P044004a
Fecha: 20010510
Título: Dios nos dice: "Si quieres que yo te reciba, recibeme primero tu a mi!"
Original en audio: 5 min. 56 seg.
Yo creo que la forma de oración más popular, la que todos hemos practicado alguna vez, es la oración de súplica. Precisamente, porque somos limitados, porque tenemos necesidades y porque somos pecadores, todos alguna vez le hemos pedido a Dios.
Y en toda petición hay siempre le deseo de que Dios nos acoja, nos reciba. Cuando uno hace una petición uno quiere ser acogido, y precisamente los conflictos que a veces uno tiene con Dios es porque uno siente que no le ha recibido, que no le ha acogido.
Pues bien, el evangelio de hoy como que le da la vuelta a esa experiencia. Nosotros queremos que Dios nos reciba y hoy Jesús nos da la fórmula para nosotros recibirlo a Él y para recibir el que lo envió a Él.
Es como si Dios nos dijera: “Si tú quieres que yo te reciba, recíbeme tú a mí”. Yo creo que ahí está la clave de respuesta para muchas cosas. Jesús nos enseño: “Pedid, y se os dará” San Mateo 7,7, pero esa no es una fórmula mágica.
Ya un salmo escrito siglos atrás decía: “Sea el Señor tú delicia y Él te dará lo que pide tu corazón.” Salmo 36,4.
Cuando tú corazón está sintonizado con el corazón de Dios, tú petición está sintonizada con la voluntad de Dios. Y esa es la petición que no falla. De modo que para sentir que Dios te recibe, recibe tú a Dios.
Recibir a Dios es recibir al que Él ha enviado, es decir, a su Hijo Jesucristo, y recibir a Cristo es recibir a los que Cristo ha enviado. De este modo, a través de los Apóstoles y sus sucesores, a través de los misioneros, los predicadores, los catequistas, a través quienes dan testimonio de Cristo, acogemos a Cristo y a través de Cristo, recibimos al Padre.
¡Qué tal este Dios que tenemos!, que pide un poquito dentro de nosotros; uno quisiera tener un poquito de espacio dentro de la voluntad de Dios, dentro del querer de Dios, dentro del corazón de Dios.
"Dame un poquito de espacio en tí", le decimos a Dios, y Dios nos repite la misma frase: "Dame un poquito de espacio en ti", "¿qué lugar ocupo yo en tu vida?"
"Tú quieres que yo te reciba tus intenciones, peticiones, tus desconciertos, tus disgustos. ¿Quieres que tenga un espacio para ti, verdad? Bueno, dame tú también un espacio, que yo pueda tener un espacio en ti".
Pidamos al Señor que haya siempre un espacio para Él en nosotros para que nuestro corazón se sintonice con Él y para que así, nuestra voluntad se sintonice con la suya.
Yo quiero terminar diciendo que esto que parece tan bonito, que es casi un sueño, se ha cumplido. Los santos lo han vivido: nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán, es uno de los grandes santos de nuestra Iglesia católica.
Yo creo que ya aquí había contado una vez que en una vigilia, Santo Domingo le decía a un amigo suyo que era obispo: "No me acuerdo haberle pedido alguna cosa a Dios y que me la haya negado".
¡Qué grado de sintonía con Dios! Tristemente, ese no ha sido el caso mío, estamos muy lejos de esa sintonía, pero está la palabra de Cristo que entonces me dice: “Nelson, abre espacio en tú corazón para mí, si yo quepo en tú corazón, tú intención y tú voluntad entra en sintonía con la mía”
Eso es lo que Dios quiere, ese es el principio de la unidad, de la comunión. La comunión y la unidad se construyen así: que Dios esté dentro de ti, que tú estés dentro de Dios, así como el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre.