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Fecha: 19980228
Título: Dios tambien quiere y puede obrar con los casos mas dificiles
Original en audio: 7 min. 48 seg.
Queridos Hermanos:
Hay una serie de palabras que vamos a escuchar mucho tiempo en la Cuaresma. Se nos va a invitar a la oración, al ayuno, a la misericordia, y las lecturas de hoy nos traen una noticia hermosa, profunda, se nos va a invitar a la conversión.
¡Usted puede cambiar, esta es una gran noticia, esta es la noticia del Evangelio, usted puede cambiar!
Es una noticia que tiene Jesucristo, la tiene para nosotros en este día. El profeta Isaías nos presenta una invitación a la conversión: "Si respetas el sábado, si haces obras de misericordia te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob" Isaías 58,13-14.
Y el Evangelio nos lo muestra de una manera más clara: un hombre, idólatra del dinero, odiado de todos, con el corazón repleto de resentimiento, un hombre llamado Leví, era cobrador de impuestos.
Yo creo que la gente no ha querido nunca a los cobradores de impuestos, pero especialmente en la época de Jesús, este oficio tenía pésima fama porque los cobradores de impuestos no tenían sueldo, el sueldo tenían que conseguírselo ellos a base de exprimir a las personas, y se hacían ricos así, con las hambres y con las injusticias cometidas.
Usted puede cambiar. Leví se levanta, Jesús le hace la propuesta más demencial que se pueda imaginar; Leví tiene su negocio, tiene su manera de vivir.
Es una manera un poco ilícita, un poco al borde de la ley, porque ellos solían, como digo, cobrar mucho más de lo justo y así se hacían ricos. Y esa riqueza la pagaban con un precio alto: el odio de sus compatriotas; pero qué importa el odio, con tal de que haya plata.
Leví tenía la plata y tenía el odio; Jesús se acerca sin odio y sin plata, y le dice: "Sígueme" San Mateo 9,9. Es la propuesta más absurda que se le podía hacer a Leví.
Yo creo que Jesús en los Evangelios dio señales de su poder y de su amor, y en casos desesperados e imposibles, como para que nosotros entendiéramos que, aunque nuestro propio caso fuera difícil, muy difícil, Él podría obrar, y Él puede obrar, y Él quiere obrar.
Dígame qué caso más difícil que ese, un hombre odiado, un hombre arrinconado por el resentimiento de sus conciudadanos; viviendo al borde de la ley, apegado al dinero, con un solo negocio y con un solo amigo: su oro, ahí en ese mostrador.
Y a ese hueco, a esa caverna llega Cristo para decirme: "Sígueme" San Mateo 9,9; Cristo, que no tiene dinero, que no tiene futuro; y se levantó y lo siguió. Ese Leví es el mismo Mateo.
Usted ha escuchado lectura del evangelio según San Mateo, ahora es San Mateo, un hombre que maldecía con ira a sus conciudadanos porque también ellos lo maldecían.
Ese es un predicador de Jesucristo, ese es un santo. ¡Usted puede cambiar, su vida puede ser distinta!
Jesús dio muestra de transformar los casos más difíciles y los casos imposibles, para que nosotros también pudiéramos confiar.
Si vamos a pensar en enfermedades físicas, qué más bello que esas obras que salieron de las manos de Jesús; qué más bello que limpiar a un leproso con una palabra, qué más bello que eso; levanta un paralítico con una palabra, qué más hermoso que eso.
Y si se trata de resentimientos interiores, aquí está el caso de Leví; y si se trata de gente idólatra, está el mismo Leví y está Zaqueo, el del evangelio de Lucas.
Y si se trata de personas hambrientas de amor, hambrientas de afecto, con cuánta delicadeza, pero con qué firmeza supo hablar a la Samaritana para que no siguiera acumulando esposos, para que no creciera más la lista de maridos, para que supiera en dónde estaba su vida.
Cristo trató casos desesperados, hasta resucitar muertos; Cristo trató casos difíciles como el de hoy, el de este Leví; trató casos difíciles para que nosotros comprendamos que ninguna dureza es demasiado difícil para Él.
Si la roca del corazón de Leví pudo conmoverse ante la propuesta absurda de un predicador itinerante que era Cristo, un hombre sin plata, sin nada, sin futuro.
¿Ustedes se imaginan qué pensaría Leví, hombre calculador por excelencia, de la propuesta de Cristo? ¿Internamente qué pensaría él? "¿Qué estará pensando este Señor? Se le veía lo asoleado, se le veía lo pobre, se le veían las hambres que Él pasaba, y ahí va Cristo a proponerle: "Sígueme" San Mateo 9,9.
Lo lógico sería que Cristo le dijera: "¿Oiga, no me da empleo?" Pero no, Cristo no viene a ser seguidor de Mateo ni a pedirle empleo a Mateo, sino que viene a decirle a Mateo que sea discípulo suyo y que lo siga, y Mateo lo siguió.
Y claro, esto causó extrañeza en la gente, pues, un día entenderán. Por lo pronto nosotros hemos aprendido algo hoy: que en los casos desesperados, en los casos difíciles, también Dios sabe amanecer, también sabe dar una luz.
Y por eso yo me pongo a pensar así cuando se reúnen familias, amigos, vecinos, que a veces nosotros tenemos ciertos casos que consideramos difíciles, ¿no?
A veces en la familia hay gente que tiene fama como de piadosa y hay otra que tienen fama como de renegados, de duros, de alejados, de indiferentes.
De pronto Jesús está poniendo sus ojos en esas personas de nuestras familias o de nuestros vecinos; de pronto Jesús está poniendo sus ojos ahí para decirle una palabra a esas personas, y de pronto son esas las personas que nos pueden dar las grandes sorpresas.
Mientras que otros que parecían los grandes piadosos o que parecían los grandes buenos, esos se extrañan y dicen: "¿Pero cómo así que Dios va a llamar a fulano de tal si yo sé que ese es un endurecido de corazón?"
Hermanos, no desesperemos de nadie, mucho menos de nosotros mismos. Dios tiene su camino y su estilo, y Él sabe hacer su obra. Es maravilloso, es poderoso; Él sabe, y quiere, y lo logra.
A Él la alabanza por los siglos.
Amén.