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Fecha: 19970830

Título: Jesucristo, Maestro, Pedagogo, nos enseña a aprovechar los dones de Dios sin comparar

Original en audio: 15 min. 1 seg.


Jesús era un gran Maestro, y sabía hacerse entender. Se ha dicho que el buen maestro debe comprender, sobre todo, al estudiante que tiene más dificultades. Porque si un profesor habla sólo para los más inteligentes, la mayor parte de su clase se va a quedar sin comprender nada.

El maestro, el profesor, tiene que pensar primero en los que les costaría más trabajo entender, porque si estos entienden, entendieron todos. En cambio, si entienden sólo los inteligentes, sólo los avispados, pues quizá mucha gente se quede sin comprender nada.

Yo digo estas palabras, y las pienso también para mí. Porque yo creo, que un predicador debería tratar de hablar, no para los piadosos, que ya son piadosos. Debería tratar de hablar para la persona más distraída, para la persona más mundana, para la persona más desentendida; para esas personas debería ser la predicación.

Uno debería tratar de predicar siempre dirigiéndose a esas personas, las que viven distrayéndose en todas partes. Porque hay gente que participa de la Eucaristía sabiendo a qué vino, pero hay otras personas que no saben a qué vinieron, y se distraen en todo.

Uno, como predicador, debería estar atento a eso, y estar atento al otro, al que le puede dar sueño. No me suceda a mí, lo que le pasó a algún predicador cuando se durmió uno de los de la primera fila. Ese hombre, ese sacerdote entra en cólera, y le dice a la esposa del dormilón: "Despiértelo". La señora le responde: "¡No! Usted lo durmió, usted lo despierta".

Uno debería situarse, como predicador, en la perspectiva de la persona a la que no le interesa lo que uno va a decir. Sobre todo, que como hay textos del evangelio que son más o menos conocidos, entonces uno dice: "Ah, listo; talentos, la de los talentos, que uno tiene que trabajar los talentos, despachado; le puedo dar la atención a otra cosa".

Eso pasa con la Palabra del evangelio. Nosotros somos, en general, malos oyentes de la Palabra de Dios. Porque creemos que un pasaje de la Biblia es simplemente el tema, pero el tema es solamente el título; ese es sólo el título del pasaje. Las riquezas que trae el pasaje bíblico, hay que irlas encontrando poco a poco.

Ahora bien, como Jesús era ese gran Pedagogo, y Él quería llegarle sobre todo a los distraídos, porque ha habido distraídos en todas las épocas; si quería llegarle a los dormilones, entonces Jesús utilizaba un recurso, entre otros muchos.

Mire, hay gente que se ha puesto a estudiar esto de la predicación de Cristo, y han visto que Jesús, aunque era muy original en muchas cosas, tampoco quiere decir que Él se inventara todo.

Las técnicas que utiliza Jesús, como, por ejemplo, esto de las parábolas, pues esas también las había en el Antiguo Testamento, y había maestros judíos de la época de Jesús, que utilizaban esas mismas técnicas.

Porque una parábola es un relato que uno fácilmente guarda en su conjunto, mientras que una teoría, un esquema, es mucho más difícil de recordar.

Pero yo no me voy a referir al hecho de la parábola, sino a una técnica maravillosa que tenía Cristo, que de pronto nos pueda servir; no sé para qué nos pueda servir, pero nos puede servir. ¿Qué técnica? Por ejemplo, si uno va a dar talleres de padres de familia, o cosas parecidas, esto puede servir.

Jesús habla en sus parábolas como desde dentro de la persona. Es decir, se sitúa en el peor de los casos. Eso concuerda con lo que venimos diciendo: el buen profesor se pone en el lugar del mal estudiante. Si el profesor sólo piensa en los buenos estudiantes, no hace nada. Será un buen investigador, pero no un buen profesor.

Entonces Jesús, que era Profesor, Maestro, Predicador, se pone en el peor de los casos, y hace hablar al corazón de la persona, que quizá no le interesaría el mensaje de Dios.

Eso es, por ejemplo, lo que ha hecho en la parábola que hemos escuchado hoy. Muchas personas sienten que no se acercan a Dios, o que el rollo de Dios, o que el cuento de Dios es para otros.

Típicamente, uno empieza a alejarse de Dios cuando uno siente, que en la repartición de dones y talentos, a uno lo dejaron cortico: "Hubo para todos, menos para mí". "Yo soy el feo del paseo, yo soy el malo, yo soy el último; a mí siempre me toca el raspado, a mí me dan menos".

Como eso es lo que uno piensa cuando se aleja de Dios, entonces Jesús pone un personaje que tiene esas características. Entonces, por eso, aquí aparece una desigual repartición. A uno le dieron cinco talentos, a otro dos, y a otro uno.

Lo interesante es lo que sucede con el que recibió un talento. En realidad, toda la parábola es para hacer hablar al que recibió un talento. ¿Por qué? ¿Quién es ese? Pues ese, el que recibió un sólo talento, es cada uno de nosotros, siempre que cree, que "para los otros sí alcanzó, y para mí no".

El propósito de la parábola no está en que uno se vea retratado ni en el de cinco, ni en el de dos, sino en el de uno. Uno siente, que hubo otro, que a ese sí se le dieron las cosas: "¡Ese sí es de suerte! ¡Ese sí tiene oportunidades!" Y luego uno empieza a hacer suposiciones: "Claro, como es chupa, como es lambón, como ese sí es un adulador". "Claro, como es un vendido, un regalado, por eso, ese sí consigue. En cambio yo, como trato de ser coherente con mis principios, para mí sí no alcanza."

Entonces el relato está hecho de tal manera, que uno se tiene que meter dentro del relato. No vamos a ser simples espectadores.

"El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos, y ganó otros cinco, y el otro también negoció, y el otro hizo un hoyo en la tierra, y escondió el dinero de su señor" ( véase San Mateo 25 , 16_18 ).

Entonces notemos: los que recibieron cinco y los que recibieron dos, tomaron el dinero como suyo. Y tomándolo como suyo, lo trabajaron, lo pusieron a trabajar. En cambio, el que recibió un talento, dijo: "Esto es lo de mi señor" ( véase San Mateo 25 , 25 ). No se apropió de su talento, no lo consideró suyo.

Esta diferencia es interesante, porque cuando llega el momento de las cuentas, fíjate cómo responden distinto. El que recibió cinco dice: "Cinco talentos me dejaste" ( véase San Mateo 25 , 20 ). El que recibió dos, ¿qué dijo? "Señor, dos talentos me dejaste" ( véase San Mateo 25 , 22 ).

¿Qué dice el que recibió un talento? En primer lugar, empieza por regañar a Dios, típico de la persona que siente que "para mí no alcanzó": "Todos los demás tienen dones, todos los demás tienen suerte, todos los demás tienen plata, yo soy el feo".

Entonces lo primero que hace es regañar a Dios. Y este es el regaño típico. ¿Qué imagen de Dios tiene la persona que siente que ha recibido poco? "Sabí que eres exigente, que siegas donde no siembras, y recoges donde no esparces" ( véase San Mateo 25 , 24 ). Esta es la imagen de Dios.

Si uno coge las parábolas, y empieza a leerlas en esta perspectiva; es decir, ¿qué tipo de sentimientos del corazón hace aparecer Cristo? Uno se lleva una sorpresa. Cristo hace unos retratos, unos perfiles psicológicos maravillosos. Pone en juego lo que uno siente realmente, cuando está pasando por estas situaciones.

Entonces lo primero que hace esta persona es regañar a Dios: "Tú sigues siendo el Señor, pero tú eres un Señor injusto, un Señor que me sobreexige; tú pides lo que no me has dado". Mientras tanto el Señor aguanta el regaño: "A ver, siervo, termine de vacearme, y seguimos hablando". Entonces este señor termina su vaceada: "Usted no hizo, es injusto", y ¿qué dice? "Aquí tienes lo tuyo" ( véase San Mateo 25 , 25 ).

¿Notas la diferencia de la respuesta? El que recibió cinco, y el que recibió dos, dicen: "Tú me dejaste talentos, tú me los diste" ( véase San Mateo 25 , 20 ; 22 ). Entra en la lógica del amor. La lógica del amor no conoce lo tuyo y lo mío, sino "tú me lo diste, y yo te doy". Fíjate, dice, por ejemplo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco" ( véase San Mateo 25 , 20 ). La lógica del amor con Dios es esa: "Tú me das, verdaderamente me das; y yo, verdaderamente te doy".

El que recibió un talento, que es el amargado del cuento, ¿qué hace? "Mira, aquí tienes lo tuyo" ( véase San Mateo 25 , 25 ) No llega a apropiarse, no siente que Dios le haya dado nada, y por consiguiente, "si esto no es mío, ¿yo para qué me voy a trabajar, si esto no es para mí? Si no es mío, si no es lo que a mí me interesa, si no es lo que yo quería, ¿yo por qué tengo que trabajar la plata de otro?" Por consiguiente, "enterré el dinero, y aquí tienes señor lo tuyo" ( véase San Mateo 25 , 25 ).

Responde el Señor a esos empleados: "¿Sabías que siego donde no siembro, y recojo donde no esparzo? Debías haber puesto mi dinero en el banco" ( véase San Mateo 25 , 26-27 ). "Si realmente era tan mío, por lo menos tenías un camino de cuidar lo mío. Hubieras podido poner mi dinero en el banco para que pudiera recoger los intereses". Entonces aquí aparece la psicología de la persona que siente que ha recibido poco, y que siente que Dios es muy exigente, y que siente que no vale la pena trabajarle a Dios, porque eso es lo de Dios, "eso no es lo mío".

Antes de hacer una aplicación de este texto a nuestra vida, hay que hacer una aclaración con el asunto de: "quitadle ese talento, y dádselo al que tiene diez" ( véase San Mateo 25 , 28 ).