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Fecha: 20000915

Título: “Mujer, ahi tienes a tu hijo”

Original en audio: 30 min. 41seg.


Queridos Hermanos:

Hay como tres temas tan diversos en las lecturas de hoy, en la celebración de hoy, que yo realmente no sé bien qué hacer. A mí lo que me parece como más justo, es tratar de responder un poco a estos tres diversos temas.

Y luego, si el Espíritu nos ilumina, pues iremos viendo cómo se tejen, porque mire, la Primera Lectura, nos presentó a San Pablo, en su Carta a los Corintios, hablando de la lucha en este mundo, sostenida por una esperanza; es dura la carrera, pero hay una esperanza. Y Pablo nos invita a hacer nuestra presentación, nuestro momento; vivir nuestro momento, bien vivido.

Es la misma idea que, en otra clave, recoge el salmo “Que deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos” Salmo 83,2.

El anhelo de la Casa de Dios, el anhelo del abrazo de Dios, el anhelo del cielo, el hambre del cielo, tiene un poder muy grande, que no lo tiene ninguna otra cosa; y eso está claro, sobre todo por los mártires; realmente, los mártires son los grandes testigos del poder que tiene este amor del cielo; ese es un tema.

Luego, en el evangelio aparece, pues, una corrección distinta; Jesús nos invita, en primer lugar, a mirarnos a nosotros mismos, porque sólo cuando veamos qué es lo que no nos deja ver, podremos ayudar a ver a otro; óigame ese trabalenguas: cuando veamos, cuando nos demos cuenta qué es lo que no nos deja ver, entonces podremos ayudar a ver a otro; si no, probablemente seremos ciegos que guían a otros ciegos.

Hay que quitarse la viga del ojo, darse cuenta de qué es lo que a mí me impide ver; Pero ¿cómo puedo yo darme cuenta de lo que me impide ver? Es como una pregunta que en este momento dejamos abierta; es como el tema del evangelio.

Y por otra parte, está la celebración de hoy; hoy es 15 de septiembre, Nuestra Señora, la Virgen María la recordamos hoy especialmente en sus dolores, y esta es una celebración que también tiene su gran importancia, que tiene su gran resonancia, no por el dolor, sino por el amor.

Hay gente que en todo amor encuentra un dolor; el cristiano es el que en todo dolor sabe encontrar un amor; esa es como la bendición propia de esta fiesta; ayudarnos a encontrar en todo dolor un amor; mientras, que la gente amargada en todo amor encuentra un dolor; y esos son los cantos del despeche.

Aquí nosotros como cristianos en todo dolor encontramos una huella de amor, y en estos dolores tan terribles de la Santísima Virgen, lo que nosotros vemos es la realización de un amor fantástico, de un amor inmenso en Ella.

Esos son, mis hermanos, como los tres temas diversos que nosotros encontramos durante este día. Digamos, primero una palabra sobre esta celebración de la Virgen.

A veces piensa uno que hay como demasiadas fiestas de la Virgen, hay demasiadas celebraciones marianas; porque está la Concepción, está el Nacimiento, está la Presentación, están las advocaciones, que si es Lourdes, que si es Fátima, que si es el Carmen; está la Asunción, está esta fiesta de los Dolores, María Reina; a veces uno piensa si no será que hay demasiadas fiestas de la Santísima Virgen.

Lo que sucede, y esto nos lo explica muy bien el Concilio Vaticano, es que la Iglesia cuando mira a María, mira su propio camino; es que sólo hay una persona que resume como perfectamente el camino de la Iglesia entera, y esa persona se llama María, la Virgen.

Por eso, no miremos estas fiestas como darle más incienso, y como darle más honores, y como quedarnos solamente mirando a esta Mujer, una y otra vez; lo que a nosotros nos interesa en Ella es cómo esa bendición de Dios, cómo esa gracia de Dios constituye a María en modelo para toda la Iglesia.

Y, en este sentido, cuando nosotros celebramos a María, estamos reconociendo lo que la Iglesia es; la fortaleza de la Iglesia, las tribulaciones de la Iglesia, la esperanza de la Iglesia; hoy por ejemplo, celebrando este misterio del amor que brilla en los dolores de la Virgen, estamos celebrando un aspecto de la Iglesia que sufre, y en medio del sufrimiento da a luz una humanidad nueva.

Eso estamos descubriendo hoy, eso estamos mirando hoy; entonces no es como centrarnos una y otra vez, como si por ejemplo aquí los colombianos nos quedáramos dándole vueltas a la figura de Bolívar, y Bolívar para arriba, y Bolívar para abajo, y lo que Bolívar dijo, lo que Bolívar hizo, cuando Bolívar se enfermó, cuando se alentó.

Lo que a nosotros nos interesa no es quedarnos en esa persona, si no que en Ella encontramos el modelo de la Iglesia; eso es lo primero que hay que decir sobre esta fiesta.

En segundo lugar, ya concretándonos a lo que nos propone la Iglesia en este día, el evangelio nos presenta a la Santísima Virgen de pie, junto a su Hijo Crucificado. Se trata de la ofrenda de amor más grande, y se trata del mayor grado de unión con Cristo que nosotros conocemos; y esas dos cosas, la unión con cristo y la ofrenda de amor, son el corazón de nuestra vida cristiana.

Por eso nuestra Señora de los Dolores, o los Dolores de Nuestra Señora, de alguna manera son la expresión de la vida cristiana misma.

No, repito, por estarle dando vueltas al dolor y al dolor, sino por pensar que ese acto de ofrecimiento de su propio Hijo, con las tribulaciones que eso representa, y ese acto de fe puesta en las manos de Dios, y esas virtudes, eso que expresa, que realiza la Virgen allí junto a la Cruz, esa es la vida cristiana; ofrecer y amar, esa es la vida cristiana.

Y eso es lo que miramos ahí en la Virgen Santísima. De manera que esta fiesta como que nos lanza hacia el centro de la experiencia cristiana, hacia el centro de lo que significa amar, estar unido a Cristo.

No es el sufrimiento en seco, no es el sufrimiento absurdo, no es el sufrimiento enloquecedor; es el sufrimiento junto al sufrimiento de Cristo, es el amor junto al amor de Cristo; de manera que ahí encontramos el centro de la experiencia cristiana.

Y en tercer lugar, no debemos olvidar que en medio de estos dolores de la Virgen, hay una palabra de Jesucristo, hay una palabra que Cristo, le dice a María: “Ahí tienes a tu hijo” San Juan 19,26, es el momento del dolor, es el momento del amor, y es el momento del comienzo de una relación nueva de María con ese discípulo.

Y nosotros sabemos que no fue un hecho accidental; porque luego los Hechos de los Apóstoles nos presentan a María junto con los apóstoles, reunida en oración; es decir, eso que nunca se había dado en los Evangelios, empieza a darse ahí, es el despertar, es el comienzo de una experiencia nueva que se llama La maternidad espiritual.

Esta fiesta es la fiesta de la Maternidad Espiritual, la fiesta de la Maternidad que Ella, la Virgen de los Dolores, tiene con cada uno de nosotros; si algo necesita nuestro mundo es precisamente esa mirada llena de comprensión, llena de amor, llena de paz.

La mirada que puede tener la persona que ha sufrido. Cómo es de importante el sufrimiento para poder acoger a las otras personas; yo creo, que cuando uno ha sufrido, puede acoger a la otra persona.

Por eso, seguramente, muchas veces la gente no se siente acogida por uno, o no siente credibilidad en uno; tal vez, porque dice: “No, ¡usted qué va a ver sufrido!” "¡Usted no ha sufrido nada!", y de pronto, razón tienen; yo no me aparto de eso, además, yo siempre me considero indigno de la predicación.

Pero sí pienso que con mis palabras le puedo dirigir a usted hacia la persona que sí ha sufrido, y que seguramente tiene brazos para recogerlo a usted, para recibirlo a usted, para amarlo a usted; esta es la grandeza de este día, es el día de la Maternidad Espiritual.

Si uno lograra eso, si uno pudiera descubrir lo que eso significa, que hay una persona que conoce de dolor, como dice uno de los cantos relativos a este día, “tú conoces nuestras penas”; es una persona que sabe de dolor, que sabe de privación, que sabe de sufrimiento; es una persona que puede recibir mi situación, que puede recibir mi caso, que puede entender lo que a mí me sucede.

Y precisamente allí donde el sufrimiento de la Virgen se hace profundísimo, se convierte como en un abismo sin fondo; allí se le da al discípulo; ahí hay algo muy profundo; sólo cuando llega ese momento, el momento en el que su sufrimiento es como sin fondo, en ese mismo momento se le da al discípulo.

Evidentemente, hay una relación entre los dos hechos; por eso esto es lo tercero que quería compartir sobre esta fiesta, esta es la fiesta de la Maternidad Espiritual de María.

Cuando celebramos la Inmaculada Concepción, o la Presentación de la Virgen; cuando celebramos la Navidad, o a María como Madre de Dios, ahí propiamente no se puede hablar de una maternidad de María con nosotros, pues dio a luz a Jesús, es la madre de Jesús.

¿Pero en qué momento puedo yo empezar a decir, es Madre de nosotros los discípulos? En la fiesta de hoy, en esta fiesta sí puedo decir, “es nuestra Mamá”, '“es nuestra Madre”

Una vez me decía una religiosa: “Difícil predicar a Dios como Padre en este país donde la gente no tiene papá, y el que tiene, no se sabe si es el papá”; “Difícil predicar la Maternidad, cuando tantas personas tienen experiencias desastrosas en sus hogares, o han tenido experiencias desastrosas con sus madres”.

Pues mire que se le puede dar la vuelta a ese argumento; tal vez la persona que no ha tenido papá en esta tierra, es la persona que puede descubrir lo que significa tener Papá en el cielo.

Sólo cuando Francisco de Asís perdió a su papá de la tierra, se distanció, rompió con él, no cuando se le murió, rompió con él, descubrió con plenitud lo que significa tener Papá en el cielo, y muchas veces es el descubrimiento de Dios Padre, es el descubrimiento de un camino para sanar las relaciones con el propio papá.

Así lo mismo, creo yo aquí. El ideal sería que todos tuviéramos una madre fantástica, una mamá maravillosa, cariñosa, ecuánime; que nunca le dio gripa, que jamás tosía; una madre inmaculada, una madre perfecta; ¡ojalá hubiéramos tenido todos semejante mamá!

Tal vez no hemos tenido ese género de mamá. Fue la mamá enfermiza, o fue la mamá regañona, o fue la mamá que no nos instruyó en algunas cosas, o fue la mamá que no fue amiga, o fue la mamá que estaba tan pendiente tratando de ser esposa, que no tuvo tiempo para ser mamá.

Alguien podría decir: “¡No, pero con ese desastre de mamá que le tocó a ese pobre hombre, ¿usted qué va hablar aquí?" ¿Cómo va a descubrir a esa persona a María como Madre?

Pero es que de pronto el camino que Dios tiene para esa persona es al revés; no es que la mamá de esta tierra le ayude a descubrir a la Mamá del cielo, sino que la Mamá del cielo le ayude a sanar la relación con la mamá de la tierra; y esos casos también se dan.

Entonces, en esta fiesta de la Maternidad Espiritual, pidamos con la intercesión de la Virgen, que puedan sanarse muchas relaciones que nosotros hemos tenido, que tuvimos, que tenemos con nuestras respectivas mamás; ¡Es una oportunidad bonita!

Bueno, ¿y qué hacemos con las otras lecturas que mencionamos? ¿Qué hacemos con esa lectura, por ejemplo, que nos presentó aquí el Apóstol San Pablo? Pues lo más sencillo sería, no hagamos nada.

Pasemos al pan y al vino, pero, qué tal que nosotros sin forzar los textos, pensemos que María estaba ahí, de pie, precisamente porque estaba realizando su obra, porque estaba, como dice San Pablo, “completando su carrera” 2 Timoteo 4,7.

Qué tal que nosotros pensemos que fue precisamente esa esperanza, esa fuerza de la esperanza, lo que sostuvo a María; es tan importante ese verbo que utiliza el evangelista Juan, es el que nos habla de María junto a la cruz.

No dice simplemente, estaba, como si estuviera desmayada, dormida, agotada; el verbo que utiliza es:“De pie”, “Estaba de pie” San Juan 19,25; en latín se dice con el verbo stabat, de pie, frente al dolor más atroz; de pie, ¿qué sostiene a esta Mujer?

Evidentemente, la realidad futura, ¡eso que está por venir! ¡Qué potencia la que tiene la esperanza! Por eso los psicólogos, a los que no hay que creerles todo, pero se les puede creer muchas cosas, dicen que uno de los síntomas más graves de enfermedad mental, es que la persona tiene incapacidad para hablar del futuro, incapacidad para referir nada al futuro. ¡Eso es gravísimo, la persona perdió horizonte de futuro!

Pues realmente está como muerta en vida, no habla ni del ataúd; está grave; la persona es un caso realmente grave, podemos decir; entonces ¡hay una fuerza que proviene de esa esperanza! Y por eso, dándole como un giro distinto a nuestras palabras y a la lectura de Pablo, podemos mirar también en esta fiesta, y en este día,¡la importancia del deseo del cielo!

No olvidemos que en esta misma Carta a los Corintios, San Pablo, dice estas palabras: “Si nuestra esperanza en Cristo termina en esta tierra, somos los más desgraciados de todos los hombres” 1 Corintios 15,19.

Y yo creo que tiene toda la razón. El cristianismo tiene tantos episodios en los que uno resulta perdiendo, que si uno no tuviera la certeza que tiene de cómo se gana, uno no le apostaría a esto.

Un cristianismo sin una referencia a esas moradas que decíamos en el salmo, es un cristianismo que nos hace derrumbarnos ante la cruz; pero María permanece firme ante la cruz; prueba de que hay en ella un amor, hay una esperanza, hay una luz, hay una fuerza, hay un algo que está más allá.

Y si la esperanza, si nuestra fe en Cristo, es sólo para esta tierra, “somos los más desgraciados de todos los hombres” 1 Corintios 15,19, y tiene toda la razón.

Tome usted el evangelio y quítele el cielo, y encuentra una cosa completamente absurda: “Ame a los enemigos” San Lucas 6,27, ¿por qué? Más bien, desquítese, dele por la mula, duro; donde le duela; ¿para qué ame al enemigo? ¿Para qué voy amar al enemigo? ¿Para qué perdonar al que me injuria? ¿Para qué hacer el bien, sin mirar a quién? ¿Para qué todas esas cosas?

Es evidente que si lo único que existe es esta tierra, si lo único que existe es esta vida pues, ahí, toca es: “Recoja, mijo, y lleve para allá lo que se pueda; y mejor disfrutar aquí, comamos y bebamos, mañana moriremos”

Y esa conclusión la saca San Pablo precisamente hablando sobre la resurrección y hablando sobre la esperanza y hablando sobre el deseo del cielo; es muy peligroso que un cristiano se quede sin deseo del cielo.

Aquí se difundió, un poco en Latinoamérica, una predicación que era como de un cristianismo sólo para esta tierra, ¿no? Me estoy refiriendo, sobre todo a la Teología de la Liberación.

En su mayor parte la idea era: “Mire el cristianismo es la manera de construir solidaridad, el cristianismo es el camino para construir unidad, el cristianismo es la manera para llegar al verdadero cooperativismo, el cristianismo es la clave para las pequeñas y medianas empresas; mejor dicho, el cristianismo es la maravilla.

Pero resulta, que ese cristianismo tan maravilloso y ese cristianismo y esa solidaridad, ¿qué hace cuando en medio de ese grupo donde “somos todos unidos” sucede una traición? ¿Qué puede ese cristianismo que pregona la gran solidaridad, cuando me ofenden, cuando hablan mal de mí?

¿Qué queda de tu cristianismo cuando la gente murmura a tus espaldas? ¿Qué queda de tu cristianismo cuando no puedes confiar en el que dice que es hermano?

¿Qué queda del cristianismo cuando se falsean incluso las cosas de Dios, y cuando detrás de esas pantallas suceden traiciones? Y yo no me refiero aquí a los problemas de la globalización, ni me refiero a los problemas de la macroeconomía; me estoy refiriendo a esa traición pequeña, a esa incapacidad de entendernos, ¿qué hacemos ahí? Y resulta que ahí es donde se le acaba a uno la gasolina.

Si hacer propuestas y decir que el cristianismo es una maravilla, y los valores cristianos son maravillosos, son espectaculares; los valores cristianos son: “¡Mira, vamos a trabajar juntos, hombro a hombro, vamos a sacar esto adelante; todo será mejor!”

Pero es que para decir eso, primer problema, no se necesita ser cristiano; así hablaban también los de la Internacional Socialista; así hablaban también los filósofos ateos del círculo de Viena; así han hablado todos los que quieren hacer algo.

"Bueno, listos, hombro a hombro, vamos a sacar este colegio adelante"; "listos, hombro a hombro, vamos a sacar esta vereda, el barrio, el mundo"; "vamos a trabajar, nos vamos a unir entre todos"; "todos juntos, ya"; "vamos a trabajar juntos y vamos a sacar todo adelante"; eso como para un día y para tomarse la foto, está bien.

Pero luego resulta que esa misma gente, la gente del abrazo es la gente que mete la puñalada trapera; es la gente que dice mentiras, es la gente que murmura, es la gente que hace las cosas al revés, ¿y qué queda de todo tu cristianismo? Si tu cristianismo era solamente del “todos juntos, ya yo me aprendí el paso, este pasito"; si tu cristianismo es el de “todos juntos ya”, ¿qué queda de ti cuando la gente empieza a traicionar?

Ahí es donde se acaban los grupos de oración, ahí es donde la gente reniega, ahí, es donde la gente dice: “Mejor yo me devuelvo a mi alcantarilla, que por lo menos, sé a ¿qué huele, punto, se acabó este problema.

Pues, mis hermanos es ahí donde empieza el mensaje de la cruz, es ahí donde empieza la potencia del amor; es que ¿qué es lo que encontramos en Cristo? La historia de una persona que le sucedió, exactamente, eso

Mire, cuando estaban en la Última Cena, decía Cristo, uno se puede imaginar con qué tono tan patético, decía Cristo: “Uno de ustedes me va a entregar” San Juan 13,21, ese era el dolor de Cristo, ¿y los discípulos en ¿qué estaban? Estaban en el todos juntos, ya; "no, Cómo así, cómo así, estamos es en lo fino, estamos es en lo bueno"; "-que no, mira, supongamos, supongamos que vinieran aquí, que atraparte; yo me hago matar"; todos salieron corriendo como gallinas, salieron corriendo como cobardes.

Pero lo maravilloso del cristianismo, no es que la gente diga sí sí, vamos hacerlo; eso se llama pelagianismo, eso se llama ilusión, y eso sirve para todo, para vender champú, para hacer una revolución social, para crear un partido político, para ganar unas elecciones como republicano, o como demócrata. Todo el mundo, todo el que quiere ganar algo de la gente; tiene que decir: “Todos juntos, ya”, "bueno, listos, unámonos todos".

Hoy leía en las noticias, porque hoy volví a leer noticias después de salir del monte, hoy leía en la noticias, cómo le ofrecieron no sé cuantos cientos de millones de dólares un conglomerado de grupos pro-abortos.

Ustedes saben que el problema del aborto es tremendo en Estados Unidos, en las discusiones políticas los que son partidarios, supremamente partidarios, los que son adversarios, son supremamente adversarios; entonces los grupos pro-aborto le tenían a este señor Gore, que yo no sé cómo se pronuncia, a eso señor Gore le tenían ofrecido yo no sé cuántos cientos de millones de dólares.

"Mire, aquí le tenemos este chequecito; esto se llama proabortion cloc; entonces, no sé, usted que piense de eso; pero, ahí está el cheque, por si acaso le puede servir, ahí le queda su cheque".

Todo político sabe que en hora de elecciones hay que ser amigo de todos: "Estoy con ustedes y con ustedes, y con los de más allá"; está con todo el mundo. Ese es el momento de, “todos juntos, ya”.

Pero eso es mentira; el cristianismo no es “todos juntos, ya”; el cristianismo pasa precisamente por la dureza de la carrera, por la dureza de la cruz, por la dureza de la traición.

Cristiano no es el que emprende algo bueno; cristiano es el que sabe dar una respuesta frente al mal, y la respuesta frente al mal, el único que la ha dado se llama Jesucristo.

Jesucristo después de su muerte, después de su resurrección, se presenta donde los Apóstoles, esa es la parte más importante, ¿y a qué se presenta Cristo? A decirles: “¿Con que “todos juntos, ya? No, bonita la amistad de ustedes, bonita la gracia; voy a recomendarlos como amigos".

Cristo no se presento a eso; se presentó a llevarles la paz, se presentó a darles amor, se presentó a consolidarlos y a invitarlos a la plegaria para que recibieran fuerza del Espíritu; un amor de ese tamaño es lo único que sirve en la vida; lo único.

Lo demás no sirve; el ser humano decepciona demasiado, el ser humano traiciona demasiado, y usted puede tener todos los amigos que quiera: "Y yo soy su amigo, su amigo”, pero, como decía el refrán: “Hay muy pocas amistades tan sólidas que no las pueda dividir un cabello de mujer”.

Tan fácil como eso, tan fácil como un cheque, tan fácil como una amistad, tan fácil como la ocasión de una traición, tan fácil como eso.

Por eso, mis hermanos, yo creo que la relación entre la fiesta de hoy y la lectura de San Pablo, no es arbitraria; verdaderamente la vida es dura, y el que no tenga una esperanza más allá de esta vida, el que esté esperando a que llegue el equipo soñado, el momento feliz, y el que todos… no es tan bonito.

Uno lee los discursos, por ejemplo, ese señor Martin Luther King, ¿no? El del sueño, "tengo un sueño"; ¡qué hermoso! Mire eso, para un momento, para aplaudir y para sentir; eso es bonito, pero eso para que produzca vida en la gente, eso no es suficiente.

Le creo mucho más a este Señor crucificado, a este Señor que ya lo traicionaron, a este Señor que ya la historia se le volvió al revés; ya lo ofendieron, lo odiaron, y ese Señor muestra que tiene un amor que es más grande que todo eso; ese me interesa más, me interesa mucho más eso.

Y creo que hoy, por hoy, uno tiene que lanzarse al mundo; es equipado con ese tipo de amor; el que salga al mundo equipado con el amor de, “todos juntos, ya”, de una vez, prepárese para recibir garrote, decepciones, puñaladas.

Y, luego los ve uno regresar; regresan todos tristes, deprimidos: "¡Ah! Es que la gente, si", "¡Ah!, es que la gente, como usted no es gente; no, usted no hace nada", "¡Ah!, es que la gente si", toda la gente..." Tal vez era esa como la relación con la lectura del evangelio: la cruz nos da la sabiduría para dejar de estar exigiéndole tanto a los otros y mirándonos tan poquito a nosotros mismos.

Hermanos míos, en el día de nuestra Señora de los Dolores, pidámosle a Dios que nos otorgue la verdadera sabiduría, que nos otorgue encontrar ese verdadero camino, y reposar en los brazos del amor, que sí ha vencido.

El que me invita, el que me tiende su mano de político, su mano de comerciante, el que me tiende su mano, y me dice: “Mire, agarrémonos todos, y entre todos podemos”. ¡Ay, hombre, pues tal vez si, tal vez sí se puede hacer algo.

Pero que yo le vaya a dar el corazón a un político, que yo le vaya a dar el corazón a un proyecto pedagógico, que yo le vaya a dar el corazón...; Yo, el corazón se lo doy al que ha vencido a la muerte, a Ése que ya lo traicionaron.

Yo el corazón lo dejo descansar en los brazos de una Mujer que sintió el odio hasta sus últimas consecuencias, que vivió la violencia hasta sus últimas expresiones; a esa Mujer yo sí le presento mi corazón, y le digo: “Guárdalo, ayúdame en este trance, en estos episodios, en estos momentos, ayúdame".

Y si alguno de ustedes está próximo a emprender algún trabajo, alguna empresa, algún apostolado, póngalo en las manos de la Santísima Virgen María, y dígale con confianza: “Tú eres, ahora entiendo que tú eres verdaderamente Madre mía; guarda este proyecto, guarda esto, que quiero hacer.

Yo sé que en la gente no puedo confiar; yo sé que la gente traiciona, yo sé que la gente se cansa hoy, mañana, pasado, el día que sea; yo sé que vendrán decepciones de las personas; pero sé que fundamentados en ese amor que te hizo fuerte a ti, María, en ese amor las cosas toman otro rostro, y toman otro deselance".

Sigamos nuestra celebración, y al recibir el Cuerpo Santísimo de Nuestro Señor Jesucristo, y participar de la ofrenda en el Calvario, roguemos también a Él, para que sea esa Luz y esa Sabiduría la que, por fin, se adueñen de nuestras vidas..