I031002a
Fecha: 20010122
Título: Guardemos abiertos los caminos de la salvacion
Original en audio: 28min. 13seg.
¡Qué gravísima equivocación la que cometen estos hombres, qué terrible equivocación!
Las autoridades religiosas de aquella época no pudieron reconocer cuál era el poder, cuál era la sabiduría, cuál era el amor que movía a Cristo, y por eso llegaron a decir hasta estas graves tonterías que acabamos de escuchar, hasta decir que el mismo Cristo tenía pacto con el diablo para sacar el diablo, qué terrible y pavorosa equivocación.
Uno puede equivocarse y puede equivocarse gravísimamente juzgando a las personas, lo primero qué aprender de esta lectura es eso: qué grave es juzgar a las personas, porque podemos equivocarnos gravemente como se equivocaron ellos, y ellos pensaban que estaban defendiendo los intereses de Dios y estaban pensando que estaban sirviendo a Dios, pero mira qué cosa tan terrible la que decían.
Lo primero que tenemos que aprender es de las graves equivocaciones que cometemos al juzgar a otras personas, pero no sólo dejemos esta enseñanza así en general, aquí se trata de un juicio sobre Cristo y Enviado de Dios, y yo me pongo a pensar en cuánto daño hicieron o pretendieron hacer a mi corazón tantas personas que me hablaron mal de la Iglesia, que me hablaron mal de los sacerdotes; yo he rezado y voy a seguir rezando.
A profesores que tuve en mi colegio, que no sabían hablar de monjas y de sacerdotes, sino para decir vulgaridades, calumnias o chistes de mal gusto, o para sacar lo más enfermizo, lo más morboso de los errores que pueda cometer una persona consagrada.
¡Qué daño tan terrible el que se pueda hacer y qué daño tan terrible que nos han hecho tantas personas!, ¡y qué daño tan terrible el que se sigue haciendo separando a la gente de las fuentes de la salvación!
Meditemos, mis hermanos, en la gravedad de lo que aquí se trata por hablar mal de la Iglesia, por hablar mal de los sacerdotes, por hablar mal de los sacramentos. Hemos separado y distanciado a muchas personas de las fuentes de la salvación, ¿significa eso que tenemos que ser unos aduladores?, ¿y qué, tenemos que decir que todos los sacerdotes son unos grandes santos?
No, hay errores terribles en nosotros los sacerdotes, hay pecados terribles en nosotros, pero en primer lugar, es un pésimo error generalizar, y en segundo lugar, Dios está mucho mas allá de los errores que pueda cometer un sacerdote o una religiosa; Dios está mucho mas allá, y en ocasiones sabrá utilizar incluso a personas que han cometido errores y podrá utilizarlas para que nos ayuden.
Yo les invito a que tomemos una actitud un poco más resuelta en esta materia: la próxima vez que alguien venga a hablarte mal de la Iglesia, de las religiosas, de los sacerdotes o del Papa, lo mínimo que podemos hacer es decirle a esa persona “te pido, por favor, que respetes mi fe; y mientras aprendemos la verdadera historia de lo que me estás contando te pido, de favor, que no sigas hablando de esa manera en mi presencia, es demasiado el daño que se comete".
¡Qué grave peligro alejar a la gente de las fuerzas del bien y de las gracias de la salvación! Si una persona estuviera enferma y necesita un determinado remedio, que sé yo, por ejemplo, un antibiótico, y hay una droguería donde venden ese antibiótico y es la única del pueblo donde se consigue, y tú supieras que esa es la única droguería y no le dices nada al enfermo y lo dejas que se muera, ¿cómo le tendrías que llamarle a esa persona? ¡Asesino!
Pues eso es lo que sucede aquí. Hay gente que parece que no tiene más oficio que hablar mal de la confesión y de hablar mal de los sacerdotes, ¡qué terrible eso!
Entonces, ¿qué actitud debemos tomar ante eso? Ya se dijo, en primer lugar, detener a la persona que está hablando, en segundo lugar, hay que reconocer que en la Iglesia hay muchas fallas, claro, no lo podemos negar, que ha habido gravísimos pecados en los sacerdotes, no lo podemos negar; que ha habido Papas indignos de ese nombre, claro, no lo podemos negar, pero no vamos a caer por eso en la generalización y no vamos a caer por eso en retirarnos de la Iglesia, ¡no cometan ese error!
Si alguna vez un médico, por ejemplo, comete un error y un error perverso, ¿tu dejarás por eso de ir al médico y dejarte morir? Claro que no, tú buscarás otro médico, el único que te pueda guiar o que te pueda ayudar.
Por eso hoy, en el nombre de Cristo, te digo: si alguien te ha apartado de la Iglesia, porque eso pudo haber sucedido, cuánta gente se ha apartado de la Iglesia por eso: "me fui a confesar y el padre era un amargado, era un neurótico, por eso nunca me fui a confesar, llevo veinte años sin confesarme".
Si fui ante un médico que me formuló una droga que no era, y por eso es que hace veinte años que no voy al médico, ¿harías eso?, ¿no sería una gran estupidez? "Fui a donde un médico y por eso ahora todos los médicos son unos desgraciados"
Le pregunté una dirección a un policía y como no la sabía, jamás he vuelto a contar con las fuerzas del orden, ¿harías eso? Por eso nuestra segunda enseñanza es: guardemos abiertos los caminos de la salvación.
Hay una historia que a mí me hizo llorar cuando la vi por primera vez. Una amiga mía religiosa estuvo haciendo misión en en un pueblo vecino nuestro, el pueblo cubano, ustedes saben que precisamente por el régimen comunista la religión cristiana estuvo prácticamente proscrita, estuvo prohibida, se trató de erradicar completamente la memoria de Jesucristo; en los programas de los colegios ni siquiera se mencionaba Jesucristo.
Esta hermana estuvo en Cuba cuando parece que la situación estaba cambiando, hoy es realmente mejor que hace algunos años. Bueno, esta religiosa estuvo allá haciendo misión y tratando de predicar el nombre del Señor. En muchos casos a las religiosas les iba mejor en la predicación que a los sacerdotes, porque el régimen comunista vigilaba muchísimo más a los hombres, quiero decir, a los sacerdotes que a las mujeres consagradas.
De manera que hay toda una generación de heroínas en la fe que se dedicaron a propagar el nombre de Cristo en Cuba. Bueno, mi amiga religiosa estaba celebrando una vez la Navidad con un grupo precisamente de niños y de jóvenes; como nosotros vivimos en un país que hay una Iglesia cada pocas cuadras, como aquí hay tantos sacerdotes y como hay tantísimo católicos, uno cree que es así en todas partes, o se nos olvida que no es así en todas partes.
Esta hermana, en esa escasez tan terrible de sacerdotes, estaba dirigiendo la ceremonia de Navidad, obviamente, la Misa no, pero estaba haciendo una liturgia y estaba haciendo unas lecturas y estaban hablando del nacimiento de Cristo.
Los que asistían ahí eran algunos niños, adolescentes y adultos jóvenes y también gente muy mayor de aquella que había soportado toda la persecución comunista como el que aguanta una aguacero en descampado, habían soportado el chaparrón ¡firmes en Cristo!
Y bueno, ella seguía hablando y leía el texto del evangelio: que nació Jesús, que nació por nosotros, el amor de Cristo, quién era el Niño Jesús, cuando de pronto uno de esos muchachos, un joven que en esa época debía tener unos veintiocho o treinta años empieza a llorar y llorar, de manera que aunque no era mucha la gente que había en esa reunión, yo no tengo ni idea de los que se reunieron, pues tuvieron que suspender la reunión, y la hermana le preguntó a este muchacho, a este hombre, porque a veces conmueven más las lágrimas de un hombre.
Y le preguntaban por qué lloraba así si era la fiesta de Navidad, este tipo, este muchacho, con un dolor infinito y con rabia decía: “aunque fuera por cultura general, tenían que habernos hablado de Cristo, tenían que habernos dicho que Él existía". ¡Cuánto tiempo perdido, veintiocho años, y no había tenido una Navidad!
Ese terrible régimen, ese régimen ateo había separado a ese muchacho durante veintiocho años del Salvador y lo había separado de Jesucristo, había puesto una muralla de ignorancia, de indiferencia, de distancia. No es muy distinto que el caso de droguería que les había dicho: Jesús viene como remedio, como medicina de nuestras vidas.
¡Qué gravísimo pecado el separar un alma de Cristo, que gravísimo pecado es ese! "Aunque fuera por cultura general, tenían que habernos dicho quién es Cristo", y seguía llorando aquel hombre.
Que luego yo escoja aceptarlo o rechazarlo. Y de aquí sale nuestra tercera enseñanza: a nosotros nos corresponde ser misioneros. Si ustedes quieren saber cuál es el documento del papa Juan Pablo II que a mí más me gusta, es: “La Misión de Cristo Redentor”.
El título en latín, que a veces uno lo identifica así, es: "Redemptoris Missio", es maravilloso lo que nos dice ahí el Papa sobre la evangelización, porque a veces se cree que la tolerancia consiste en no hablar y que se cree que respetar las ideas de otras ideas de las otras personas es no decir las ideas de uno; el Papa, con esa limpieza de razonamiento que le caracteriza, pone el dedo en la llaga y nos dice: "no, señor, ofrecer no es imponer".
Nosotros los cristianos tenemos el derecho y el deber de ofrecer el nombre de Cristo, hay que presentar el nombre de Cristo, que luego la persona no lo acepte, será problema de ella, pero a nosotros lo que nos corresponde es ofrecer el nombre de Cristo, presentar el rostro de Cristo, eso es lo que a nosotros nos corresponde.
Esto tiene mucho que ver con aquel tema que siempre se discute entre católicos y protestantes sobre el bautismo de los niños.. . "no, que no hay que bautizar a los niños, hay que esperar a que sean grandes para ver que resuelven".
Me acuerdo un padre que hacía esta explicación y decía: "oiga, entonces usted no le va a hablar a su hijo hasta que tenga quince años porque usted no sabe que su hijo va a escoger el español, el ruso, el francés, el alemán, ¿o qué?, ¿entonces usted no le va a hablar al hijo, ¿o qué?, para ver qué idioma le gusta?"
Yo por eso les digo, en el nombre del Señor, sobre todo a los niños, a sus jóvenes, a sus hijos, a sus amigos: si ustedes creen en el Señor, si creen en Jesucristo, presenten el rostro de Cristo, presenten la vida de Cristo.
El texto de hoy nos invita a hacer una evangelización; ofrece y presenta el rostro de Cristo, y no sabes quién se va a convertir, tú no sabes en qué momento alguien se va a convertir; si tu ocultas el tesoro que tienes, eres culpable por omisión, eso no te lo puedo quitar de encima.
La fe es un tesoro inmenso, si tú ocultas la fe que tienes, si tú ocultas a tu amigo o amiga la fe que tienes, si tú le ocultas a tu hermano, padre o madre la fe que tienes y que tal vez es la fe que esa persona está esperando y necesitando, pues tú eres también responsable de lo que suceda con esa persona.
Es muy importante que nosotros revisemos cuáles son nuestras amistades, cuáles son nuestros vecinos, pacientes, amigos; que revisemos y que pensemos quién puede estar esperando una noticia de Cristo; no esperes, por favor, a que la gente se desespere o que la gente haga estupideces, que se suicide; no esperes a que sucedan tonterías, tú tienes un tesoro que se llama tu fe y tienes, nos dice el Papa, el deber y el derecho de ofrecerlo, nunca imponer.
Algunos cristianos interpretan mal las cosas y entonces quisieron imponer por la fuerza, no es la idea, ofrecer sí, ofrece el nombre de Cristo, que no vayas a ser el culpable de que una persona, como ese muchacho cubano, haya tenido que vivir veintiocho años lejos de Jesús.
Ayer estaba hablando con una amiga, creo que la puedo llamar amiga, hemos hablado pocas veces, pero las suficientes para sentir que los corazones están muy cerca en Cristo, es una cantante muy conocida en Colombia, Isadora, Isadora vivió un proceso muy fuerte de conversión y ama entrañablemente a Cristo y a la Santísima Virgen.
Me comentaba Isadora de por qué ella sigue cantándole a Dios habiendo tantas dificultades económicas para esto de financiar música católica. Ella comenta que en el último CD que sacó hay una canción que toma la frase del evangelio: “¿de qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?”, y es un CD.
Resulta que para que vea usted cómo Dios se las arregla, resulta que había una familia donde el papá absolutamente indiferente en asuntos de religión, él creía que la religión era para viejas, o más bien dicho, para viejitas, menopáusicas, desocupadas, viejas guapas, mira nada más, que andan con el cura, pero yo que soy un hombre en la plenitud de mis fuerzas, ¿yo para qué necesito religión? La esposa tenía una actitud parecida: "lo que yo quiero en la vida lo tengo, tengo el apartamento que quiero tener, tengo el carro, la profesión que quiero tener, ¿para qué necesito a Dios?
De manera que estas dos montañas de petulancia y de autosuficiencia, ¿para qué necesitaban de Dios? Bueno, tuvieron varios hijos y resulta que yo no sé si esos hijos estaban bautizados o no, si estaban bautizados era por un acto social, que es algo así como el registro de estos pueblos del Tercer Mundo.
Resulta que tiene importancia la música; el CD de Isadora tiene ese canto “¿de qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?”, que es una de las frases impresionantes de Cristo, porque cuando uno se esté muriendo entonces vamos a ver para qué sirve el apartamento, el carro y para qué sirve todo; esto ciertamente no va a ayudar a darle paso a tu agonía.
Y tiene una música muy pegajosa, y resulta que en una reunión con unos amigos, la niña de siete años oyó la canción y se le quedó el estribillo y lo repetía, fíjate uno le conmueve que Dios se vale de esas cosas para rescatar almas. Pues bien, un día este señor ateo, si no teórico práctico, oyó que la hija estaba cantando eso y le preguntó: "¿usted de dónde sacó eso?" "No, que lo oí en la casa de no se quién, que donde estaban oí eso".
El papá siempre le llamó la atención que la hija resultara con un canto, si él ateo y la mamá atea. Pues vino a pasar el tiempo y en algún problema de discusión que tuvieron en la casa, la niña se convirtió en la predicadora de los papás, porque eso está pasando hoy en las familias, benditos son los hijos los que tienen que ayudar convertir a los papás, y le dice la niña al papá: “papi, ¿pero de qué te sirve ganar al mundo si perdiste tu alma?”
Y este hombre sintió a Dios que le estaba hablando por la carita de la niña, sintió que no había estupidez más grande que lo que estaba haciendo, sintió que olvidarse de Dios no le iba a ser ni más macho, ni más empresario, ni más ejecutivo.
Sintió que encontrarse con Dios no era perder nada, sino era ganar todo, y sintió que sin Dios todo lo tenía perdido. Le ha entrado una crisis de llanto a este hombre de sentir que la hija de siete años sabía más de la eternidad que él con todos los posgrados, con todo el dinero y con todas las cuentas bancarias, la hija sabía más que él.
Luego se pusieron en la tarea de averiguar quién era esa cantante, cuál era ese CD, hasta ir donde ella y decirle: "gracias, porque gracias a usted y a esa canción que oyó mi hija, hoy somos una familia que cree en Dios".
Se convirtieron por una canción, se convirtieron por una melodía, por eso les digo: cuidado con separar a la gente de Dios, cuidado con separar a la gente de la Iglesia y por eso, con sentido positivo, ofrece a Cristo, porque tú no sabes, no puedes saber nunca, cuando el mensaje que tú des le va a llegar a la otra persona; una frase que tú digas hoy puede servir de aquí diez, quince o veinte años.
En Bogotá conozco a un grupo de mujeres consagradas en el mundo, se llaman vírgenes seglares, son personas que se reservan para Dios, viven una espiritualidad de esposas para Cristo, pero no viven en conventos, viven en sus casas.
Bueno, el hecho es que una de estas mujeres consagradas, que tienen sus trabajos y todo, y una de estas mujeres me comentó una historia con la que quiero terminar la predicación de hoy. Figúrese usted que ella es una persona llena de amor por Jesucristo, es una persona consagrada a Dios, es una persona tan enamorada de Cristo que de hecho descubrió que ningún amor de esta tierra le iba a llenar tanto como Cristo y por eso se dedicó sólo a Cristo.
Por esta causa la gente se burla y la misma gente pregunta: ¿o sea que no se va a casar, o qué? Mire, a esas pobres mujeres, a esas vírgenes seglares, que es un grupo que está empezando como les dije, les han dicho de todo, las han insultado de mil modos, las han maltratado, que si son raras, bueno les han dicho de todo.
Pues vino y pasó que ella en su trabajo tenía tres o cuatro compañeras en la misma oficina y le hacían todo por burlarse de ella, vino la burla típica: llega ella al trabajo y las otras están hablando y empieza la risita y la murmuración y el mirarse y callémonos porque llega santa Clotilde a los pies del divino rostro; y el ambiente frío y sentir que lo aíslan a uno, pero ella paciente, porque “es que la paciencia todo lo alcanza”, dijo santa Teresa de Jesús.
Ella, paciente, sigue creciendo su testimonio de Cristo y déle con su testimonio de Cristo y aguante, y aguante, porque hay casos que son de aguante. Me decía ella: "¿sabes lo que me acaba de pasar? Resulta que una de mis compañeras de trabajo se le complicó el embarazo, parece que peligra la vida del niño y quizá hasta la misma vida de ella y para mi sorpresa, la primera persona a la que le quiso contar y la primera persona a la que le pidió oraciones fue a mi.
¿Qué significa eso? Que la misma persona que hoy se burla de ti, y te dice: "santurrón, rezandero, hipócrita" y mil cosas más, esa misma persona seguramente dentro de quince días o en el mismo día va ir a decirte: "oiga, señor santurrón, ¿me ayuda con una novenita?, ¿me ayuda con un rosario? Usted, ¿qué va a decirle?, ¿usted cree que Dios me ayuda?
¿Quién por favor, quien entre nosotros tiene un seguro de vida que lo deje exento de pasar por un mal momento, por una enfermedad, por un secuestro, por una desgracia?, ¿quién de nosotros es tan loco que va a pensar que nunca va a necesitar de Dios?
Todos vamos a necesitar de Dios, todos necesitamos de Él, por eso hay que ofrecer el testimonio de Cristo. ¿Que de usted se burlan sus compañeros del colegio, de la universidad, claro, eso es muy duro que se burlen de uno, que la gente del colegio tiene historias que contar y usted lo único que sabe es de los grupos de oración, y de la Misa de sanación y de no sé qué?
Y las otras con unas historias de doble "X", triple "X", de adultos, y luego usted no sabe qué decir y luego dice: “estuvimos ensayando villancicos”; eso es una cosa muy cruel y muy dura, porque todas las otras tienen unas historias terribles qué contar y usted no sabe qué decir.
Pues yo les digo a los que pasen por esto, les digo, sigan y sigan, presenten una y otra vez a Jesucristo, que los mismos que hoy se burlan, la misma que hoy se burla de ti porque llevas una vida en pureza y no llevas esa vida libertina, esa misma, dentro de aquí a quince días te va a buscar para decirte: "¿oye, qué hago? Creo que estoy embarazada", "¿oye, qué voy hacer me siento sola?", "¿qué voy a hacer, nadie me ama y necesito un verdadera amiga?".
Ten paciencia, ten aguante y ten presente a Jesucristo, que Jesucristo el Señor, Jesucristo el Rey de Reyes, Él es la respuesta incluso para aquellos que dicen tonterías, como dijeron tonterías los señores del evangelio que acabamos de oír.
Bueno, ya nos alimentamos de la Palabra, ahora vamos a alimentarnos del Pan de los cielos y vamos a salir con una condición profunda: presentar y ofrecer una y otra vez a Jesucristo. A Él honor y gloria.
Amén