Ao04006a

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Fecha:20110130

Título:

Original en audio: 4 min. 27 seg.


Todos los días nos alimenta nuestra Madre la Iglesia, pero para los domingos nos prepara siempre un gran banquete: banquete de la Palabra y banquete de la Eucaristía.

Nosotros los cristianos vivimos de Cristo, vivimos de su Palabra, que ha impregnado todas las áreas de nuestra vida; y vivimos de su Cuerpo y de su Sangre, prenda de nuestra redención definitiva, de nuestra resurrección también.

Hoy, por ejemplo, ¡qué banquete, qué maravillosa concordancia entre las tres lecturas! La primera, tomada del profeta Sofonías, con breves versículos de los capítulos dos y tres; la segunda, del Apóstol San Pablo, en el capítulo primero de la Primera Carta a los Corintios; la tercera lectura, el evangelio, es el gran documento del cristiano, lo que se ha llamado "La Carta Magna" de nuestra fe cristiana, las bienaventuranzas.

Estas bienaventuranzas son el comienzo de un discurso más amplio que llamamos "El Sermón de la Montaña". Pero en este momento quisiera yo que nos centráramos solamente en ese texo y, sobre todo, en el pórtico, en el saludo inicial: "Dichososos los pobres en le espíritu, -o pobres de espíritu-, porque de ellos es el Reino de los Cìelos" San Mateo 5,3.