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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980421

Título: La Pascua de Cristo y la vida de los primeros Cristianos.

Original en audio: 12 min. 38 seg.


Podemos decir que la Pascua de Jesucristo, tiene eco en todo el universo.

Nosotros decimos en el credo Niceno Constantinopolitano que, "creemos en un solo Dios Padre, creador del cielo y de la tierra, de lo visible y de lo invisible", y por eso la Pascua de Jesús es un acontecimiento para el cielo y para la tierra.

La Pascua de Jesús es el centro del amor y de la adoración del cielo y de la tierra, y tiene su eco en el cielo y en la tierra. En el cielo porque ahora los Ángeles y los bienaventurados adoran a Dios. Adoran a Dios unido indisolublemente con la naturaleza humana y esto quiere decir que nuestra propia naturaleza es adorada en cuanto unida hipostáticamente a la persona del Verbo, por los ángeles.

Lo anterior, en cierto modo, supone un acto adicional de humildad para estos seres celestiales, porque siendo tan grande la distancia entre la naturaleza de los ,ngeles y nuestra naturaleza, siendo tan superior la de ellos y tan inferior la de nosotros, son ellos los que adoran a Dios en nuestra naturaleza.

Esto supone una especie de humillación, una especie de humildad que, desde luego, realizan, de un grado, por obediencia a Dios, y porque es un mismo Dios antes y después de la Encarnación. Esto es como el cambio que el acontecimiento de la Encarnación y el acontecimiento de la Pascua traen para los Cielos.

En cuanto al eco de la Pascua en la tierra lo primero que hay que leer son los Evangelios, los relatos de la resurrección, y luego los Hechos de los Apóstoles, porque el hecho más inmediato de la obra de la Pascua de Jesucristo en esta tierra son los Hechos de los Apóstoles.

El descenso del Espíritu, el perdón de los pecados, la gracia de ser hijos por adopción, y luego los prodigios, los milagros, las sanaciones, las liberaciones, el demonio en retirada, la muerte vencida, el gozo, el compartir, el ser mismo de la Iglesia.

La Iglesia, nosotros, somos el fruto de aquello que Cristo sembró con dolor, con lágrimas, con sangre, pero sobre todo con amor en el misterio de su humillación, en el misterio de su anonadamiento.

Nosotros somos la gran predicación de Cristo Pascual en esta tierra, y por esto, la Primera Lectura durante estos días se detiene con frecuencia en escenas de los Hechos de los Apóstoles como llevando a la Iglesia a que mire su propio ser, a que vuelva a sus propias fuentes, a que reciba alegría de esa raíz gozosa, de ese origen primero en el que está toda la fuerza y toda la sabiduría que le permite ser a la propia Iglesia.

''De las lecturas de hoy podemos destacar varias cosas: “Tenían todo en común” (véase Hechos de los Apóstoles 4,32), claro, después de que se tiene en común a Cristo, que es el tercero por excelencia, poner en común unas monedas no es difícil. En cambio, si Cristo no está en común, si Cristo no es el tesoro de todos, tratar de poner en comunidad, aunque sea dos centavos, es una dificultad.

Después de que Cristo, el tesoro, está en común, entonces están en común los pensamientos, están en común los sentimientos, están en común los anhelos y están en común también las cuentas, el dinero, etc.

Luego se nos cuenta la historia de un José, a quien los apóstoles añadieron Bernabé; encontraremos también en la Biblia la terrible historia de Ananías y Safira, una historia que nos impresiona mucho, porque fueron ellos quienes trataron de decirle mentiras a Pedro y quedaron muertos ( véase Hechos de los Apóstoles 5,1-10)

Sin embargo, quiero terminar con una palabra sobre José Bernabé, porque es un personaje que está apenas ahí medio dibujado, pero trae una enseñanza.

José, que significa Consolado, literalmente dicho “de la consolación,” que era levita y natural de Chipre, quien tenía un campo y lo vendió, llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles, (véase Hechos de los Apóstoles 2,37)

¿Qué me llama la atención de esta microhistoria de José Bernabé? Que este señor era levita, y los levitas no podían tener tierras, ¿usted se acuerda de este detalle? Cuando viene la repartición de tierras en el libro de Josué, entonces allá le dan amplias tierras a la tribu de Simeón, a la tribu de Judá, Neftalí, Zabulón todo mundo tiene tierras, pero los levitas no tienen tierras porque su porción es el Señor.

Este era un levita que estaba desterrado, no estaba en su tierra, estaba en Chipre, y allá en Chipre yo me imagino que él habrá tenido sus problemas de escrúpulos y de conciencia, y él había pensado: "Aquí en Chipre, esta no es la tierra que el Señor le dio a Josué", entonces él pensaría: "Aquí en Chipre, ¿qué hago?"

Ahora no sé si el campo estuviera en Chipre, dice que era natural de Chipre, entonces tal vez él dijo: ¿Qué hago, yo que soy Chipriota, qué hago con este campo, si la Ley dice que yo no debería tener ninguna tierra, que mi porción debería ser el Señor? Pero por si acaso, aseguremos aunque sea este lotecito".

José, a quien los apóstoles llamaron Bernabé, era un hombre con un conflicto interior. En cuanto al levita, la antigua Ley decía: "Tú no debes tener tierras, tu porción debe ser el Señor"; pero él sentía que, "sí, muy bonito lo que dice ahí, ¿pero yo qué hago? No me voy a morir así no más, no me voy a morir de hambre"; era un hombre, para decirlo más brevemente, en conflicto, entre el ideal de Dios y la realidad concreta, un hombre tensionado entre eso.

Entonces él ha escuchado la predicación del Evangelio ¿y qué ha hecho Dios con él? Dios lo ha consolado, y cuando este levita es consolado, cuando este levita es amado, sanado, acompañado, cuando él se siente protegido por Dios, él siente de nuevo que es cierto lo que dice el salmo 16, o en la numeración de la liturgia, salmo 15, que oramos en Completas los jueves, el salmo levítico: "Me encanta mi heredad. Protégeme Dios mío, que me refugio en ti. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa".

¿Usted se imagina ese levita pensando en ese salmo y tratando de hacerse el loco, que nadie se diera cuenta de lo que estaba diciendo: "El Señor es el lote de mi heredad y mi copa" (véase Salmo 15), porque él tenía su otro lote por ahí? Él estaba en conflicto interior, estaba en conflicto entre el ideal y la realidad.

Como le pasa a muchas personas que leen, por ejemplo las constituciones de su instituto religioso, leen y dicen: "Sí, esto está muy bonito, ¡si alguien lo viviera!, ojalá se pudiera vivir esto, porque qué va a vivir uno..."

Era una persona que estaba en tensión, entre la realidad y el ideal hermoso y por eso rezaba este salmo así como entre dientes, se acaba rapidito el salmo, pero Dios lo había consolado, Dios ya lo había visitado y ahora él ya podía decir en voz alta: "El Señor es el lote de mi heredad y mi copa" (véase Salmo 15), "y si ya he visto que es verdad, que sí es el lote, yo voy vivir mi ideal".

Es decir, para este José el ideal se le convirtió en realidad, se dio cuenta de que eso no era letra muerta que no era tiempo perdido, de que eso sí era posible, y así le va a pasar a muchos cristianos. Finalmente la fuerza de la Pascua de Jesucristo los colma, los llena.

Cuando leemos las vidas de los santos, ¿qué nos suele pasar¡ "Ay, sí, tan bonito esos tiempos en que había milagros, ¡ah!, ya qué se van a dar esos milagros..." Llega el Señor con su Pascua, llega el Señor con su Espíritu y de pronto todas las historias de los santos resultan ciertas, cercanas y posibles y uno, por ejemplo, ve que las cosas suceden, y uno ve que todo es cierto, y uno comprende que, "el Señor es el lote de la heredad" (véase Salmo 15), y se siente libre.

¿Ustedes se imaginan la cara de gozo de este José cuando ya vendió su bendito lote este? Ya no tenía que tener esas tensiones, esas mentiras, ya no tenía que asegurarse nada, y gozoso entregó el dinero a los apóstoles y le dijo al Señor: "Tú eres mi lote y mi heredad" (véase Salmo 15); el ideal se le había convertido en realidad, la Pascua de Jesucristo lo hizo posible.