Poc2006a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20090414

Título: Llamando a cada uno directamente por su nombre, Dios establece con cada uno una relacion nueva.

Original en audio: 28 min. 51 seg.


El evangelio de hoy, mis hermanos, es pura poesía. Es un lenguaje de luz, es un lenguaje delicado, profundo, vigoroso también. ¡Es el encuentro con el Resucitado!

Podemos imaginarnos la alegría, la sorpresa, el gozo incontenible de esta mujer, que había conocido lo más bajo y que aquí puede asomarse a lo más alto.

En tiempos de Jesús, la mujer era bastante despreciada. Ni siquiera se consideraba que el testimonio de una mujer era válido en un tribunal. Se decía que se requería el testimonio de dos mujeres, para igualar el testimonio de un hombre.

Y sin embargo, la primera persona a la que el Resucitado le muestra su misterio, le deja entrever su esplendor, es una mujer. Sabemos por el Evangelio, que se trata de una mujer además de terrible condición.

La Biblia la describe como atrapada por el poder del demonio. Habla de una mujer completamente perdida; utiliza ese número siete, el número que en la Biblia indica, "lo que está completo": "siete demonios" (véase San Lucas 8,2) se habían adueñado de esta pobre mujer.

Esa es la manera bíblica de describir un caso totalmente perdido, una vida sin esperanza, una de esas personas que han quedado arrojadas a la vera del camino, gente de la que ya nadie se preocupa, personas a las que casi no consideramos humanas; si acaso sirven como referencia, como mal ejemplo: "¡Cuidado te va a pasar lo que le pasó a la María ésa de Magdala!"

Y a esta especie de basurita, a este despojo humano en el cual se había cebado el demonio, reclamándolo como completamente suyo, a esa basura, o así lo consideraba la gente, llega el mensaje de la gracia, llega el mensaje de Jesús, llega la potencia de Jesús.

Y donde está Jesús no puede reinar el demonio. Así como donde llega la luz las tinieblas tienen que huir, Jesús llegó a la vida de María Magdalena, y el demonio tuvo que irse; muy a su pesar tuvo que irse.

Y esta mujer fue rescatada. Lo que parecía ser una basura, se convirtió en discípulo de Cristo. No es el único caso en los Evangelios. Otras personas que también eran despreciadas, consideradas como inútiles, repugnantes, fueron rescatadas por Cristo.

Dos ejemplos que vienen rápidamente a la memoria, son Mateo, el cobrador de impuestos, y luego, Zaqueo, también publicano, ladrón, de esas personas que todo el mundo conoce en el pueblo y las detesta, las desprecia y las odia con entrañas.

Especialista en los casos difíciles, o qué digo yo difíciles, Jesús es el especialista en casos imposibles. La especialidad de Jesús se llama casos imposibles, aquellas personas por las que nadie da nada, aquellas personas que parecen completamente perdidas, aquellas sobre las cuales no hay otro pronóstico sino desastre y ruina.

Y luego, el Resucitado sigue haciendo de las suyas, por lo menos eso aprendemos si seguimos el testimonio del Nuevo Testamento. Porque, está el caso también completamente perdido de San Pablo.

San Pablo no sólo detestaba a Cristo, no sólo odiaba a los cristianos, sino que había tomado como meta de su vida exterminar ese cáncer, lo que él consideraba como una enfermedad perniciosa del judaísmo.

Y a este hombre enconado en su odio, bien encarcelado en su arrogancia, perfectamente defendido por sus razones, a este hombre le llegó también su hora y fue convertido maravillosamente.

Primera enseñanza del día de hoy, mis amados hermanos en Tinaquillo: Jesús es el especialista en los casos imposibles. Para Jesús no hay casos imposibles: éso no existe. Hay maravillosas, hermosas conversiones que suceden todos los días.

Y si uno revisa la lista de los santos de nuestra Iglesia Católica, no es difícil encontrar muchos más ejemplos de casos que estaban completamente perdidos pero que fueron completamente recuperados.

El objetivo de la Pascua, hermanos míos, es que nosotros podamos decir: "Yo era un caso perdido, pero soy un caso encontrado. Yo era un caso imposible, pero Dios hizo posible mi vida en Cristo Jesús".

Esta era María Magdalena, convertida por el poder de la Palabra de Cristo, cautivada por la pureza del amor de Cristo que la amó sin utilizarla.

Esa es la grandeza de Cristo, y de esto tenemos que aprender todos, pero especialmente los varones. Amar, verdaderamente amar a la mujer, es saber amarla sin utilizarla. Eso fue lo que la Magdalena encontró en Jesucristo.

Y como el demonio quedó resentido, -porque el demonio es vengativo-, como el demonio quedó resentido de que se le escapara esta presa que ya consideraba suya y ya la tenía lista para el infierno, como el demonio quedó resentido por esa pérdida, entonces a lo largo de los siglos, desde esa época, desde el siglo primero hasta nuestro tiempo, se ha encargado de arrojar basura, estiércol y mentira sobre la santidad de María Magdalena e incluso sobre la santidad de Jesucristo.

Como el demonio ha quedado resentido porque se le escapó esta presa, entonces quiere que nuestra mente piense mal de Cristo y de la Magdalena. Es la manera como intenta vengarse. Mas, nosotros no le daremos ese gusto.

¿Y saben quién sí le dio ese gusto? Un hombre por el que hay que orar; se llama Dan Brown. Él escribió una obra perversa, blasfema, y se hizo millonario con ella. Esa obra se llama, "El Código de Da Vinci".

Ese hombre le prestó sus manos y su boca a Satanás, para ofender la pureza de Jesucristo y para ofender la santidad de María Magdalena. Ese hombre sirvió de instrumento del demonio para envenenar las mentes de muchos católicos, utilizando Satanás esa boca para desquite. Porque, al demonio le dolió perder la víctima que ya tenía lista.

Cada vez que vuelvas a oír un sólo insulto, una sóla blasfemia más sobre la pureza inmaculada y virginal de Jesucristo, o sobre cualquier relación de Cristo con esta santa mujer, -santa, porque fue conquistada por la gracia divina-, cuando vuelvas a oír éso, acuérdate de esta predicación y acuérdate que tú no puedes ser instrumento del demonio, como lamentablemente lo fue Dan Brown en esa obra.

Esto no significa que Dan Brown se vaya a condenar. Yo pienso que nosotros tenemos que orar por él, así como hay que orar por mí y por todos. Todos tenemos que orar por todos.

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