Pres008a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20110120

Título:

Original en audio: 4 min. 20 seg.


El dos de febrero es una fecha que para muchos de nosotros tiene un significado peculiar. Muchos de los Dominicos de Colombia, por ejemplo, hicimos nuestra profesión, la que nos vincula a la Orden Dominicana y la que señala nuestro modo en la Iglesia, un dos de febrero. Así que les pido oración por todos los que miramos a esta fecha como una luz.

Se llama a esta fecha "Nuestra Señora de la Candelaria", por las candelas, por las luces. Y esas luces con las que saludamos a la Santísima Virgen María tiene que ver con la festividad de hoy, la fiesta de la "Presentación del Señor".

Según la Ley de Moisés, la mujer después de dar a luz quedaba en una situación de distancia con respecto al resto de la comunidad, se suponía que la mujer tenía que purificarse.

Este sentido de pureza es pureza ritual, es decir, lo que hay que hacer, el tiempo que hay que esperar, para poder integrarse plenamente en la vida de la comunidad, después de un acontecimiento tan traumático en cierto sentido, como es dar a luz, sobre todo en aquellos tiempos y circunstancias.

Así surge la necesidad de esperar cuarenta días para la purificación de la mamá, y para la presentación también del niño en el templo.

Sí, ya pasaron cuarenta días desde la Navidad, y por eso tenemos esta fiesta en esta fecha. Desde el veinticinco de diciembre hasta el dos de febrero contamos cuarenta días.

Esta festividad entonces nos está contando, por una parte, la alegría de la maternidad de María, ya no en la dimensión privada, como se puedo haber dado en el pesebre, sino en la plena integración con la comunidad.

Todavía más importante lo que nos recuerda el evangelio de hoy, tomado del capítulo segundo del evangelio según San Lucas.

Ahí encontramos cómo un hombre anciano, llamado Simeón, se regocija ante la llegada de Jesucristo y dice esas palabras que la Iglesia luego ha repetido en el cántico que se utiliza para la oración de Completas, la última oración de la noche: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz" San Lucas 2,29