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Fecha:19980329

Título:

Original en audio: 11 min. 38 seg.


                                   EN TRANSCRIPCIÓN

Hermanos:

Felices nosotros, que en este día consagrado a la gloria de Jesucristo, porque este es domingo, este es el día del Señor, felices nosotros, que podemos escuchar un texto tan hermoso, tan elocuente, tan profundo.

Este evangelio es, él solo, una inmensa y profunda predicación sobre cómo Cristo vence el pecado, cómo vence la fuerza de la violencia con la fuerza de su misericordia.

Pero esta lectura no está sola en este domingo. Hemos estado atentos y hemos oído un pensamiento que se ha repetido en las tres lecturas.

Recordemos. Isaías nos dice: "No os quedéis recordando lo antiguo, no penséis en cosas del pasado ahora que voy a hacer algo nuevo, ya se vislumbra, ¿no lo percibís? Voy a abrir un camino en el desierto, y ríos que lo rieguen" Isaías 43,18-19.

Hay un pasado en el que se recuerda una obra maravillosa: la victoria de Dios sobre la altanería, las blasfemias, la mentira del faraón. Pero ese pasado puede quedarse atrás porque viene algo más grande. Eso en la primera lectura.

En la Carta del ApóstolSan Pablo a los Filipenses, he aquí lo que encontramos. Dice:"Yo no he llegado aún a la meta o a la perfección, lo que hago es luchar por alcanzarla, habiéndome alcanzado a mí Cristo jesús" Carta a los Filipenses 3,12.

No, hermanos, yo no pienso haber alcanzado ya esa meta; lo único que hago es correr hacia ella, olvidando lo pasado, y lanzado hacia adelante, con el anhelo de alcanzar el premio de allá arriba, a donde Dios me llama en Cristo Jesús" Carta a los Filipenses 3,13-14.

De nuevo la mism idea, el mismo mensaje. Pablo tiene cosas maravillosas, grandes y maravillosas son las obras de Dios, y puede recordar cosas muy bellas de Dios en su pasado.

Pero aunque sea hermoso ese pasado, lo dejamos atrás, y nos lanzamos, dice él: "Olvido lo pasado y me lanzo hacia adelante, con el anhelo de alcanzar el premio de allá arriba" Carta a los Filipenses 3,13-14. Pablo, en la Carta a los Filipenses.

vamos a ver ahora el evangelio. ¿Qué termina diciéndole Jesús a esta mujer?: "Tampoco yo te condeno; vete, -la pone en camino-, y de ahora en adelante no peques más" San Juan 8,11."Dejemos atrás ese pasado, y de ahora en adelante no peques más". Hay un camino nuevo que se abre.

De manera, amigos, que en este quinto domingo de Cuaresma la Iglesia nos está predicando, con la Palabra de Dios, que dejemos atrás lo que debe quedar en el pasado y que nos lancemos hacia ese futuro, hacia ese llamado, hacia esa vocación que Él nos hace.

¿A qué nos llama Dios en esta Cuaresma? De acuerdo con el evangelio, a una vida sin pecado: "Vete, y no peques más" San Juan 8,11, ya no más pecado en tu vida.

¿A qué nos llama Dios? A una vida en victoria, de acuerdo con la Carta a los Filipenses: "Anhelo alcanzar el premio de allá arriba, a donde Dios me llama en Cristo Jesús".

¿A qué nos llama Dios? A una vida fecunda. Si hasta ahora nuestra vida ha sido como una especie de desierto, ahora el Seór nos llama a que ese desierto pueda ser fecundado con los ríos de agua viva que Ël hará correr para nosotros.

Saber dejar atrás el pasado, que tal vez parece bello y que tal vez parece opresor, porque la nostalgia también amarra, también encadena. Cuando nos quedamos solamente recordando los buenos tiempos, no somos libres. Despreciar el tiempo presente, despreciar la gracia actual no es la mejor manera de vivir ese presente ni de prepararse para el futuro.

Aunque la nostalgia sea dulce, es una cadena que nos amarra; y quedarnos pensando en los tiempos en que Colombia esra honrada, o en que la familia era unida, o en que había moralidad, o en que había yo no sé qué cosas, no nos hace más libres ahora. Hay que saber liberarse de ese pasado que a veces se nos pinta con colores muy hermosos.

Por otra parte, es cuestionable que realmente hubiera un pasado tan glorioso, como a veces se quiere dibujar. Me considero una persona todavía joven, una persona reciente en el ministerio sacerdotal, y he tenido que confesar a personas bastante mayores en edad.

Las faltas que acusan, aveces olvidadas o mal confesadas de su niñez o de su juventud, son muchas veces escandalosas y terribles, tal vez como las faltas que podemos cometer hoy.

Quizá no es que la sociedad fuera mejor, quizá era un poco más hipócrita, esto puede cuestionarse, esto puede preguntarse, tal vez el mal ahora se ha vuelto más descarado, pero había bastante hipocrecía en la familia y en la pareja en esos tiempos.

No te amarres a ese pasado, no te quedes pensando que esos tiempos fueron los mejores; libre de ese pasado, pero libre también del pasado que te oprime; libre también del pecado que parece enseñorearse en tu vida, como diciendo: "Yo soy el que mando en ti"