O235001a
Fecha: 19980911
Título:
Original en audio: 15 min. 25 seg.
Queridos Amigos:
No son muchos los textos en los que un evangelizador, de la talla de San Pablo, hable de sí mismo. Precisamente, por evangelizador, su atención y su predicación casi siempre se dirigen al mensaje, a lo que quiere comunicar, a lo que quiere difundir.
Y por eso, Jesús habla muy poquito se sí mismo, Pablo habla muy poquito de sí mismo, y lo mismo podríamos decir en general de la Sagrada Escritura. La Biblia habla muy poco de ese pueblo del que viene la salvación, porque todo lo que dice de ese pueblo es cómo lo miró Dios.
Por eso hay que aprovechar un texto, como el de hoy, en el que un evangelizador, como San Pablo, nos abre una rendija de su corazón y nos dice algo de lo que él sentía, de lo que a él le preocupaba, de lo que a él le alegraba o le cansaba, de lo que le motivaba.
Siente que evangelizar es una tarea, siente que es un oficio, que es un encargo, incluso un encargo penoso: "No tengo más remedio" 1 Corintios 9,16, esa expresión la dice uno cuando le llega una taea de la que no hay escapatoria, un mal que no puede eludir: "No tengo más remedio, me tocó evangelizar" 1 Corintios 9,16, .
"Si yo lo hiciera por mi propio gusto, esa sería mi paga" 1 Corintios 9,17, entonces no es el gusto, y antes ha dicho: "El hecho de predicar no es para mí motivo de soberbia" 1 Corintios 9,16.
El Evangelio no es motivo, ni de soberbia ni de gusto. Uno se ensoberbece de los logros de uno, o de las riquezas de uno, o de los éxitos de uno, o cosas parecidas; y uno siente gusto en aquello que le halaga, o en aquello que satisface sus sentidos, o cosas parecidas.
O sea que en realidad aquí nos está diciendo San Pablo que el Evangelio no es ni una cosa ni la otra. ¿Qué es el Evangelio? ¿Cómo puede ser buena noticia el Evangelio si no halaga, ni da gusto, ni es un logro de uno? Es misterioso, y tan misterioso como el Evangelio se va volviendo el evangelizador.
Si nosotros, que estamos hoy reunidos aquí, nos preguntamos por qué estamos aquí, seguramente caemos en la cuenta de que tal vez deberíamos estar en otros sitios. Quien nos hubiera conocido hace unos años, hubuera dicho: "Bueno, ¿pero qué le pasa a esta gente? ¿Qué es eso, qué es eso? ¿Qué está pasando? Te veo mal, estás grave. ¿Por qué en estas? ¿Por qué estás en esto?"
Y yo creo, por lo menos mirando la cara de ustedes, yo creo que ustedes están diciendo: "Fray, si fuera por mi gusto, yo no estaría aquí, estaría en otra cosa que me diera más gusto; si fuera por mi gusto, estaría en otro lado, y si fuera por soberbia, estaría en otro lado".
O sea que la pregunta que nos hacemos sobre nosotros mismos, es la misma pregunta que hacemos sobre la vida de Pablo: "Bueno, Pablo, si el Evangelio no es para ti motivo de soberbia ni motivo de gusto, ¿por qué evangelizas? Y Pablo nos devolvería la pregunta, y entonces diría: "Bueno, Mauricio, Patricia, Dora, si fuera por tu gusto, tú no estarías aquí".
¿Qué clase de fuerza es la del Evangelio? ¿Cómo es una buena noticia? ¿Y qué es esto de evangelizador? Dice el Apóstol: "Lo hago apesar mío, porque me han encargado el oficio" 1 Corintios 9,17. Yo veo aquí una plena justificación a ese esquema de evangelización de tareas, proyectos, programas, ministerios.
¿Qué es un ministerio, un programa, un proyecto, una tarea de evangelización? Es un oficio que se le encarga a una persona, y luego pregunta el Apóstol: "¿Y cuál es la paga?La paga es dar a conocer el Evangelio anunciándolo de balde" 1 Corintios 9,18.
En eso también coincidimos plenamente, porque también nosotros, cada uno de noostros tiene otras responsabilidades. A mí no me asigaron esta responsabilidad, yo tengo otras responsabilidades, digamos, más directas. Y cada uno de ustedes tiene su propio trabajos y sus propias ocupaciones.
Pero sacamos de nuestras ocupaciones un tiempito y de nuestros descansos un tiempito, para cumplir con este oficio, y por eso no pedimos nada, lo anunciamos de balde.
¿Qué clase de gente somos nosotros? Razón que algunos digan que somos como especies de esclavos, que estamos ahí como haciendo tarea sin sueldo, el empelado tiene sueldo, nosotros no tenemos sueldo. La paga es dar a conocer el Evangelio.
¿Qué es esto tan misterioso de un Evangelio que no es motivo de soberbia, que no es motivo de gusto, y que la paga es darlo a conocer? Pero la paga no es sólo darlo a conocer, es darlo a conocer anunciándolo de balde, darlo a conocer gratis, ¿y por qué eso es paga?
Admás no es fácil, porque si fuera una tarea fácil, entonces diría uno: "Bueno, no es para que se ensoberbezca, no es para que le guste, es gratis, pero además le va a costar trabajo, porque aquí dice, mire: "En las carreras del estadio todos corren. Corred, de modo que lo consigáis" 1 Corintios 9,24.