Cruz002a
Fecha: 20010503
Título: Allí donde me visitó el dolor, allí me visitó en amor
Original en audio: 09 min. 41 seg.
Ya hemos comentado en otras ocasiones sobre el origen de esta fiesta. En el calendario litúrgico anterior había dos fiestas de la cruz, la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz que se celebra el 14 de septiembre, fiesta que se sigue celebrando en la mayor parte del mundo Católico y otra fiesta más pequeña litúrgicamente, la del 3 de mayo, que era la celebración de el encuentro de la Santa Cruz en latín se dice 0:43____________.
Santa Helena, la mamá de Constantino, el emperador, buscaba las reliquias, los restos de la Cruz de Austero Señor Jesucristo y se cuenta que un tres de mayo encontró la cruz. Ese acontecimiento feliz, luego se perpetuó por medio de una celebración, celebración que como vemos, desapareció en el calendario actual.
La invención, el encuentro, invenire en latín es eso, encontrar lo que se estaba buscando. En Colombia la fiesta de la invención, del encuentro de la Santa Cruz adquirió mucha relevancia, mucha popularidad, de modo que cuando el nuevo calendario dejó una sola celebración de la cruz, entonces, aquí en Colombia se pasó la exaltación de la Santa Cruz para esta fecha.
Bueno, pero eso tuvo la consecuencia, como ya dijimos, que desapareció la fiesta de la invención, del encuentro de la cruz y hoy quisiera compartir con ustedes algunas palabras, algún pensamiento sobre lo que significa encontrar la cruz del Señor.
La leyenda dice que se encontró la cruz de Cristo por que un enfermo, una persona que estaba enferma, acostada sobre aquellos restos, revivió, adquirió salud.
Una cosa bonita pero casi supersticiosa, tiene cierto viso casi mágico.
Cómo puede uno encontrar la cruz, esa es una pregunta de pronto más profunda, cómo encontrar la cruz de la propia vida. Cristo nos dice que para ser discípulos suyos, tenemos que tomar nuestra cruz, pero para tomarla hay que encontrarla.
Encontrar el misterio de la cruz en nuestra vida, no es una cosa tan sencilla, no es tan obvia, por que la cruz no es simplemente lo que duele, lo que cuanta trabajo. Hay muchas codas que cuestan trabajo y que no son cruz. Una persona casada, una mujer dice que su cruz es que su esposo es un alcohólico que la golpea.
Creo que nosotros no estaríamos de acuerdo con esto.
A ese problema hay que tratarlo de otra manera. Los golpes, las tundas que le da el esposo no son algo como para simplemente recibirlo y decir: esto fue lo que me tocó como precio para ser verdadera cristiana. Encontrar la cruz, cuál es la cruz propia de cada uno.
Hay un padre en e nuestra comunidad que siempre que predica nuestra vida comunitaria, toma ese antiguo refrán por allá de la edad media: “vita communis maxima cruz”, vivir en comunidad, la máxima cruz. Aguantarse a los otros, qué más penitencia, que pensar en ayuno o esas cosas, NO, el sólo hecho de aguantarse toda esta gentem, esa es una terrible cruz; tampoco satisface esa idea.
Encontrar la cruz, encontrar cuál es la cruz de la propia vida, verdaderamente le da a uno lugar a muchas meditaciones y a mucho conocimiento de sí mismo, por que la cruz no es el simple dolor sino es el dolor fecundo, no es el sufrimiento sino es el sufrimiento que conduce a la redención.
No es tan fácil. Pero una cosa es encontrar la cruz de uno y otra cosa relacionada es encontrar el misterio de la cruz y enamorarse del misterio de la cruz.
San Pablo, por ejemplo era un enamorado del misterio de la cruz. A los corintios les dice: yo nada he querido saber entre vosotros sino a Cristo y ese crucificado.
Y comenta alguno de los padres de la Iglesia: Pablo que podría decir tantas cosas grandes sobre Cristo, sobre todo quiere saber de la cruz de Cristo.
Hay muchos santos que han sido enamorados del misterio de la cruz, por ejemplo Santo Tomás de Aquino.
Santo Tomás era hombre de pocas devociones, pero entre ellas tuvo una entrañable devoción a la cruz del Señor.
Como dato curioso, otra devoción que tuvo Santo Tomás de Aquino fue e Santa Inés Mártir. Bueno, Santo Tomás fue un devoto del misterio de la cruz. Cómo encontrar uno el misterio de la cruz, como predicar algo si uno no está enamorado de eso, pero, ¿cómo enamorarse de ese misterio de la cruz?
Hay varios caminos, hay varias oportunidades. Encontrar en Cristo Crucificado la verdad sobre nuestra propia vida, encontrar como dijo Pilato, sin saber lo que decía, que ahí está el hombre, reconocernos en el crucificado, esa es una manera hermosa de enamorarnos de la cruz.
Meditar en la pasión de Cristo, especialmente en los torrentes de caridad, de misericordia, de mansedumbre que manifestó Cristo cuando estaba crucificado, hace que sintamos el abrazo amoroso de Dios en la cruz y nos ayuda a enamorarnos de ese misterio.
Otro camino es mirar a la propia vida Suele suceder que las épocas en las que tenemos más dificultades, en las que tenemos más problemas, más tensiones, son también las épocas más fecundas, son la épocas en las que realmente maduramos.
Revisando nuestro pasado podemos decir: Allí donde me visitó el dolor, allí me visitó en amor y ese es un camino para encariñarse, para enamorarse de la cruz del Señor.
Desde luego, la meditación de la Palabra de Dios nos conduce también a valorar el misterio de la cruz, sobre todo con aquellos pensamientos que el mismo Cristo dice en el Evangelio.
Ahora va a ser juzgado el príncipe de este mundo. El lugar de la perfecta victoria de Jesús es la cruz y en fin, hay otros pensamientos.
Pero por ahora que nos quede eso: encontrar la cruz, encontrar la propia cruz y enamorarnos del misterio de la cruz, cosa que será lo mejor que podamos hacer, por que sabemos que tarde o temprano, por vejez, por enfermedad, por incomprensión, por tentación; todos nosotros experimentaremos algo muy cercano a lo que vivió Cristo y si en ese momento estamos enamorados de la cruz, llevamos una gran ventaja en el camino a la obediencia, ala voluntad de Dios y a la plenitud de nuestra vida bautismal.