Ao02003a
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Original en audio: 11 min. 42 seg.
Hermanos:
Algunas veces uno se asombra de miedo que le tenemos a Jesús, del miedo que le tenemos a la propuesta de Jesús, "¿qué me ira a quitar Jesús?"
Les voy a contar un secretos, un secrteto entre tanta gente. Resulta que por cosas de la vida he tenido que oír muchos testimonios de personas que aeguran haber recibido mensajes de Cristo, o de la Virgen, o de los Ángeles, que cuentan haber tenido apariciones, o visiones, o haber recibido mensajes.
Es algo que es difícil de discernir, no es fácil aclararse uno, pero casi siempre la sensación que a uno le queda es: "Esta es una persona buena, una persona piadosa, que expresa por medio de ese lenguajelo que tien en el corazón".
Es decir, no se trata propiamente de una aparición ni de un mensaje. Pero entre tanta gente que he oído, hace unos años conocí a una jovencita que me contó también su historia, y por todas las preguntas que pude hacerle, por el modo de vida,por la sinceridad y por lo que decían los mensajes, yo, yo pensé: "En este caso, hasta donde yo alcanzo a ver, sí se trata de una manifestación de la Virgen María".
Es de las pocas veces en mi vida en que yo me he sentido completamente convencido de la presencia de la Virgen en la vida de una persona, y de mensajes de la Virgen.
Bueno, esta niña llegó al convento donde yo vivía, porque ella quería como una dirección espiritual, como una orientación, precisamente por esas experiencias que había tenido.
Y nos pusimos a hablar, y por todas lasseñales que yo vi en la vida de esa persona, yo llegué a una conclusión, orando, pidiéndole la luz a Dios, llegé a una conclusión y se la dije, le dije: "Mira, yo saco en limpio que sí hay una presencia muy grande de la Virgen María en ti, y saco en limpio que yo creo que a ti Dios te quiere para religiosa".
No es que tengan que estar juntas esas dos cosas, no es que porque la Virgen esté muy cerca de una una niña, por ejemplo, ella tenga que ser religiosa; pero en ese caso yo sí sentí eso, lo vi muy claramente y se lo dije. La respuesta de esta joven fue: "Lo mismo me dijo el anterior director espiritual que yo tenía, y por eso lo dejé".
Y entonces entendí que ella había dejado la dirección espiritual con otro sacerdote mucho más sabio, de más años y de már expriencia y de mayor santidad, desde leugo, lo había dejado porque también ese padre le había hablado a ella de vida religiosa, y ella no quería ese mensaje, sentía miedo.
Ella sentía que si Cristo llegaba a la vida de ella, y le tocaba hacerse religiosa,era perder mucho, era perder demasiado.
No es que ser religioso sea la ínica manera de comprometerse con Dios,porque yo he conocido gente separada, gente soltera, gente viuda, que hace muchísimo por el Reino de Dios y que le da a uno un testimonio muy grande.
Simplemente le cuento esa historia por una razón: porque me llamó la atención el miedo que tenía esa niña, miedo a peder muchas cosas "si Dios me quiere para religiosa", y entonces fue cuando llegué a la conclusión de que a veces le tenemos miedo a la propuesta de Cristo.
No somos los primeros que sienten miedo ante la propuesta de Cristo. Una vez estaba Cristo hablando de la confianza en el poder de Dios, en el amor de Dios y en el desapego a las riquezas, y allá fue donde dijo que "es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja a que un rico, uno de esos apegados a las riquezas entre al Reino de los Cielos" San Mateo 19,24.
Y dice el evangelio: "Los Apóstoles se espantaron y dijeron: ¿Y entonces quién puede salvarse?" San Mateo 19,25.
Llega Cristo a nuestra vida y sentimos miedo, miedo de dejar nuestras malas costumbres, porque ya estamos precisamente acostumbrados a ellas. Las malas costumbres son como esas cobijas sucias, viejas, rotas, remedadas, pero que son las que más calientan cuando se trata de abrigarse.
Las malas costumbres son como esos zapatos viejos que dijo el poeta, sucios, torcidos feos, pero son los que calzan bien en el pie, y entonces uno se apega a los zapatos viejos y uno se apega a la cobija sucia, y nos cuesta trabajo separarnos de nuestra cobija sucia, y llega Cristo a nuestra vida y sentimos miedo.
Otras veces nos puede pasar lo que le sucedió a un joven, un joven rico al que se acercó Cristo, mejor dicho, el joven se acercó a Cristo, y el joven le preguntó a Cristo: "Qué tengo que hacer para tener vida eterna?" San Mateo 19,16. Crsito le dijo: "Cumple los mandamientos" San Mateo 19,17.
Y el joven le dijo: "Todo eso ya lo he hecho" San Mateo 19,20. Y Cristo le dijo: "Si quieres llegar hasta el final, ve, vende eso tienes, dáselo a los pobres, así tienes tesoro en el cielo, y luego ven conmigo" San Mateo 19,21.
Y el muchacho se quedó pensando, -como la niña de la historia mía-, el muchacho se quedó pensando, pensando, y arrugó la frente, y se fue triste. Y explica el evangelio: "Tenía muchas riquezas" San Mateo 19,22.