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Fecha: 20090915
Título: La perfeccion de la vida cristiana no esta en huir del dolor, sino en hacer fecundo el dolor
Original en audio: 10 min. 27 seg.
En la escena del templo, como acabamos de escucharlo en el evangelio, Simeón bendice y a la vez anuncia dolor. Creo que eso no corresponde con lo que uno suele entender de una bendición.
Uno suele entender que recibir una bendición es recibir solo el anuncio o la declaración de cosas buenas, pero resulta que aquí Simeón está bendiciendo y está anunciando dolor, y no cualquier clase de dolor, sino aquello que luego se realizaría en el Calvario: “Una espada te atravesará el alma, una espada te atravesará el corazón” San Lucas 2,35.
¿Cómo puede ser eso una bendición? Bueno, sí es una bendición para nosotros por lo mismo que dijo Simeón, porque a través del ministerio de Cristo y especialmente a través de su Cruz, la verdad del corazón humano aparece.
Dice Simeón: “Así quedará clara la actitud de muchos corazones” San Lucas 2,35, es decir, que lo que es bendición no es el dolor sino la fecundidad que trae el dolor, es el dolor fecundo. "Una espada te atravesará el corazón" San Lucas 2,35, es un gran dolor, pero no es un dolor perdido, y en la medida en que no es perdido sino fecundo, ese dolor es la verdadera fecundidad de María.
En la cruz María alcanza la plenitud de su fecundidad; en la Cruz su maternidad se dilata sin fronteras hasta arropar a la humanidad entera; en la Cruz su corazón se convierte en el recinto donde todos cabemos; en la Cruz ese corazón queda cocido por un mismo dolor y por un mismo amor al corazón de Dios; en la Cruz la gracia que le fue anunciada en la Anunciación alcanza la perfección, alcanza el fruto más precioso.
Este misterio de dolor y de amor, de muerte y resurrección, ser traspasado y ser fecundo, este misterio se da en María, pero también tiene que darse en cada uno de nosotros. Nuestros corazones también tienen que ser traspasados por la espada; en primer lugar, por esa espada que es la palabra de Dios, de la cual dice la Carta a los Hebreos que es afilada, y que llega hasta lo más profundo.
También nuestros corazones tienen que ser atravesados por esa espada, pero además de esa operación quirúrgica, que podemos considerar una operación espiritual, también nuestro corazón tiene que pasar por otros dolores para poder ser fecundos.
En el fondo, el mensaje, yo diría el mensaje intimo, el mensaje más profundo de la fiesta de hoy es ese, que no hay fecundidad sin dolor, y que la perfección de la vida cristiana no está en huir del dolor, sino en hacer fecundo el dolor.
xxxxHuir del dolor sería darle la espalda al Evangelio según aquello que dijo Cristo, el que trata de guardar su vida la perderá, en cambio, hacer fecundo el dolor corresponde a la segunda parte del dicho de nuestro Señor, en cambio “el que pierda su vida por mí la encontrará”, (San Mateo 16, 25) es decir, que el dolor se vuelve fecundo cuando es un dolor entregado, no se vuelve fecundo por sí mismo, el dolor se vuelve fecundo a través del acto libre por el cual uno entrega ese dolor.
“El que pierda su vida por mi” en esa parte de “por mi” está la intencionalidad y por eso si el mensaje de esta fiesta es que el dolor tiene que ser fecundo y que la verdadera fecundidad incluye dolor, entonces esta fiesta nos está invitando a tener un corazón sacerdotal que ofrece la propia vida como hostia limpia, pura, inmaculada.
Nuestro sacerdocio, el sacerdocio común, el sacerdocio que hemos recibido en nuestro bautismo consiste precisamente en eso, consiste en tomar todos y cada uno de los dolores que visitan nuestra vida y hacer de esos dolores nuestra ofrenda a los pies de Cristo, en Cristo y por Cristo para la gloria del Padre, es decir, que María en esta fiesta aparece como el camino del bautismo, el camino de todos los bautizados.
Ella, a través de ese perder su vida en Cristo y por Cristo, nos está mostrando el camino de la vida cristiana, se trata de eso, se trata de tomar cada dolor que nos visita y presentarlo, ofrecerlo.
Observemos que esto también significa otra cosa, el dolor no se ofrece solo, al dolor toca ofrecerlo, pero precisamente porque podemos ofrecerlo esta fiesta también nos da otro mensaje y es que el dolor nunca te suprime la libertad aun en lo peor del dolor queda un espacio suficiente para ser sacerdotes del dolor, para ser sacerdotes del sufrimiento y en ese espacio es donde nosotros ejercemos la libertad y en ese espacio es donde le damos un sentido a ese dolor.
El dolor no tiene un sentido en si mismo, pero tampoco tiene un poder ilimitado, el dolor nos invade de una manera abusiva, horrorosa arrogante, pero no tiene todo el poder, no puede llenar todo lo que somos, tiene que detenerse a un cierto punto y deja siempre un margen y en ese margen de libertad es donde nuestra voluntad puede decir “yo puedo tomar todo esto que ha llegado a mi vida y todo esto lo entrego” y en ese momento, esa ofrenda adquiere un valor, en cierto modo infinito, porque queda cocida, queda amarrada al dolor de nuestro Señor Jesucristo.
Un sacerdote dominico que predicó esta enseñanza con una gran elocuencia, y creo que con una gran claridad teológica, fue el padre enrique Higuera, para aquellos que tuvieron ocasión que no se si los haya aquí que tuvieron oportunidad de participar en el primer congreso dominicano que se hizo cuando la inauguración del convento de Santo Domingo, el padre Higuera hizo una ponencia que se llama “las dos Hostias” y es exactamente refiriéndose esto que estoy compartiendo, existe esa hostia bendita esa victima celestial que es Jesucristo y existe esa otra hostia que tiene que unirse a la de Cristo como lo hizo María y esa otra hostia no se ofrece sola, esa otra hostia esa otra victima la tienes que ofrecer tu.
El dolor tendrá mucho poder pero no tiene todo el poder, siempre te dejará espacio para que tu ejerzas tu sacerdocio bautismal para que tomes ese dolor y a ejemplo de María lo unas al de Cristo para ser perfecta la ofrenda.
Pidámosle al Señor al terminar esta reflexión, que regale la luz del Espíritu Santo a aquellos que se sienten abrumados por la pena, a aquellos que se sienten agotados mas allá de toda medida, a aquellos que se sienten tentados por encima de sus fuerzas, a aquellos que se sienten abandonados de todo consuelo del cielo y de la tierra, a todos aquellos que solo ven un abismo oscuro y frio a sus pies, a todos aquellos que contemplan con horror al abandono.
Pidamos al Señor por la intercesión de la Santísima Virgen, nuestra Señora de los Dolores, que un rayo de luz y de amor llegue a esas vidas, por dos razones: en primer lugar, para que encuentren el consuelo de la presencia divina en medio de la noche y en segundo lugar, para que ese tesoro, porque el dolor es un tesoro no se pierda, para que ese tesoro no se pierda sino que bañado en la sangre de Cristo sea un deposito de gracias para toda la Iglesia y para el mundo entero.