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Fecha: 20110311
Título: La Cuaresma es una peregrinacion hacia el centro de nuestro corazon
Original en audio: 4 min. 25 seg.
Si nos damos cuenta, mis amigos, una de las características más importantes de nuestra fe cristiana es que tiene que partir del corazón. Es decir, no se trata de una simple costumbre, no se trata de una simple tradición social, no se trata de una apariencia, se trata de una convicción que únicamente puede empezar allá, en el centro de tu alma.
Debajo de todas las apariencias, debajo de todas las máscaras está siempre una verdad. Hoy, por ejemplo, se habla mucho del "niño interior", esa expresión puede ser dicutible; pero la verdad es que muchos de nosotros, debajo de tantas apariencias y a veces de un rostro muy agresivo que queremos poner, por dentro somos como niños asustados que necesitan confianza, que necesitan apoyo y que necesitan dirección.
Por eso la Cuaresma, que es una peregrinación, tiene que ser también una peregrinación hacia el centro del corazón, y es allí donde empezamos a ser verdaderos. Por eso no cabe un ayuno que consista únicamente en lo exterior, es decir, en la privación de alimentos.
El capítulo cincuenta y ocho de Isaías nos muestra que el verdadero ayuno produce frutos exteriores desde una conversión interior. Si interiormente nos apasionamos por la justicia, nos enamoramos de la caridad, nos convencemos e la necesidad de servir, porque ahí está esa frase que dice: "El que no vive para servir, no sirve para vivir".
Si llegamos a esta convicción interior, entonces pondremos nuestro aporte, pondremos, como se dice popularmente, nuestro "grano de arena" para vencer la injusticia del mundo, para abrir las prisiones injustas, para dar de comer al hambriento.
Muchas veces uno se disculpa y dice: "¡Pero yo qué voy a poder hacer! ¡Yo no puedo cambiar el hambre del mundo!" ¿Pero sabes una cosa? El hambre del mundo muchas veces es la suma de una cantidadde egoísmos, y de todos esos egoísmos nuestros se va produciendo un sistema, una estructura que genera muerte, que genera desigualdad, que genera finalmente homicidio; somos cómplices.
Entonces, si la suma de nuestros egoísmos, si la suma de nuestras codicias, si la suma de nuestras indiferencias produjo muerte, nosotro hoy somos invitados a empezar a sumar vida. Sí, yo no puedo cambiar todo el mundo, pero yo puedo cambiar la suma, y si tú y yo cambiamos, ya somos dos.
Y si este mensaje llega, como está llegando a cientos de personas todos los días, entonces, bueno, ya no es únicamente un grano de arena, vamos sumando. Y la Curesma y el mundo se hacen así, de esas sumas.
El evangelio del día de hoy, tomado de San Mateo, nos muestra cómo en la raíz más profunda de nuestra penitencia y de nuestro ayuno está que nos hace falta Jesucristo. Y por eso la Cuaresma no es simplemente resolver problemas sociales, tampoco nos quedemos ahí.
En la bondad con la que repartimos unos alimentos, o en la bondad con la que hacemos una donación por personas menos favorecidas, finalmente lo que queremos es que llegue la sonrisa de Dios, la luz de Dios, la piedad de Dios a todos. Es decir que ese rostro verdero de Dios que se reveló en Jesucristo, aparezca claramente en todas las vidas.
Fíjate que camino tan interesante: de la interioridad del corazón, a la coherencia en las obras; y de la generosidad al compartir, a la necesidad de evangelizar.