Sber002a
Fecha: 19990820
Título: La cruz de Cristo nos lleva a pensar por que tanto amor
Original en audio: 29 min. 53 seg.
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San Bernardo nació en el año 1090 y cuando tenía veintiún años de edad, atraído por la santidad de una Comunidad religiosa recién fundada, el Cister, se hizo monje. Esta comunidad del Cister cuyos monjes se llamaban cistercienses fue realmente popular, podríamos decir.
En la Europa de aquel tiempo los monasterios del Cister se multiplicaron por Europa y precisamente el mismo Bernardo obró con su testimonio y con su palabra para que esta multiplicación se diera. Bernardo fue como una respuesta de Dios al momento que estaba viviendo la Iglesia, a ese tiempo y a esas dificultades.
La Orden del Cister es una Orden de clausura, sin embargo la historia cuenta que Bernardo tuvo que viajar y predicar por muchos lugares de Europa, en ese sentido la disciplina de la clausura quedó pospuesta ante las urgencias de la predicación.
Fue pues un predicador, un monje y fue abad, nombre que se les da a los superiores de los monasterios; director espiritual, escritor místico, conocido también como doctor melifluo, es decir, como la miel, por sus predicaciones sobre el amor y sobre todo por sus predicaciones sobre el amor a la Virgen.
San Bernardo en efecto, es reconocido porque amó y porque llevó el amor de María Santísima a muchísimas personas.
Bernardo de Claraval es también Doctor de la Iglesia, la expresión doctor viene de un verbo en latín que significa el que enseña, el verbo es docere, de donde viene docencia; la docencia, docente, la docencia es la enseñanza y doctor, que en latín se acentúa distinto, “doctor”, quiere decir el que enseña.
Llamamos doctores de la Iglesia a un número de santos, y entre ellas algunas santas, hasta el momento tres, en las que se encuentra Santa Catalina, para nombrarla en esta predicación.
Son tres doctoras y un número de doctores de la Iglesia, entre esos doctores está por ejemplo, Santo Tomás de Aquino y también el santo que hoy recordamos, San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia. Esto quiere decir que su enseñanza no sólo es brillante, no sólo es sana, no sólo es santa sino que de algún modo, es como modelo dentro de la Iglesia.
Yo quiero hacer tres reflexiones distintas sobre San Bernardo, digo distintas en el sentido de que lo único que tienen en común, es que estas tres reflexiones se refieren al mismo santo, pero entre ellas no creo que tengan mucha más conexión; la primera tiene que ver con las lecturas espirituales; ¡cómo es de importante darle a nuestro corazón, darle a la vida modelos!
La oración que dijimos al comienzo de la Santa Misa, la oración que se llama Colecta, hace un elogio hermoso de San Bernardo, dice que Bernardo no sólo ardió sino que iluminó el amor, no fue en él no sólo brasa que lo consumió por Dios, sino antorcha que llevó a otros hacia Dios.
Pues bien, nosotros como cristianos necesitamos tener referencias, convenzámonos de eso, el vivir esta vida cristiana, vivir el Evangelio sin tener a dónde mirar, es andar demasiado despacio.
Mire cuántos frenos tiene el camino de la santidad, en primer lugar sabemos que Satanás, enemigo de toda obra buena, estará al acecho; en segundo lugar sabemos que las personas que nos rodean considerarán exagerada cualquier costumbre buena que nosotros tengamos, les parecerá fanatismo, ¿a qué llama la gente fanatismo?
Si alguien reza el Santo Rosario y asiste a la Misa ya es un fanático: “No, yo no soy tan religioso", "a mí no me metan tanta religión”, "¿quién ha dicho que eso es tanta religión? De manera que las personas que nos rodean intentarán desanimarnos, intentarán burlarse de nosotros, intentarán descalificarnos, o sea que no vamos a encontrar mucho apoyo y sí vamos a encontrar mucho freno.
La vida pasada seguramente no es lo que más nos mueve al amor perfecto de Dios, de la vida pasada tenemos resentimientos, y tenemos también el recuerdo de pecados deleitables, tenemos historias pendientes que quisiéramos seguir, lugares adonde quisiéramos ir, placeres que quisiéramos experimentar.
La vida pasada tampoco es un gran aliado en la santidad; las incertidumbres del futuro tampoco sirven mucho, uno sabe que en el camino de Jesucristo muchas veces tiene que experimentar soledad y no somos pocos los que hemos perdido amigos, y muchos amigos, por haber adquirido nuestra amistad con Cristo.
Y si ahora nos volvemos al propio corazón, ¿qué diremos? El corazón humano es bien inestable, hay un día en el que uno se levanta y uno quiere orar y orar y hay otro día en que se levanta y no quiere orar; hay días en que uno quiere cambiar y hay días en que uno quiere retroceder.
Además, la carne humana chilla, llora, grita cruje, se queja, cualquier esfuerzo que pongamos a nuestra carne siempre es trabajoso, la carne es como una niña malcriada, requete consentida, muy mimada, así es nuestra carne y cualquier esfuerzo penitencial, por pequeño que sea, inmediatamente se levanta la carne y grita: “Me voy a enfermar”, “me va a doler”, "¡ay!"
Es como tener una vieja escandalosa en la casa quejándose, eso es muy difícil de soportar, la carne grita.
De manera que si pensamos en estos enemigos que tenemos para el proceso a nuestro acercamiento a Dios es muy difícil, si uno no tiene una referencia, la mayor parte de nosotros estamos avanzando demasiado lento y se supone que nosotros, por ejemplo ustedes y este servidor, que sí asistimos a grupos de oración, se supone que nosotros ahí vamos, pero demasiado lento.
¿Cuáles son los progresos reales? ¿Cuáles son las victorias reales sobre el pecado? ¿Cuáles son las virtudes reales que adquirimos? Y me parece que muchos de nosotros estamos realmente estancados, pero en el país de ciegos se siente rey; cualquier Padre que medio predique bien, ya lo tienen por santo.
Entonces ese se convierte en otro obstáculo para uno; la cantidad de gente que lo aplaude y lo felicita a uno, siendo uno lo que es, un mediocre, eso es un obstáculo también para uno, porque eso hace que uno crea que uno es bueno y que ya está haciendo gran cosa y resulta que uno es un gran mediocre.
De manera que, con todos estos frenos, es necesario tener a dónde mirar, y por eso la importancia de la vida de los santos.
Todavía hay un obstáculo más. La mente humana muchas veces es como uno de esos fonógrafos antiguos y como uno de esos discos viejos que se rayan y quedan patinando. ¿Cuántos de nosotros tenemos en nuestra cabeza obsesiones pequeñas o grandes? ¿A qué me refiero con obsesiones? A ideas absurdas, ridículas o estériles, que sin embargo no logramos sacar de nuestra cabeza.
Por dar un ejemplo, la cantidad de gente que se considera perseguida por el demonio: "Y el demonio y es que el demonio no me deja"; yo digo, si esas personas supieran qué es un ataque del demonio, y si esas personas conocieran los santos a los que ataca el demonio, por humildad dirían: “El demonio ha de estar ocupado atacando algún santo”; por humildad y por realismo dirían: "El demonio deberá estar ocupado en gente más importante que yo".
Además, acuérdense que uno de los antiguos monjes del desierto tuvo una visión en la que contemplaba que para una ciudad había sólo tres demonios que atacaban a todo el mundo, en cambio, para un pobre religioso, pero que era un gran santo, un ermitaño que vivía afuera de esa ciudad, había toda una legión, un ejército que lo atacaba tratando de vencerlo y no podía, en cambio, para toda la ciudad bastaban tres.
De manera que esas ideas estériles en las que está uno pensando, por ejemplo del demonio, esas ideas o esos proyectos vacíos o esas vanidades que nos ahogan, ¡ay, por favor, es que yo creo que antes se logra algo en la vida espiritual! Nuestro camino es demasiado lento y es tan lento en general, que lamentablemente, si uno da cualquier paso, cree que ya hizo mucho.
De acuerdo con todo esto, uno saca una conclusión: es necesario tener a dónde mirar. Yo les digo, los exhorto, yo que soy un pecador, en el nombre de Jesucristo, pongan la mirada alta, por favor, dejen de mirar sus tonterías, sus bobadas, ¿en qué se nos van los días? En una cantidad de vanidades y tonterías.
Y muchas veces estas vanidades y tonterías no sólo son los arreglos, los adornos o cosas parecidas, uno piensa vanidades, solamente en las cursilerías de las bellezas del cuerpo; pues no, hay gente que pasa la vida entera en vanidades, por ejemplo, de si me quieren o no me quieren y cosas de ese tipo.
¿No te basta, no te cautiva, no te preocupa, no te enamora el amor de Jesucristo lo suficiente como para decir: “Me quieran o no me quieran, les importe o no les importe, me voy con el Señor?” ¿No puede el corazón de Jesucristo más contigo? Es una pregunta que uno tiene que hacerse.
Y esto le pasa a mucha gente, supuestamente espiritual, ahí se les va la vida en eso. Cuántas monjas mediocres he conocido, metidas toda la vida en que, "si la superiora, es que si van a elegir a zutana, es que si me van…"; no terminan de tirar las manos en las manos de Dios, no terminan de depositarse en Dios.
Es decir, le han pasado a Cristo todas las fotocopias de los problemas, pero conservan todos los originales; "Cristo que trabaje con las fotocopias, yo me quedo con los originales".
Por eso es necesario volver la vista a los santos, desde luego que la vista tiene que estar en el Santo de los santos, que es Jesucristo, pero no cabe duda de que estos santos como un Bernardo con sus predicaciones, con sus escritos, lo hace sonrojar a uno y dice: "Oiga, y yo con mis historias de demonios, y yo con mis historias de si me quieren, y yo con mi pérdida de tiempo, no sé lo que estoy haciendo".
Qué poco conocemos de la vida de los santos y qué poco leemos de lo que ellos han escrito. Dice Doctor de la Iglesia, eso quiere decir que tiene una palabra inspirada por el Espíritu Santo, ¿y quién de nosotros ha leído completo un libro de San Bernardo? temo que un escrito de él, muy pocos.
Hemos perdido demasiado tiempo y ese tiempo es el que nos va a doler cuando ya no lo haya. Las fuerzas de nuestro corazón se hicieron para algo distinto, para apuntar hacia otros horizontes. Ese es el primer comentario que quería hacer el día de hoy, por favor, revisemos nuestras lecturas; "yo pienso que después de leer dos o tres folletos..."
¡Ya dejen los folletos!, váyanse a las fuentes profundas, a las fuentes bellas, vayan a los Doctores de la Iglesia, vayan a los Padres de la iglesia, beban fuentes profundas. "Es que uno tiene que leer la santidad", decía Condorito; "la santidad en diapositivas, póngame la santidad en una presentación de power point, a ver si me mueve un poquito".
¡Hombre!, si no te mueve las lágrimas de la Virgen, si no te mueve el ardor de la Sangre de Cristo, difícil que te mueva el video bin; esa es la primera reflexión sobre San Bernardo.
La segunda reflexión: San Bernardo hizo santos a través de la predicación. En el camino de formación de las Vírgenes Seglares, hemos tomado como un protector especial como un amigo entrañable, a San Bernardo de Claraval, porque San Bernardo, a partir de la fuerza de la palabra, hizo santos; es admirable la predicación de San Bernardo.
El tratamiento era muy sencillo: llevar una vida ordenada como se lleva en el monasterio y someterse a fuertes dichos de predicación, camino elementalísimo, pero eficacísimo para cambiar la existencia, someterse a la lluvia de la predicación.
Si se pone a llover escarcha, ¿qué de raro tendría que acabáramos todos brillantes? Y si se pone a llover oro, quedamos todos dorados; si se pone a llover Dios, quedamos todos divinizados, endiosados, entusiasmados, transformados.
San Bernardo, con la fuerza de la Palabra divina, San Bernardo con la predicación hizo distintos los corazones, téngale mucha fe a la predicación, la predicación es maravillosa porque la predicación llega cuando es ungida por el Espíritu, la predicación llega al corazón y lo que uno necesita es que le cambien el corazón.
Uno no necesita que le cambien ni el trabajo, ni las amistades, ni la casa, uno no necesita eso, porque otras personas viviendo donde tú vives, otras personas con el trabajo que tú tienes y otras personas con las tentaciones que tú tienes, han salido adelante y son santos, o sea que el problema no está ahí, la fiebre no está en las sábanas, el problema no es ese, el problema es en el corazón.
El problema, como lo he dicho en otras predicaciones, no es lo que te pasa a ti, sino qué haces con lo que te pasa a ti. “Ah, Padre, muy fácil predicar para usted, porque usted no ha vivido lo que es una separación matrimonial, usted no ha vivido lo que es dormir con el enemigo…”. Sí, hay muchas cosas que no he vivido evidentemente.
Si un papá, por ejemplo, de pronto ha vivido la ingratitud de sus hijos, pues no he vivido eso, estoy totalmente de acuerdo en eso, pero el punto no es ese, el punto no es quién ha vivido más o menos cosas, el punto es que si tú recorres la historia de la Iglesia, si tú miras el Evangelio, tú verás gente que ha pasado por las traiciones, por las humillaciones, por las persecuciones, por las tentaciones, por los acosos, por la debilidad que tú tienes, esas mismas personas, con la fuerza de Dios, salen adelante, con la fuerza de Dios; y es que pusieron su esperanza en Dios, esa es la diferencia.
La diferencia no está en que las circunstancias sean distintas: “Sh, es que usted, Padre, no sabe que tengo una persecución terrible y una cantidad de demonios que me tienen agobiado”; ¿es que usted cree que es el primero? "¿O cree que es el último?
“Es que los pensamientos no me dejan, es que la carne, las incomodidades, y aparte de eso llego al grupo y mire la cara que me hacen”; ¿Usted cree que es el primero que le pasa eso? ¿Usted cree que es el primero que tiene ese temperamento? ¿Usted cree que eso lo va a disculpar el día del juicio?
Es que verá, usted, jovencita, supongamos, que Dios no lo quiera, usted se muere o yo no sé si de pronto lo quiere, usted entonces va a llegar a ahí, y usted de pronto dice: “-Espere un momentito, yo quiero aclarar que estoy muy joven”, "¿-y?", "Ah, pues joven, o sea, morí joven".
"-¿Y si le sale a recibir Santa Inés, mártir a los doce años, ¿usted qué dice? ¿Y si le sale a recibir Domingo Sabio, santo a los catorce años? Si le sale a recibir Santa Teresa del Niño Jesús, santa y Doctora de la Iglesia a los veinticuatro años?
“-Ah, pero es que yo no tuve tiempo, ¿-por qué usted no tuvo tiempo? ¿Cuál fue el tiempo que le faltó a usted? “-Pues yo tenía que aclarar varias cosas, por ejemplo, si me habían “echado mal de ojo o no”; además, yo tenía que aclarar por qué mi cuñada siempre me hizo mala cara, así no supiera nada del Evangelio; además, pelee con mi novio o con mi esposo y yo tenía que aclarar quién era el culpable, asi me pudra en el infierno; yo tenía que aclarar eso, quién era el culpable".
Le provoca a uno prorrumpir en maldiciones, ¿se te va a ir la vida aclarando esas cosas? ¿Con esas aclaraciones y con esos papeles de los juzgados humanos te vas a presentar en el Reino de los Cielos?
Llegarás al Reino de los Cielos y vas a decir: "Espérame un momento, Cristo, yo finalmente aclaré que lo de mi cuñada fue por una envidia que empezó por un vestido beige, "-ah, es que hay que aclarar eso y eso me sirve para toda la eternidad, ¡a la porra!, en eso se le fue la vida a usted."
Por eso, mis hermanos, hay que someterse a la ducha de la predicación, sólo la Palabra de Dios, pero torrentes de Palabra de Dios.
Es que una ducha no se hace con gotero, ¿usted se imagina lo exasperante que sería bañarse con un gotero? Yo estoy seguro que las duchas que nos gustan son esas duchas que son fuertes, esas que ya casi son como un masaje, ¡ay, tan rico para esos días de tensión, de congresos!¡Ay, una ducha!"
Pero nosotros queremos que la Palabra de Dios nos trasforme, así con tres gotitas. Hay gente que se imagina que viniendo a un grupo de estos y por ahí a cualquier grupo que asistan, ya se va a transformar.
¡Hombre, por favor! Seamos realistas, si usted quiere bañar su cuerpo, dese una ducha fuerte; bueno, si usted quiere bañar su alma, es decir, que huela distinto su corazón, dese una ducha fuerte, dele una dosis de ataque.
Así hacen cuando la infección está avanzada, le ponen una dosis de ataque a la persona; bueno, vamos a ponerle tres millones, yo no sé esos tres millones de qué son; hablan ahí de una unidades de penicilina o no sé, de lo que sea; "vamos a ponerle tres millones, porque la infección está galopante, una dosis de ataque"; pero uno ahí con goteritos, asiste al grupo y tres gotitas, "¿no será que será mucho? ¿No me estaré fanatizando?" Imagínese, así no vamos a cambiar de vida.
Necesitamos ducharnos con la Palabra de Dios, necesitamos llenar nuestro corazón, nuestro entendimiento con la Palabra, entre otras cosas, porque hay que fortalecerse, como ya dijimos, con los ejemplos del principio.
La tercera enseñanza a la que quiero aludir con San Bernardo, es que San Bernardo tuvo siempre claro que la vida cristiana tiene un desenlace y ese desenlace se llama mística, se llama contemplación, se llama unión con Dios.
San Bernardo de Claraval, entre muchas cosas, ¿qué nos enseña? Nos enseña esta: que la vida bautismal, la vida de todos nosotros los bautizados, tiene un desenlace y ese desenlace se llama la unión con Dios, en la contemplación, dicho de una manera más agresiva, porque San Bernardo tiene su verbo elocuente y elegante y yo soy mucho más tosco, mas rudo.
Dicho con el estilo mío, el cristianismo no es para ser buena persona, para ser buena persona no se necesita ser cristiano, hay mucha gente que es muy buena persona, hay masones supremamente cultos: “Mucho gusto, señor, pertenezco a la logia del martillo y la escuadra, tenemos reuniones dos veces a la semana”; un señor supremamente culto.
"Yo pienso que usted tiene la voz muy importante dentro de la sociedad humana y yo pienso que usted puede colaborar con el levantamiento espiritual de esta sociedad”; y bueno, todo ese discurso masón; el tipo no cree en el rejo de las campanas, pero supremamente culto y supremamente filantrópico y elegante, y bueno, para eso no se necesita ser creyente.
¿De dónde sacó San Bernardo la convicción de que el desenlace de la vida es la santidad y la mística y la contemplación? ¿De dónde lo sacó? De la cruz de Cristo, es una idea que estoy seguro que ustedes también han escuchado muchas veces que esto así.
Con pies y manos atravesados por clavos y sangre, ¿eso por qué fue? ¿Para que la gente fuera culta y correcta? “Mucho gusto, estamos aquí en la celebración de la Santa Misa, espero que se sientan muy bien, vamos a seguir la celebración, vamos a sentirnos muy bien, muy integrados, muy unidos”.
Para eso no se necesitaba la muerte de Cristo en la Cruz. El que aprecie, el que sienta por qué, el que escrute por qué tanto dolor, tanto amor, tanta sangre, el que escrute, como Bernardo, por qué, ese se lanza a los brazos del amor de Dios.
Los demás se pasarán la vida como gallinas picoteando el suelo, lo que caiga a las mazorcas, esos serán lo granitos que comerán y morirán mediocres averiguando si la cuñada los miró mal y averiguando si el demonio los está persiguiendo y preguntándose si son unos fanáticos.
¡Jamás harán nada que valga la pena! Gallinas picotudas, se llaman esas, no harán nada importante en esta vida. Demonos cuenta que la fuente del amor está ahí, en preguntarse hasta que duela, en preguntarse hasta que salgan lágrimas, en preguntarse hasta que el corazón se hienda: "¿Y por qué y por qué?"
Uno de los más grandes predicadores católicos de Estados Unidos en este siglo, monseñor Fulton Sheene, edificó, podríamos decir construyó, todo su sistema de predicación y de amor y de enseñanza, todo sobre la Cruz, todo absolutamente todo, y la pregunta fundamental de Fulton Sheene siempre fue: "¿Por qué tanto? ¿Por qué ese hombre está ahí? ¿Por que el inocente está ahí?"
El que no se pregunte eso dos veces, cien veces, mil veces hasta que le duela ser un pecador y un ingrato, el que no se pregunte eso jamás saldrá de ser una gallina picotuda, pendiente de ver dónde está una pequeña: ¡ay, alegría! aquí una pequeña alegría, aquí otro pequeño granito, aquí hay una que se mete conmigo"; esa es la vida de mucha gente, gallinas picotadas vueltas hacia la tierra comiendo sobras.
El que sienta una cosa distinta, el que quiera vivir una cosa distinta, tiene que hacer el ejercicio de San Bernardo, tiene que volver los ojos hacia la Cruz y decir: "¿Por qué tanto? ¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué tanto amor?"
De otra manera, terminaremos diciendo que el cristianismo es para que todos podamos entendernos, para que todos podamos colaborar, para que todos unidos hagamos una patria tranquila donde todos podamos vivir en paz. ¡No, señor, Para eso no es la cruz de Cristo."
¿O sea que usted nos está lanzándonos a la guerra religiosa, Padre? No, señor, estoy diciendo que el volumen de amor que hay en la Sangre de Jesús no es simplemente para una convivencia pacífica tolerante. No, no es para eso, es para mucho más que eso y nosotros, si recibimos, como vamos a recibir en la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre del Señor, es para mucho más que eso.
A nadie se le ocurrió antes de Cristo y nadie se ha atrevido después de Cristo a decirle: "Coman, esto es mi Cuerpo, a nadie; ahí tiene que haber un volumen de amor, ahí tiene que haber algo que sólo existe en Jesús de Nazaret; ahí tiene de haber algo y hay que descubrir ese algo antes de Cristo, a nadie se le había ocurrido; y después de Cristo, a nadie se ha atrevido a decir lo mismo que Cristo.
Mire, locos ha habido los que usted quiera, gente que se cree Napoleón, hay gente que se ha creído un grano de maíz, como un loco que fue al psiquiatra y le dijo: "-Tengo un problema muy grave, yo siento que soy un grano de maíz", el psiquiatra le hizo un buen tratamiento y este señor ya quedó tranquilo, ya él sintió que no era un grano de maíz, pero él volvió a consulta y dijo: "¿Y ahora cómo convenzo a la gallina?" Quería traer a la gallina a tratamiento.
Locos ha habido de todo género, de todos los estilos, pero no ha aparecido en la tierra otra persona por más loca y desquiciada que sea, por más grano de maíz que se sienta, no ha aparecido otro que le diga a la humanidad: “Coman, esto es mi Cuerpo”, no ha habido locura de este tamaño, no ha habido amor tan grande.
¿Eso era para qué? ¿Para que los cristianos fuéramos otro ingrediente más en la construcción de la sociedad civil, donde todos tuviéramos? Es para algo mucho más alto que eso, y luego hay gente que pretende sentar al cristianismo y el cristianismo se vuelve una filantropía y asi se vuelve una corriente más dentro de la aceptación y de la convivencia, y cosas por el estilo.
A mi la Sangre de Cristo me grita una cosa diferente, los clavos de Cristo me gritan algo distinto y el amor de Cristo, expresado en santos como en San Bernardo, me cuenta que el desenlace también es muy diverso.
Sigamos esta celebración; quienes van a comulgar sepan que sólo un amor del tamaño de Dios hizo posible ese milagro y que ese milagro que tú recibes es para algo en tu vida, algo tiene que hacer en tu vida ese milagro, si tú abres no sólo tu boca sino el apetito de tu entendimiento, tú descubrirás ahí fuerza para que tu vida sea como Dios quiso que fuera.