuatrocientos años: "El sol con ser tan hermoso a veces no tien quien lo mire". Ese es uno de los peligros de las cosas que siempre tenemos. Y a nuestros hermanos de comunidad y a la gente del pueblo siempre la tenemos.
Nos acostumbramos. La costumbre es enemiga del asombro, y la muerte del asombro es la muerte de la admiración y del reconocimiento de la bondad de los demás.
Cuando muere el asombro, entonces ya no encontramos lo notable, lo maravilloso, lo extraordinario. Y resulta que todo eso existe y todo eso está cerca de nosotros. En nuestra propias familias, en neustra propia comunidad hay cosas fantásticas, maravillosas.
Muchas veces necesitamos de una voz extraña o extranjera para asombrarnos de lo que tenemos cerca. Ese es un enemigo, entonces, del asombro, la costumbre, pero no es el único enemigo.
Otro enemigo del asombro es el orgullo, ¿por qué orgullo? Este ejemplo lo he comentado en otras ocasiones, porque imagínate lo que es un proceso de beatificación en un monasterio de clausura. Por algo Roma tiene esa saludable costumbre de esperar a que se haya muerto casi todo el mundo que conoció a la candidata, por eso, es basada en Lucas, capítulo número cuatro: "Nadie es profeta en su tierra" San Lucas 4,24.
Porque figúrate que hay este problema: si yo fuera monja de clausura y entonces van a canonizar a una con la que yo vivi, entonces yo tengo que explicar por qué ella es santa, pero sobre todo tengo que explicar por qué yo no, por qué ella sí y por qué yo no. Y entonces todo lo que implique que ella sea exaltada,implica que yo soy abajada; ella sale al primer plano, y yo quedo de paisaje. Entonces no me gusta.
La vanidad, el orgullo son enemigos de que uno reconozca la virtud en las otras personas. Ya hemos encontrado dos cosas que hacen veradadero este refrán que nos dice Cristo, esa dos cosas que hemos dicho son: la costumbre y luego también el orgullo.
Pero hay otro aspecto de ese orgullo y es que uno cree que conoce a la gente. A cristo lo daban por conocido: "Bueno, ¿no es éste el hijo de José?" San Lucas 4,22, "y sus hermanos y sus hermanas ¿no están con nosotros aquí?" [[:Category: ]].
Entonces, reconocer que hay algo maravilloso, que hay algo fantástico en medio de nosotros,pue significa que se nos escapó o que no lo vimos, que estaba ahí pero no lo vimos, y ahí también hay orgullo. Porque uno quiere imaginarse que uno sé se entera de todo, que uno lo sabe todo, que uno está en control de todo.
Reconocer que a uno se le escapan cosas no es tan fácil. Reconocer que uno no pudo verlo todo eso no es tan fácil. Y esto pasa para lo bueno y para lo malo.
No hace mucho se encontró por alguna ciudad del sur de España, creo que no fue en Caravaca, pero sí fue en todo caso en otra ciudad del sur de España, se encontró que un cierto adolescenete, casi adolescente, manejaba una red mundial de computadores, tenía cerca de trece millones de computadores para enviar virus y para hacer otro tipo de maldades.
Y toda la gente del pueblo, porque entrevistaron a la gente del pueblo, decía: "¡Pero cómo va a ser! ¡Esto es imposible! ¡Pero si lo conocemos! ¡Pero quién se ba a imaginar! Es decir, no tenían ojos para ver ese talento o esa característica de esta persona, lamentablemente un talento mal utilizado.
Entonces está en manos de la justuicia es joven. Pero fíajate,la gente del pueblo, la última en enterarse: "¡No! ¡Pero cómo así, si lo conocemos, pero si está ahí, pero si vive, pero si aquí sale, pero...!" Se nos escapan cosas.
De este diagnóstico ya sabemos qué es lo que tenemos quie pedirle a Dios para aplicar este envangelio a nuestra vida.
¿Qué cosas hay que pedirle? En primer lugar, que nos nos acostumbremos demasiado a las personas. Santo Tomás, en esa carta que se le atribuye a un cierto hermano Juan, a un cierto fray Juan, le dice entre otras cosas: "La demasiada familiaridad induce a desprecio".
Entonces, en la vida religiosa, en la vida monástica, una de las cosas que tenemos que guardar es eso: la mucha cercanía, la demasiada cercanía produce otras cosas, produce compinchería, produce despreecio finalmente.
Que no perdamos la capacidad de mirar a las personas y descubrir en ellas la obra que Dios está haciendo, que no nos acostumbremos demasiado a la gente.
En segundo lugar, que reconozcamos que la historia que Dios está haciendo con las otras personas es distinta de la nuestra.