O255001a
Fecha: 19980925
Título
Original en audio: 13 min. 4 seg.
El Evangelista Lucas nos presenta este diálogo entre Jesús y sus discípulos. Seguramente es o era ya conocido por todos nosotros.
A veces creo que nosotros, cuando asistimos a la Eucaristía, después de unos años de práctica cristiana, más o menos nos sabemos todos o casi todos los Evangelios.
Entonces corremos el riesgo de que, cuando empieza la lectura el diácono o el sacerdote, entonces decimos: "Ah, listo, parábola del sembrador; listo, el hijo pródigo; listo, las Bienaventuranzas", textos que son familiares para nosotros.
La lástima es que, obrando así, nos perdemos del mensaje que Dios tiene cada día para nosotros, porque Él no habló una sola vez para quedarse callado, sino habló una sola y definitiva vez para hablarnos siempre.
Si nosotros miramos con un poco más de detalle el texto escuchado, encontramos esos rasgos, encontramos eso pequeño en lo que Dios sigue hablando.
"Sucedió que, cuando Jesús estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos" San Lucas 9,18. Si tomamos esa frase y la pensamos un poco, notamos que hay algo extraño ahí: "Estaba orando a solas y se hallaban con ël los discípulos" San Lucas 9,18.
¿Cuántos de nosotros, al escuchar la lectura, notamos eso? Pues tal vez algunos, tal vez muchos, tal vez pocos. Pero, repito, cuando uno reduce el Evangelio a la idea general, pues todo le resulta ya conocido, con el agravante, o con el peligro, o con la trsiteza de que entonces ya no pueda percibir lo que Dios está diciendo.
Y resulta que ese detalle tiene un mensaje: aunque estaban con Él los discípulos, el único que estaba orando era Jesucristo. Lucas muestra así discretamente la distancia que hay entre la experiencia interior de Jesucristo, la percepción que Jesús tiene de su propia misión y lo que podían ver de Él los discípulos.
Por eso cuando les pregunta a los discípulos, resulta que los discípulos estaban despitados sobre quién era Él. "¿Quién dice la gente que soy yo?" San Lucas 9,18, y entonces empiezan a decir que Juan, que Elías, que uno de los profetas.
Los discípulos no estaban orando y los discípulos no sabían quién era Él, hay una relación entre estas dos cosas. Los discípuilos, aunque eestaban al lado de Jesúshas cosas, y aunque le veían obrar muchas cosas, desconocían a Ése que estaba juntoa ellos.
De modo que ya de aquí podemos sacar dos enseñanzas: uno puede estar la lado de Jesús, al lado del mismísimo Jesús, sin conocer a Jesús. Pues con mayor fuerza, uno puede pasar años y años en una isnstitución católica, uno puede tener muchos amigos sacerdotes, uno puede estar muy cerca de templos y de capillas y sin embargo, no haber entrado en el misterio de Jesucristo.
Estos discípulos le oían todas las predicaciones, todos los sermones, todas las enseñanzas; estos doscípulos etaban ahí cuando Él exorcizaba, cuando Él sanaba a los enfermos, cuando Él perdonaba los pecados, y sin embargo no conocían a Jesús.
¿Por qué no lo conocían? Porque Jesús, aunque estaba con ellos, o aunque ellos estaban con Él, el que estaba orando cuando iba a orar era Él solo. Y Jesús ya se había dado cuenta de ese detalle, que cuando Jesús quería sumergirse en la oración, esa parte no les interesaba a los discípulos.
Jesús era profundamente amante de la oración, muchas veces los Evangelistas nos dicen, que después de sesiones de milagros, de sanaciones y de cosas prodigiosas, Jesús se iba ël solo, a veces se subía por ejemplo a una montaña.
Juan, cuando relata la multiplicación de los panes, lo dice expresamente: "La gente quería aclamarlo como Rey, pero Jesús se fue Él solo a la montaña" San Juan 6,15, y dedicaba mucho tiempo a la oración, a la intimidad con su Padre Dios.
Entonces Jesús ya se había dado cuenta de que la necesidad de oración que Él tenía la tenía Él, pero los discípulos no la tenían, y entonces como que de alguna manera se pregunta: "Esta gente qué estará pensando que soy yo?" Sabiendo que el misterio de lo que Dios quiere revelar está fundamentalmente en esa oración, en la intimidad de esa oración.Y efectivamente, pues resulta que no hay mucho descubrimiento.
Entonces, la primera enseñanza para nosotros es: no nos fiemos demasiado del lugar en el que estamos trabajando, de los amigos sacerdotes que tenemos, de la lista de frailes que podemos enumerar, no nos fiemos demasiado de esto, uno puede pasar al lado de Jesucristo años enteros,y sin embargo no saber de Él.
Pero en segundo lugar, se nos da aquí también la clave. Es a través de la oración, es a través de ese camino que Jesús marcó con su propia soledad ante Dios Padre, es a través de esa oración como nosotros vamos percibiendo el misterio de Jesús.
Bueno, pero el pasaje tiene más de un versículo, yo sólo he hablado de un versículo. Pedro le contesta, cuando Jesús les pregunta a ellos: "¿Y voostros? San Lucas 9,20, Pedro le contesta: "Tú eres el enviado de Dios" San Lucas 9,20.
Y Jesús les dice a ellos enérgicamente que no le digan eso a nadie, y les dice que "el Hijo del hombre debe sufrir mucho" San Lucas 9,21.
He aquí otra cosa que sin duda llama nuestra atención. Si nosotros oímos la Palabra de Dios, no como la que ya la han oído, sino como aquellos que quieren, que queremos ser discípulos de Él, que queremos aprender de Él, tienen que llamarnos la atención estas cosas.
¿A usted no le parece muy extraño que Pedro, bueno, uno entre los doce, acierta?: "Tú eres el enviado de Dios"? San Lucas 9,20, otras versiones, o los pasajes paralelos, dicen:"Tú eres el ungido de Dios" San Lucas 9,20.
Pedro acierta, y Jesús les dice: "Nolo digan". ¿Por qué esa maravilla? ¿Por qué esa noticia profunda, hermosa, alegre? Ese es el Evangelio mismo: que Jesús es el enviado de Dios.