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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000518

Título: El doble milagro de la Encarnacion y del envio

Original en audio: 17 min. 5 seg.


La frase final del evangelio de hoy contiene una promesa muy hermosa: podemos recibir a Jesucristo. Porque, "el que recibe al enviado de Jesucristo, lo recibe a Él" (véase San Juan 13,20).

Todavía algo mejor: podemos recibir a Aquel que envió a Jesucristo, a Dios, Nuestro Padre. Porque, "el que recibe a Jesucristo, recibe al que envió a Jesucristo" (véase San Juan 13,20).

Esta es una buena noticia para nosotros, porque quiere decir que Dios se ha hecho verdaderamente cercano.

¿Y quiénes son esos enviados de Jesucristo? Pues, en primer lugar los Apóstoles. Porque, a ellos dijo Nuestro Señor: "Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros" (véase San Juan 20,21).

Ellos son los primeros enviados. De hecho, la palabra "apóstol" viene de un verbo griego, "apostollo", que quiere decir, "enviar": enviar, poner en el camino.

Los Apóstoles son los primeros enviados de Jesucristo, y nosotros en la fe de los Apóstoles, recibimos la Palabra de Cristo, la presencia de Cristo, el amor de Cristo, la gracia de Cristo.

¡Es un milagro muy grande la Encarnación! Pero, yo creo que es un milagro comparable al de la Encarnación, ése que nos dice el evangelio de hoy.

Que Dios pueda ser visible en nuestra carne humana, es una cosa fantástica. Pero, esa Carne humana de Jesucristo, ese Cuerpo de Jesucristo, era perfecto, santo, inmaculado, Templo purísimo de la divinidad.

Por eso digo que es como una segunda Encarnación que ahora no sólo la Carne purísima de Jesucristo y no sólo esa vida inmaculada, sino también las vidas imperfectas, rústicas, golpeadas, heridas de los Apóstoles, puedan convertirse en instrumentos de Dios.

Aquí se ve como una verdadera proeza del amor: La Encarnación hace que Dios sea visible en nuestra naturaleza humana, pero el envío hace que Dios sea visible en nuestra miseria humana.

Ya no es sólo nuestra naturaleza, allá, perfecta, inmaculada en el Cuerpo de Cristo, sino incluso nuestra miseria, sanada, santificada por el Espíritu, levantada por la gracia, la que puede hablar de Dios.

Y en realidad, el primer milagro, -porque estoy hablando de dos milagros-, el primer milagro de la Encarnación, hubiera quedado como incompleto sin el segundo milagro.

¿Qué haríamos nosotros con admirar una Carne santísima y una vida del todo distinta de la nuestra? En cierto modo Dios hubiera quedado tan lejano como antes.

En cambio ahora que entendemos que Cristo acompaña a aquellos que ha enviado, Jesús que no se desprende de sus Apóstoles: "Yo estaré con vosotros" (véase San Mateo 28,20), les dice, ahora que entendemos que Cristo está ahí, presente, entendemos que el primer milagro se complementa con el segundo.

El envío de Cristo por el Padre, se complementa con el envío de los Apóstoles por Cristo.

Y sólo con estos dos milagros es posible que nosotros podamos recibir la Palabra que Dios nos envía, y podamos acoger la salvación que Dios quiere para nosotros. Este es un primer pensamiento que quería compartir con ustedes.