O162001a
Fecha: 19960723
Título:
Original en audio: 9 min. 8 seg.
Queridos Hermanos:
Nuestra admiración se despierta en primer lugar por las cosas grandes y las cosas fuertes. Lo poderoso impresiona.
El tamaño de una montaña, la inmensidad de un desierto, la fuerza de una catarata, el esplendor de un atardecer, la inmensidad del océano, la infinitud del cielo, depiertan en el ser humano la admiración.
Admiramos porque no podríamos hacer ninguna de estas cosas; al mirar, por ejemplo, la montaña, decimosría: "Yo jamás podría mover una mole tan grande, ¿quén ha puesto esto en su sitio? ¿Qué fuerzas colosales han acumulado cada cosa en esta tierra donde se haya?"
Cuando se piensa, por ejemplo, en los abismos casi insondables del océano, las increíbles presiones que acumula el agua a decenas de miles de metros de profundidad, entonces decimos: "¡Cómo es de grande, cómo es de insondable, como es de maravillosos el Universo!"
Y también en las otras personas admiramos la fuerza; por ejemplo, el que no tiene mucho recurso admira al que es rico y se puede dar la gran vida, puede hacer lo que le provoca; mientras que el pobre tiene que tasar su recurso, y tiene que estarse midiendo, el rico puede despilfararrar. "Puede", el verbo es "poder", es "poderoso", porque "puede", hace lo que quiere.
Muy bien, esta introducción es para decir, que la lectura del profeta Miqueas que hemos escuchado, en cierto modo nos cambia el esquema.
Lo más grande de Dios, -siendo grande toda su obra-, lo más grande de Dios no son esos espacios infinitos, no son esas soledades inmensas, no son esas temibles moles, no son esos fiuegos inextinguibles.
Porque uno se pone a pensar, por ejemplo, que en las extellas, incluído nuestro sol, aseguran los científicos que se suceden procesos de fisión nuclear, en los cuales temperaturas de millares de grados centígrados, se acumulan en una formidable explosión y en una formidable implosión que produjo toda esa radiación capaz de sostener la vida a ciento cincuenta kilómetros de ella.
Todavía no se ha podido en la tierra lograr eso mismo, es decir, no hay científico, no hay institución que todavía haya podido domeñar la fuerza de la fisión nuclear, eso no se ha podido hacer.
Hemos podido utilizar la fusión nuclear en reactores, llamados así, "reactores nucleares"; pero estos reactores nucleares han resultado tan peligrosos por otra parte, que incluso en los países donde han estado en boga o en uso, hay desconfianza y casi fastidio frente a estra fuente de energía, porque se la ve como insegura.
Sería mucho más seguro utilizar la fisión nuclear, que es una hoguera mucho más poderosa y es la hoguera que alimenta, por ejemplo, al sol; tener como una especie de sol aquí en la tierra 3:58 enrgía, pero eso no se ha logrado todavía ni en pequeño. No tenemos ni idea del tamaño de las obras que Dios ha creado.
Pues bien, no hemos terminado de espantarnos frente a esa grandeza, y ya el profeta nos está diciendo que hay otras grandezas mayores en Dios, que hay fuerzas todavía más grandes.
Y uno dice: "¿Pero puede haber una fuerza más grande que mover los millones y millonesde toneladas de Júpiter por los espacios siderales? ¿Puede haber una fuerza más grande que la que concentra la materia en un agujero negro, según nos hablan los astrónomos? ¿Puede haber fuerzas mayores?"
Pue sí las hay, fueron las fuerzas que Dios puso en juego el día de la redención; una fuerza más grande y una maravilla más grande, y por consiguiente, una admiración más grande hay en el perdón que Dios otorga.
Dios revela más su grandeza perdonando a uno cualquiera de nosotros, que somos unos pecadores; Dios revela más su grandeza perdonándolo a usted o a mí, ahí se muestra más grande, que moviendo al más grande y al más impresionanate de los astros que en el cielo podamos imaginar.