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Fecha:19960830
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Original en audio: 20 min. 24 seg.
Dice el Apóstol San Pablo en la Pimera Carta a los Corintios, que hemos empezado a escuchar en esta semana, que la predicación es una locura, es una necedad. No es entonces gran elogio el que hace hoy a los predicadores.
Como además esta Eucaristía se celebra pidiendo perdón de los pecados de los sacerdotes y almas consagradas, hoy veo que se me está tratando de pecador, loco y necio; sin embargo, sobre esa base, y el calor del día y el peso de la jornada, hay que predicar.
Y con la ayuda de Dios vamos a hacerlo. Porque hay que predicar aunque sea una locura; hay que predicar aunque uno sienta que las doncellas se duermen; hay que predicar aunque esté avanzada ya la noche; hay que predicar aunque no venga el Esposo; hay que predicar así no aparezcan los sabios, ni lleguen tampoco los signos.
Lo dijo el Apóstol San Pablo, lo repitió su santidad Pablo VI,y hoy tengo que decirlo yo: "¡Ay de mi si no evangelizare!" 1 Corintios 9,16. Por encima de nuestros pecados, por encima de nuestras necedades, hay que predicar.
Hay que predicar porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo, y éste crucificado. La voz que me autoriza a predicar no es la voz de un hombre bueno, sino de un hombre sanado, mejorado. No es por bueno, lo he dicho en otras oportunidades, no es por bueno ni por bondadoso, sino por redimido, por eso es por lo que me atrevo a abrir la boca y me atrevo a seguir predicando.
Porque no puedo recibir la redención sin agradecerla, porque no puedo recibir el amor sin amar; porque esta noticia no se puede morir conmigo, por eso tengo que predicar.
Pero es una necedad la predicación. Si uno se puede pensar a fondo para qué sirve la predicación, qué clase de gente somos nosotros los cristianos que llevamos loa años de los años contando que: "No, que no está muerto, que está vivo", y el que dice eso se muere, y llega otro que dice: "No está muerto, vive, Él está vivo", y ése también se muere.
Qué clase de gente somos nosotros que tenemos que contar que el Evangelio trae la santidad, y que el Evangelio trae la felicidad, y eso tenemos que seguirlo contando cuando somos unos miserables y tenemos que seguirlo diciendo en medio de nuestra amargura?
Alguien dirá: "Tal vez el Evangelio no traerá la felicidad, pero la terquedad sí la trae. Si este fulano sigue predicando, es posible que no haya tanta felicidad o santidad o gracia en sus palabras, pero lo que es tozudez, terquedad, eso sí lo logra el Evangelio".
Hay que seguir predicando, pero ¿por qué? ¿Por qué los cristianos seguimos contando una noticia que a nadie parece interesarle? Si uno saliera a esta hora, creo que tendría que recorrer muchísimas cuadras, muchísimos kilómetros, probablemente tendría que atravesar barrios enteros hasta encontrar una persona que realmente le interesara que Cristo murió y que Cristo resucitó.
Como decía, con mucha presunción quizá, por ahí algún francés: "Dios no viene al caso; mire, no discutamos por Dios", parece que el tiempo que estamos viviendo nos repitiera eso: "Mire, ya no discutamos por Dios. Si usted quiere vestirse de blanco, vistase de blanco, yo me voy a vestir de rojo, de morado, de lo que yo quiera".
"Si ustee no se quiere casar, no se case; y si usted le quiere hacer caso a ese señor que tiene allá por superior, como usted lo llama, hágale caso".
El Evangelio ha perdido relevancia, ha perdido mordiente, ha perdido sabor. Si usted quiere hacer de su capa un sayo, haga de su capa un sayo.
Y entonces dice, con inspirado y poético acento, una muchachita: "Yo, voy a entrar al monasterio, y me ofreceré a Dios", eso es leído de la siguiente forma: "Si usted tiene tanto miedo, y se va a encerrar allá y allá la aguantan, bien pueda, entrese, por lo menos aseguró la papa, el arroz, el jugo. Entre, si usted quiere hacer eso".
¿No somos una especie de necios los cristianos repitiendo siempre la misma noticia? ¿Y no somos especialmente necios nosotros los sacerdotes, y especialmente los predicadores? La demás gente por lo menos hace algo.
"Se murió don Gileberto. Bueno, pero él tuvo su fábrica de calzado, hizo lo que quiso, él sacó adelante su chucito, empezó por allá en un rinconsito, de zapatero remendón, y llegó a tener una industria de calzado y el hombre hizo lo que quiso.
Bueno, ¿y fulanita? Fulanita hizo lo que quiso. Ella desde chiquita dijo que quería casarse, que quería tener hijos, que quería tener un hogar, y finalmente encontró su media naranja, y organizó su casa, y retapizaba los muebles cada cierto tiempo, y cambiaba las cortinas, y además de esopodía darse los pequeños lujos que ofrece la vida: murmurar, envidiar, echar algunos chistes, o sea,las cosas normales de esta tierra".