O271001a

De Wiki de FrayNelson
Revisión del 04:20 20 jul 2007 de AnaMaria (Discusión | contribuciones) (New page: '''Fecha: 20041004''' '''Título: Quien es mi projimo?''' '''Original en audio: 14 min. 13 seg.''' Amados hermanos. Nuestro Señor Jesucristo parece que tenía una predilección es...)

(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20041004

Título: Quien es mi projimo?

Original en audio: 14 min. 13 seg.


Amados hermanos.


Nuestro Señor Jesucristo parece que tenía una predilección especial en buscar ejemplos que podían extrañar o incluso chocar a sus oyentes.

En más de una oportunidad pone como modelo a aquella persona que nosotros no nos esperaríamos, por ejemplo, frente a la autoridad de los adultos llama a un niño, lo abraza, lo bendice y dice hay que hacerse como este niño.

Frente a las pretensiones de los fariseos y demás hombres, pone como modelo a una mujer y una pecadora. Y le dice a Simón el fariseo, que ella lo ha tratado mejor a El.

Y también, Jesús busca un modelo extraño en el evangelio de hoy. Sabemos que había tensiones, conflictos de muchísimos años ente los Judíos y los Samaritanos. Y el ejemplo que pone Jesús hoy es el ejemplo de un Samaritano.

Aquí tiene que haber algo. Jesús esta tratando de que descubramos a Dios donde pensaríamos que no está. Esta obligándonos a mirar lo que nosotros desechamos. Esta queriendo que nuestros ojos se fijen y se fijen con atención y amor, allí donde pensamos que no hay nada que aprender y que simplemente se puede retirar la mirada.

Esta es la primera enseñanza de hoy y la podemos aplicar a muchas cosas en nuestra vida. Por ejemplo, a las personas que nosotros despreciamos en nuestra sociedad. No hay nada que podamos aprender de ello. O las personas que son menos respetadas y apreciadas en el mundo que conocemos.

Se habla de divisiones entre el norte y el sur. Primer mundo, segundo mundo, tercer mundo. ¿No tiene el mundo nada que aprender de eso que llamamos tercer mundo? ¿No tenemos nada que aprender de los marginados, los desplazados, los desechados? ¿De ellos, no tenemos nada que aprender? De los enfermos, de los ancianos, de ese que decimos: “mira ya se le puede matar”. Que de una señal y lo matamos. Eso es la Eutanasia.

¿De ese, no tenemos nada que aprender?

También podemos aplicar esta lección que nos da Jesucristo. Y que nos da de tantas maneras, si miramos a nuestra vida. También dentro de nosotros. También en nuestra existencia, hay cosas de nosotros mismos que nosotros desechamos. Y muchas veces, a través de esas cosas que no nos gustan de nosotros es como llegamos a reconocer el paso de Dios, es como llegamos a reconocer el amor de Dios y es como llegamos a reconocer la gracia de Dios.

Pablo estaba aburrido con una cierta dificultad o problema que tenia. Un aguijón clavado en su carne le llamaba el y estaba cansado con ese aguijón y estaba fastidiado con esa tentación o con ese problema. Estaba fastidiado con ese aguijón y quería que Dios le quitara eso, pero, la respuesta de Dios fue una declaración sobre la gracia: “Te basta mi gracia”.

Como si le dijera, mira es que a través de eso que es lo mas miserable dentro de ti, eso que es lo mas terrible dentro de ti, lo que te horroriza, lo que te escandaliza, lo que te fastidia, lo que te deprime, lo que te vence, a través de eso estoy mostrando quien soy yo para ti.

Esto es una ley general dentro de la gracia. Parece que Dios se goza en conectarse con la historia de los humanos a través de los más pequeños, de lo débil, de lo desechado, ya se trate en el caso de cada uno de nosotros, ya se trate en el caso de la sociedad.

Y el relato sigue...Se trata de un Samaritano y este samaritano hace, lo que no hacen lo que predican mucho sobre Dios. Un sacerdote pasaba por el mismo camino y no hizo nada (véase Lucas 10, 31). Un levita paso por el mismo camino y no hizo nada (véase Lucas 10, 32).

De pronto recordamos aquella vieja canción de fuerte contenido social, esa que dice: “con nosotros está y no le conocéis”. “Su nombre es el Señor y pasa hambre y clama por la boca del hambriento, muchos que lo ven pasan de largo, acaso por llegar temprano al templo”. Bueno, es un modo un poco agrio de presentar las cosas.

No deberíamos oponer la piedad que se dirige sustancialmente hacia Dios, y la piedad que se dirige sustancialmente hacia el hermano. Es decir, no deberíamos de oponer el ser una persona piadosa en el sentido de ser una persona de oración y el de ser una persona que se apiada en el sentido de ser una persona de misericordia.

Pero, si la canción presenta esa especie de ironía: “no atiende al hambriento porque va temprano al templo”, pues en cierto modo tiene derecho a hacerlo, porque Jesús como que inicia la ironía. Nos habla de un sacerdote y después de un levita, que son por lo menos de la misma tribu. Hablar por lo menos del mismo tipo de persona.

Es decir, que como una segunda enseñanza, es claro que nuestro Señor quiere enfatizar el peligro que hay en aquella persona que siempre tiene una teoría, y esto viene especialmente para nosotros los catequistas, misioneros, predicadores, sacerdotes. Nosotros tenemos mucho la teoría en nosotros. Y si vamos a ver cual es el reproche mas común, mas profundo y en cierto modo mas doloroso que el pueblo de Dios tiene contra sus pastores, se resume en su conocido refrán: “ El cura predica pero no aplica”.

Jesús, no con un refrán sino con esta parábola que queda grabada en nuestra mente para siempre después que uno la escucha, Jesús esta evidentemente luchando contra eso, esta oponiéndose a eso.

Mira el tema no es la teoría, no es lo que tú comprendes allá en tu cabeza. El tema es como está lo que sale de tu corazón, como están las obras de tus manos. De modo que aquí hay una advertencia severa, para nosotros los que tenemos tantas teorías, tantas palabras, los que tenemos tantas enseñanzas.

Y hermanos, no es otra cosa lo que nos predica el apóstol Santiago, acuérdate lo que dice Santiago allá en su carta: “Ustedes no quieran ser todos maestros por que los maestros tendremos juicio mas severos”. Esto lo dice Santiago, que seguramente le escuchó a Jesús muy bien el ejemplo del evangelio de hoy y muchos otros ejemplos.

El llevar la palabra de Dios es una bendición, es una alegría, a veces es motivo de honor. Pero, también supone un riesgo, vamos a llamarlo de esa manera. Porque aumenta nuestra responsabilidad a la hora de presentar cuentas a nuestro Señor.

El Samaritano que hizo. El samaritano reconoció a ese hombre como prójimo. Porque esa fue la pregunta que dio origen a todo. ¿Quien es mi prójimo? El que hace esa pregunta era otro teórico, un escriba, un estudioso. El quería que se le dieran las coordenadas, matemáticas, físicas, escriturísticas, filológicas, etimológicas, genéticas. El quería que se le diera la explicación de quien es el prójimo.

Resulta que el prójimo llega a mi vida sin explicación.

No busques el prójimo a través de explicaciones porque no las tiene. El prójimo no llega ante ti dentro de un esquema lógico, dentro de un esquema racional. El prójimo es precisamente aquel que tú no programaste.

Ese día seguramente el sacerdote, el levita y el samaritano, salieron de su casa con un programa, es decir, con un proyecto, con algo que querían hacer. Por algo estaban en ese camino. Lo más probablemente es que no estaban simplemente paseando, tenían un proyecto.

Pero, el prójimo es aquel que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que irrumpe en mi vida.

En la medida que el prójimo rompe, con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.

De modo que querido escriba, no le busque demasiadas razones a ese prójimo, porque el prójimo es el que rompe tus razones, el que rompe tus esquemas, es el que rompe lo que tu tenias programado.

El samaritano fundamentalmente se compadece. Ese es otro aspecto hermoso para meditar o para agradecer, por algo se ha llamado al mismo Cristo, judío, se le ha llamado El Buen Samaritano.

Y ese es Jesucristo, el buen samaritano. Y lo es sobre todo por esa palabra, la palabra compasión, la palabra misericordia. Esta es la palabra grande indudablemente de la Biblia, la palabra grande del Nuevo Testamento: La compasión.

Por compasión ha venido Cristo a esta tierra. Por su compasión y misericordia somos redimidos. Por compasión “se abaja”, “se abaja”.

En el caso de la parábola sucede ante nuestros ojos, se agacha, se abaja. Tener compasión es eso, es bajar con el otro, es bajar a la situación, a la verdad, a la realidad, al dolor del otro.

Eso fue lo que hizo el buen samaritano.

Nosotros necesitamos esa misericordia de dos maneras: la necesitamos por que nosotros estamos caídos, necesitamos redención y la necesitamos para poder darla a otros.

Nosotros llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de Dios, dice en algunas de sus cartas a los Corintios. "Si no hemos sido consolados por Dios no podemos consolar a otros".

Si no hemos sido destinatarios de compasión, no podemos ser fuentes de compasión. En la medida que me reconozco como hombre tirado en el camino, que ha recibido la visita del Dios compasivo, en esa medida, transformado por esa compasión, también yo adquiero el don, la capacidad de agacharme, de abajarme ante el hermano. También yo necesito recibir misericordia, porque necesito dar misericordia.

Hermanos, son tantas y tan bellas las reflexiones que nos trae este Evangelio. Yo no quisiera agotarlas todas, ni tampoco podría, solamente invito a cada uno a que reciba la visita del buen samaritano, a que reciba el aceite, tan bella esa imagen del aceite, la unción. El samaritano ungió al pobre hombre que estaba caído, pues eso también necesitamos nosotros. Necesitamos la unción del Espíritu.


Pidamos entonces al Señor que nos de la unción de su Espíritu, para que seamos transformados, para que seamos no solo objetos de misericordia, sino sujetos capaces de dar misericordia a los hermanos.

Que Dios se alegre en nosotros. Que su Evangelio suceda en nosotros y a través de nosotros en el mundo entero. Amen.