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Fecha: 20010421

Título: El Resucitado, es el Señor

Tiempo en audio: 20 min. 05 seg.


Como vemos, el episodio del milagro en el templo (Hechos 4,13-21) termina de la única manera que podía terminar, es decir, con dos terquedades, dos obstinaciones. Los sumos sacerdotes y las autoridades son muy claros en su prohibición: "Les prohibieron en absoluto predicar y enseñar en nombre de Jesús" Hechos 4,18.

Y Pedro fue muy claro en que no iba a hacer caso: "Puede aprobar Dios que obedezcamos a vosotros en vez de Él?" Hechos 4,19. Y los otros repitieron la prohibición, y Pedro salió y predico.

Lo primero que podemos comprobar en esa lectura que cierra este episodio de la sanación del lisiado, es que verdaderamente no hay negociación posible ahí; esa obstinación de los opositores y esa obstinación de los Apóstoles, no es una simple terquedad, no es un simple capricho, proviene de sendos modos irreconciliables de estar en el mundo.

Se trata de dos actitudes ante las cuales no hay negociación posible. Vienen a nuestra memoria las palabras de nuestro Maestro. Jesús ya había hablado de ese rompimiento, incluso en lugares tan amorosos usulamente, tan apacibles, como puede ser el mismo hogar: "En una familia de cinco, habrá tres contra dos y dos contra tres" [[:Category: ]].

Es decir que realmente la resurrección de Cristo es como una línea divisoria, es como un cuchillo, que parte todo afecto, toda realidad, toda sociedad, todo corazón. No es, repito, solamente asunto de gente tozuda, gente obstinada; es el efecto de la resurrección. La resurrección ocasiona un disección porque produce la división entre dos posturas frente a las cuales no es posible negociar.

xxxxxPredicamos a Jesús o negamos lo sucedido en Jesús, o predicamos que en verdad la resurrección ha sucedido o negamos la resurrección del Señor; esta línea divisoria, atraviesa todas las realidades humanas, eso quiere decir que también llega a nuestro propio corazón, también llega a nuestra propia vida y también nos enfrenta a nuestra capacidad de creer.

Aquí surge una pregunta ¿Qué es entonces creer en la resurrección?. No es fundamento afirmar que el que estaba muerto, estaba vivo, el problema no es que el muerto ahora esta vivo, el problema es ¿Quién es ese que estuvo muerto y ahora vive? El problema es que si esa vida es una vida invencible, ¿Esa es la vida a la que hay que llegar? Pero encima de todo poder, de todo dominio, por encima de todo imperio, por encima de todo gobierno, incluso por encima del Sanedrín.

Lo bueno de la resurrección es que crea a Cristo por encima del alcance de todas las presiones, de todas la políticas, de todas las seducciones, de todo lo que pueda ejercer en esta tierra o de todo lo que pueda amenazar esta tierra, lo grave de la resurrección no es que esta vivo simplemente, lo grave de la resurrección es que se quiso matarlo, lo grave es que todas las fuerzas de este mundo, se dan cita para urdir para destruir a Cristo y el resucita ya libre de esas fuerzas, de esas presiones porque -como hemos dicho en otra ocasión- porque los argumentos de este mundo son: “Tu me haces caso o yo te hago daño”.

Pero el resucitado dice: “Ya nadie puede ser dañado” la ultima amenaza es la ultima presunción sobre el ser humano. Resulta que la muerte no pudo contra este hombre, no pudo contra este cristo, por eso esta por encima de esos imperios, de esas pretensiones, de esos intereses, de esos miedos, de esas seducciones y de esas intrigas, de esas políticas y de esas violencias.

Si con Cristo nada de eso vale, si nada de eso0 fuera contra Él, entonces eres libre ¡Él es el Señor! .


Lo que quiero destacar entonces en segundo lugar es eso, la resurrección es una actitud radical, como dijimos en el primer punto, es una actitud que es libre y que causa un rompimiento irreconciliable, que solo puede ser salvado por la conversión o por la apostasía –lamentablemente-.

La resurrección produce todo eso, porque el Resucitado es el vencedor y porque el Resucitado esta diciendo: “También se puede vivir sin adorar los dioses de esta tierra y si ellos pretenden destruiros, pues tened sabido que hay vida, esa misma vida que yo tengo”. El Recitado es el Señor, ese es el resumen..

El que ha vencido a la muerte, ha vencido todo, porque los poderes de esta tierra, lo peor que pueden hacer, lo mas miedoso que pueden hacer y lo mas triste que pueden hacer es matar, ¿Y si eso no tiene poder? Entonces nada tiene poder con Él.

El que ha resucitado es el Señor, y de aquí podemos entender esa expresión que dice San Pablo en el capitulo 15 de primera Corintios: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe, si Cristo no ha resucitado, somo0s los mas desgraciados de todos los hombres”. Claro si Cristo no ha resucitado que hacemos nosotros siguiendo una vida que se priva de tantas cosas de esta tierra, que se priva de lo que ganan las alianzas, las intrigas, la violencia, la prepotencia, la altivez, la codicia, la trampa la hipocresía.

Seguir a Cristo, seguir la cruz de Cristo es evitar todas esas cosas; pero todas esas cosas producen mucho, trae muchas ventajas, el que esta por fuera de la rosca, el que no tiene todas esas amistades, el que no tiene todas esas influencias, el que se abstiene de tantas cosas porque no le gustan a Dios, pues lleva una vida que si se mira a los ojos de este mundo, es una vida sin gracia, es una vida reprimida, es una vida de esclavo, y llevar una vida de esclavo parea morirse como todos los demás, es la peor de las vidas.

Privarse de las ventajas de ser altivo, negociador, sagaz, descarado, aprovechado, soberbio; despedirse de todo eso que trae la codicia y el negocio y estar con el uno y con el otro, privarse de todas esas cosas es privarse de mucho. Pero nosotros tenemos una buena razón y es que nosotros creemos en virtud de la resurrección de Cristo, creemos que es bueno privarse de eso.

Si el mundo por debilidad o por lo que sea comete una falla, dice una mentira, inconveniencia o lo que sea, uno tiene que saber, uno sabe en su conciencia que ha obrado mal y por eso debe resarcir por el mal causado y sobre todo arrepentirse y confesarse.

Entonces entendamos, ya terminando esta Octava de Pascua que la resurrección es el Señorío y que el Resucitado es el Señor, entendamos que la resurrección no es solamente un hecho inexplicable, un hecho raro, la resurrección no es la declaración, de quién es el que tiene la aprobación de Dios y quién es el que sin someterse a las influencias y poderes de esta tierra, por decirlo de una manera popular, “se sale con la suya”.

Entonces Pablo que tenia estas cosas claras: “Si no resucitado Cristo, qué hacemos nosotros privándonos de tantas cosas, y tratando de perdonar a los que nos ofenden y orar por nuestros enemigos, y de ser humildes y de ser puros, ser generosos, de ser caritativos.”

Privarnos de tantos beneficios para luego terminar como todos, y Pablo en ese mismo capítulo dice: “Si Cristo no ha resucitado, la una ley que vale en la vida humana es la trampa, ganemos las amistades oír conveniencia, ganemos al máximo, aprovechémonos del débil” el famoso discurso de los impíos que se encuentra en Sabiduría 2 y siguientes.

La bondad, la sinceridad, la santidad, como se ve de nada sirve, ese es el parecer del que se siente fuerte en este mundo, aprovechar el momento, busque cuál es el poderosos de turno, haga sus amistades, cuadre las cosas a su antojo, ríase de todos, sea cínico, disfrute. Ese es el evangelio de Nitche.

Pero el cristiano dice. “¡No, yo no le voy a apostar a eso! Pero entonces me van a calumniar, entonces voy a perderme de muchas cosas, y voy a tener que arrepentirme de muchas cosas y voy a estar solo muchas veces, y no me van a entender, y no me van a aplaudir y no me van a agradecer...entonces me va a pasar lo que le pasó a mi Señor”.

Hay una buena razón para eso, creemos en el desenlace de esta historia, creemos que el Resucitado fue el primero que murió así, hasta el extremo y vemos en su resurrección que eso vale la pena, que eso es lo mejor, que eso es lo más grande, que eso es lo verdaderamente bello y que eso es lo que le gusta a Dios.

Aquí vine el tercer punto, ¿Y ahora quién puede convencer el corazón humano de eso, quien le puede traer al corazón humano la certeza de que eso es así? El evangelio que resume las apariciones, en el epilogo de San marcos, no es fácil. De manera que yo digo: “Si usted cree que la resurrección es fácil, entonces yo digo que usted es de los que no cree, o tal vez –con el debido respeto- nunca ha entendido de qué se trata este asunto”.

Porque creer en la resurrección es un poco lo que hemos dicho, en la primera carta de Juan. “El que dice que está en Él, tiene que vivir como él anduvo”. Entonces si uno cree que creer es fácil, yo creo que es que no esta creyendo, o tal vez esta diciendo que cree, esta soñando que cree.

El evangelio nos dice que no fue fácil, claro para nosotros acá como no esta n Anás y Caifás buscando a los seguidores de Cristo, para nosotros acá e más o menos indiferente decir que sí resucitó y declarar lo del dogma de la Iglesia, y eso esta muy bien. Pero estos otros, todavía tenían en la nariz el olor de la sangre y en sus oídos el estallido del látigo contra la carne de Jesús ; y ya sabían que si sucede, que la gente traiciona, mata es cruel y que ya les mataron a ellos.

Cuando llega María Magdalena y los otros testigos a decirles que es verdad, que resucitó, les costaba trabajo porque se trataba de la verdadera fe, la verdadera fe en el resucitado es la que nos pone en el camino que llevo Cristo hasta la muerte, para alcanzar la gloria que tiene Cristo.

Tener fe en el Resucitado, no es simplemente decir que uno cree, decir unas palabras, es ponerse en el camino de uno detrás de otro, ya mataron a este, a este, ahora sigo yo, pero yo creo ¡Ahí sí!, los que creen en el Resucitado en realidad son los mártires, esos son los creen en el Resucitado y detrás de ellos pues todos aquellos que han querido en su corazón entregar hasta el ultimo aliento de su vida por Jesucristo; esos son los que creen en el Resucitado.

Y aquí concluimos que llegar a esa verdadera fe del Resucitado no es cosa de que uno repita unas palabras, ahora entendemos que la fe verdaderamente es un don, y es un don del Espíritu Santo, así como la predicación es un don del Espíritu Santo, la acogida de la predicación es otro don del Espíritu Santo.

Porque en ultimas la eficacia del predicar como lo mostraron los apóstoles no esta en tantos libros ya leídos ni en que títulos tiene, la eficacia del predicar esta en el don del Espíritu Santo, el predicador, el que es verdadero predicador lo recibe del Espíritu Santo.

El que es verdadero cristiano, ese con un yodo como el de los iniciados, -decía el Cántico del Siervo- oír entendiendo, qué es lo que se está diciendo, esto qué me implica, esto que trae, así es una gracia del Espíritu Santo.

Por eso al terminar esta Octava de Pascua, tenemos que decirle a Dios: “Señor, gracias por la santa resurrección de tu Hijo Nuestro Señor Jesucristo, concédenosle don de una fe integra, sincera, robusta, sincera, en ese misterio que es el corazón de nuestra fe Cristiana. Danos Señor, regálanos Señor, verdadera y plena fe, danos fe, danos verdadera fe”.


Terminado ya la Octava de Pascua, el día de la resurrección de Cristo, es el día para suplicar y para recibir el don del Espíritu Santo.

Hemos hablado de la Pascua de Cristo y vemos como espontáneamente nos conduce el mismo tema a pedir el auxilio del Espíritu Santo, es decir, no puede haber tiempo pascual sin Pentecostés, Pentecostés no puede comenzar dentro de 40 días o los que falten, Pentecostés tiene qyue ser ¡ya!, porque solo viviremos la Pascua de Cristo, solo gozaremos del esplendor de Cristo, desde la obra de Dios, desde la obra del Espíritu Santo en nosotros.

A Él sea el honor y la gloria por los siglos. Amén.