Msan005a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha:20010410

Título:

Original en audio: 21 min. 21 seg.


La primera lectura de estos días, es decir, lunes martes y miércoles, está tomada del profeta Isaías. Ya decíamos ayer, se trata de los "Cánticos del Siervo", composiciones poéticas que a nosotros nos sirven para conocer el alma de jesucristo.

Porque el objetivo de la Semana Santa no es ver a un hombre despedazado, como los que se ven en las masacres; el objetivo de la Semana Santa es ver un alma llena de amor.

Hasta cierto punto puede decirse que, a medida que el Cuerpo de Cristo queda desnudo de ropas y queda vestido de sangre, a medida que el Cuerpo se abre hasta quedar traspasado por la lanza, se va viendo, por decirlo así, el alma de Cristo.

Y a nosotros nos interesa eso: ver a Cristo por dentro, y las lecturas de estos tres días nos ayudan, están tomadas de Isaías, capítuo 42, Isaías 49, Isaías 50 e Isaías 52, el dehoy fue Isaías 49.

Una descrpción del Siervo de Dios, que es una descripción de qué significa servir a Dios, porque como también ya decíamos, el que le pretó el gran servicio a Dios, el gran Servidor de Dios es Jesús, Él es el que sabe cómo servir a Dios.

Recordemos lo que dijo Cristo una vez: "Llegará un día, -les dijo a los discípulos-, en que quien os mate creerá que está sirtviendo a Dios, que está dando culto a Dios" [[:Category: ]]. O sea que uno puede equivocarse en el servicio de Dios, hasta esos extremos.

Aprender a servir a Dios, ¿cómo? Mirando al que sabve servir a Dios. Porque servir a Dios es hacer su voluntad, y la voluntad de Dios es la que vemos plenamente cumplida en Jesucristo; Cristo comía voluntad de Dios.

Como dice el episodio aquel con la samaritana: "Llegaron los discípulos del mercado, le insistían: "Maestro, come" San Juan 4,31, y jesús les decía: "Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis" San Juan 4,32.

Y ellos se ponían a pensar: "¿Será que alguien le trajo de comer?" San Juan 4,33, y entonces Jesús, que ya sabía que los discípulos no se pescaban ni una, les aclaró: "Mi alimento es hacer la voluntad del Padre" San Juan 4,34.

Jesús comía voluntad de Dios, se alimentaba de vountad de Dios; la voluntad de Dios fue el sello de su vida, esto lo dice la Carta a los Hebreos, cuando recuerda aquel salmo; dice la Carta a los Hebreos: "Al entrar en este mundo, Cristo dice: "Aquí estoy para hacer tu voluntad"" Carta a a los Hebreos 10,9.

O sea que Cristo es el verdadero Servidor de Dios, el que puede contarnos qué es servir a Dios, o sea, cuál es la voluntad de Dios.

Bueno, se pueden decir tantas cosas sobre este pasaje tan bello de Isaías, Isaías, capítulo 49, versículos del 1 al 6: "Estaba yo en el vientre y el Señor me llamó desde las entrañas maternas y pronunció mi nombre" Isaías 49,1.

Hagamos una pequeña reflexión sobre ese versículo, El profeta Jeremías tuvo una experiencia semejante: "Antes de que te formaras yo te elegí" Jeremías 1,4.Debe ser una cosa maravillosa sentir que la voz de Dios le dice a uno eso: Es que yo te tengo escogido desde el vientre de tu madre".

Hay profetas que han tenido esa experiencia, pero también nosotros, porque Dios tiene un plan para cada uno de nosotros; y el dolor que siente uno en la conciencia cuando uno comete un pecado, no es otra cosa sino sentir que uno se está apartando de lo que fue hecho.

Imaginémonos, por ejemplo, que yo tomara una máqina lavadora y dijera: "Como esta máquina tiene unos rodachines abajo, yo la voy a utilizar como un carro de mercado", y me voy con mi lavadora arrastrando el carro a la plaza, y donde se echa la ropa echo el plátano y la yuca y la carne y el pescado.

Y me voy arratrando mi lavadora. Todo el mundo diría: "Usted está loco, esa máquina no es para eso". Y desde luego, esa máquina con todos esos jugos de carne y de pescado pudriéndose allá, y con esas frutas, se convierte en un asco; muy pronto se echa a perder ese aparato que podría ofrecer un gran servicio.

No sirve para eso: ¡lo daño, hombre! Cada cosa fue hecha con un determinado propósito; si yotomo este micrófono y me lo llevo a esa cancha y digo: "¡Voy a jugar fútbol! Me conseguí una pelota de fútbol y voy a jugar fútbol con el micrófono.

"-Ay, cómo se le ocurre, usted está loco, ¿cómo va a jugar fútbol con un micrófono?" "-No, yo quiero jugar fútbol con el micrófono". Claro, después de tres o cuatro paradas, ese micrófono da es lástima.

Eso es lo que lepasa a la vida humana: nosotros no fuimos hechos para el pecado. La tristeza que uno siente cuando ve pecado en la vida de uno es esa tristeza: "¡Oiga, yo no fui hecho para esto!"

Una vez, un hombre que había participado en una terrible masacre, despedazando vivos a seres humanos, se aburrió de tanta sangre, lleno de desespero desertó de ese grupo armado en el que estaba, se fue de ahí. Lleva años en tratamiento psiquiátrico, se despierta por las noches gritando con escenas horripilantes de pedazos de cadáver destilando sangre.

"Yo no fui hecho para eso, Dios no me dio unas manos para que yo hiciera lo que hice, para eso nos son mis manos". Ese es el dolor que uno siente.

O lo que uno se encuentra como sacerdote muchas veces: ese dolor casi infinito que tiene la mujer que ha abortado: "Dios no me dio mi vientre para que fuera un sepulcro, sino una cuna; yo hice de mi matriz un sepulcro; Dios no me hizo para eso, Dios no me dio una fuerza de vida, Dios no me dio esas células de vida, Dios no me dio esa matriz para que yo hiciera lo que hice".

Esto es mucho más grave que coger a patadas un micrófono, es mucho más grave que echarle unas libras de carne a una lavadora. El pecado es el dolor de eso: "Estoy metido en lo que no es, esa no es mi vida, esta no es mi vida, mi vida es otra".

Ese es el dolor que siente una persona cuando se despierta de su borrachera y ve que se acaba de gastar el dinero del mercado de los hijos, y ve la mirada de la niña pequeña que todavía no sabe hablar pero ya lo reprocha: "¡Por qué te comite mi dinero! ¡por qué no me amas!"

Lo que el hombre siente en su corazón es: "Soy un desgraciado, ¿por qué hice esto? ¿Por qué me porto así? ¿Por qué hago estas cosas? ¿Por qué?"

El pecado es ese, el pecado es apartarse del plan de Dios. La próxima vez que sienta tentación de algún pecado, usted ya siente lo mismo que yo: acuérdese de una lavadora llena de pescado y de sangre y de frutas, y acuérdese de un micrófono agarrado a patadas en una cancha.

El micrófono no se hizo para eso, usted no se hizo para el pecado. ¿Qué quiere decir esto? Que en cada uno de nosotros hay una vocación, en cada uno de nosotros. Dada uno de nosotros tiene una vocación, alguna.

Casi siempre asociamos vocación con la vocación religiosa. Hoy, por ejemplo, nos acompañan estas hermanas, aquellos frailes, ellos tienen vocación, sí, seguramente que sí, bendito sea Dios; pero la vocación es para todos.

Tú ¿para qué viniste? Tú ¿para qué estás? ¿Qué estaba pensando Cristo cuando tú naciste? ¿Qué soñaba Cristo cuando tú fuiste bautizado? ¿Qué soñaba Cristo?

Porque si tu vocación es una vocación de servicio y es una vocación de amor, mientras no sirvas y mientras no ames, vas a estar con esa tristeza, con ese desasosiego, con esa angustia, con ese no hallarte en inguna parte y buscar por todos lados.

Estás fuera de tu sitio; dice el refrán: "Como gallina criando patos", fuera de tu sitio, en una tarea que no te corresponde, en una vida que no entiendes.

Hay que pedirle a Dios: "Señor, tú me llamaste-, vocación viene de llamar, vocare, en latín, es eso, llamar-; tú me llamaste, ¿a qué me llamaste? ¿Cuál es tu llamado para mí, Señor? ¿Cuál es tu llamado? ¿Tú qué estabas pensando cuando me creaste, Señor?"

Encontrar la vocación es encontrar la alegría, encontrar la vocación es encontrar la paz. Yo me he encontrado gente que le estaba huyendo a la vocación religiosa, pero de pronto Dio como que se las arregló, y los trajo, porque esa era su veradera vocación, una de esas personas, yo.

Yo no fui hueso fácil de roer; Dios me había llamado y yo me estaba haciendo como el loco, dedicándome a otras cosas y mirando para otros lados; y Dios se valió de muchas cositas, sobre todo, de la presencia de su Santísima Madre, la Virgen María.

Y a través de la santísima Virgen Dios me dijo: "Mire, usted me deja de dar vueltesitas, ¡venga para acá!" Y a hí estoy encontrando mi vida, mi alegría, mi realización, y me siento feliz y quiero ser cada día mejor en lo que el Señor me ha puesto.

También se da el caso contrario. Un amigo mío andaba con frailes para arriba y para abajo, y quería ser fraile, y trataba de ser fraile, y hablábamos mucho, y entonces yo le dije un día, pero ya convencido y además un poco aburrido de la cosa, le dije: "Mire, yo no creo que usted tenga vocación para este asunto".

El hombre se sintió echado: "No, cómo así, si yo quiero los conventos y a mí me gustan los frailes y yo..." Y nos pusimos a hablar y a hablar y el hombre se fue dando cuenta de muchas cosas. Hoy, gracias a Dios, me agradece a mí, -bueno, no fue que yo hiciera gran cosa-, me agradece a mí, está felizmente casado y está feliz.