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Fecha: 20091203
Título:
Original en audio: 15 min. 52 seg.
Bueno, mis hermanos, la palabra fundamental, la palabra central el día de hoy es: firmeza.
La primera lectura nos habla de una construcción firme: "Tenemos una ciudad fuerte; ha puesto para salvarla murallas y baluartes" Isaías 26,1. Una ciudad bien construida, firme.
Y el Señor Jesucristo en el evangelio nos habla también de un contraste entre aquellas personas que son como una casa firme, edificada sobre la roca; y otras personas, en cambio, que son como una casa mal hecha, una casa que pronto se agrietará y caerá, y esa casa está edificada sobre arena.
Así que la palabra para hoy es la palabra firmeza. Y como estamos en el tiempo de Adviento, el mensaje que nos quiere transmitir la Iglesia es que si asumimos, si tomamos en serio a Jesucristo, si tomamos en serio sus promesas, sus palabras, sus mandamientos y, sobre todo, si tomamos en serio el amor que ha tenido por nosotros, entonces, mis hermanos, experimentaremos la firmeza de la casa que fue edificada sobre la roca.
Es un lenguaje muy sencillo pero es muy profundo y es muy necesario. En Cristo, solamente en Cristo hay esa firmeza, solamente en Cristo está la firmeza que a veces necesitamos o que echamos de menos.
¿Qué es lo contrario de la firmeza? La debilidad, la fragilidad, la precariedad, todo eso es contrario a la firmeza. Y resulta que estas otras palabras, las que son contrarias a la firmeza, son las palabras que lamentablemente caracterizan muchas de las realidades, instituciones e inclusopersonas que conocemos.
Baste mencionar el caso del matrimonio. Los matrimonios que conocemos hoy más parecen casa sobre arena que casa sobre roca, son uniones temporales. Muchos matrimonios antes de casarse lo primero que hacen es firmar capitulaciones para que quede de una vez listo el divorcio, que se sepa de una vez que va a ser lo tuyo y que va a ser lo mío y que no haya problemas de plata.
Lo cual significa que las personas entran a la institución del matrimonio ya con la idea de que "esto es mu frágile, esto se puede caer en cualquier momento, esto no tiene firmeza". Ahí se ve que este mensaje del día de hoy es tremendamente importante para nuestra vida.
Porque si miramos esos mismos matrimonios, podemos hacer esta pregunta: ¿qué lugar ocupa el Señor Jesús en la vida de ese novio o de esa novia que se están casando? Y nos nos digamos mentiras, en muchos casos la respuesta es más bien desoladora: Cristo no ocupa mayor importancia, no tiene mayor lugar en esa institución, ese hogar que se está formando.
No es extraño entonces que saltando la roca que es Cristo, lo único que queda es la arena, y la arena se la lleva el viento, el viento de la pasión, el viento del desánimo, el viento de las tentaciones. Cuando no está Cristo en la vida, cualquier viento nos lleva a cualquier parte, así lo enseña, entre otros, el Apóstol San Pablo, en el capítulo cuarto de su Carta a los Efesios.
Ahí nos dice San Pablo que él quiere que nosotros ya no seamos niños, llevados al retortero por cualquier viento de doctrina, que el viento no nos mueva; el viento puede mover el polvo de la calle, pero el viento no va a mover la roca firme del cimiento. Si nuestra vida está edificada únicamente sobre arena, cualquier ventarrón de dificultad o de tentación va a acabar con nosotros.
No es solamente el matrimonio el que se encuentra a veces agrietado. En la vida religiosa sucede lo mismo. Sucede que hay personas que ingresan a la vida religiosa y duran unos años y después dicen: "No, ya no tengo vocación, se acabó, me salgo, me voy".
Hay sacerdotes, tenenemos casos dolorosos, conozco más de uno, sacerdotes que después de un tiempo les llega un viento de tentación, les llega una crisis, una dificultad y caen estrepitosamente. De aquí tenemos que aprender algo: no son las cosas exteriores, porque uno puede llevar un hábito, y uno puede haber celebrado la Santa Misa, pero eso no será suficiente.
Tiene que ser tu corazón el que se haya puesto en Jesucristo; hay que entrar en la intimidad del corazón y decirle aJesús: "Pongo mi vida en ti". No es el esplendor de una boda, no es el esplendor de una ordenación sacerdotal; el problema está en el corazón. ¿Dónde está tu corazón?
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