K011005a

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Fecha: 20110215

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Indudablemente, una de las tentaciones más fuertes y más generalizadas en la raza humana es el egoísmo.

Egoísmo significa que yo me pongo en primer lugar, que mis interese son los únicos que cuentan, que mi ganancia es lo único que me interesa.

Uno se da cuenta que en el país del egoísmo solo puee hablarse el lenguaje de la agresión, porque si yo busco íncamente mi interés, y tú buscas el tuyo, seguramente entraremos en conflicto; tú buscarás lo tuyo, yo buscaré lo mío; yo intentaré acabar contigo, tú intentarás acabar conmigo.

Y de esa manera, el egoísmo termina ocasionando violencia, termina generando destrucción y, finalmente, acaba con el mismo egoísta, lo cual es una gran paradoja; porque se supone que el egoísta busca su bien, pero, al matricularse en la ley del egoísmo está irradiando un lenguaje de agresión que finalmente se vuelve contra él.

Como la Cuaresma es tiempo de conversión, no cabe duda que uno delos enemigos a vencer es este, el egoísmo. Y las lecturas de hoy quieren invitarnos a suiperar ese egoísmo.

El capítulo número diecinueve del libro Levítico y el capítulo veinticinco del evangelio según San Mateo viene en nuestra ayuda.

Según estos dos textos el primer paso que hay que dar es la justicia, y el segundo paso es la caridad. La justicia me lleva a ponerle un límite a mi egoísmo, por ejemplo, si tengo empleados, hay una justicia que me dice que tengo que pagar unos suledos, unas prestaciones, y de ese modo mi afán desmedido de riqueza se ve contenido, contenido por la justicia.

Lo mismo en otros planos, por ejemplo, en la vida familiar. Es posible que alguna persona sienta un vehemente deseo de apoderarse de la esposa de un conocido suyo, pero hay un orden de justicia. El orden de la familia, el orden del matrimonio le pone un límite a esa ansia de placer, y ahí queda frenado ese modo de egoísmo que es buscar la propia complacencia.

Ya la justicia, de la que habla este capítulo diecinueve del Levítico, es una victoria que ayuda a limitar nuestras pretensiones, pero hay que ir más allá; ir más allá es descubri más allá del orden de la estricta justicia, que hay un cantidad de personas que han caído al borde del camino y que necesitan una mano.

Y de eso nos habla Jesús en este pasaje del capítulo veinticinco de San Mateo, y nos dice algo muy importante, y es que Él ha tomado ese lugar, Él ha tomado, podríamos decir, una opción radical por esos pobres, de modo que lo que hacemos a esas personas lo hacemos por Jesús, sea bueno o sea malo.

si hacemos un bien a esos hermanos tan caídos, se lo hemos hecho a Jesús; y si hacemos un mal, lo hemos cometodo contra Jesús.

Justicia, primero; y caridad, misericordia, después, la gran respuesta a una enfermedad que agobia al mundo: el egoísmo.

vamos a vencerlo en el Nombre de Cristo.