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Fecha: 20061008
Título: recuperemos la alegría, la hermosura de esa idea que Dios tuvo al crearnos hombre y mujer.
Original en audio: 14 min. 47 seg.
Hay muchas miradas posibles sobre la realidad de la pareja y la realidad de la familia, situaciones legales, civiles, afectivas, tendencias sexuales, modas. En general este se ha vuelto u tema podríamos decir triste y polémico. Triste porque todas las estadísticas hablan de un aumento en el número de divorcios. Parece que la pareja, la familia cada vez es más frágil y esa es una noticia triste.
Pero también un asunto polémico porque nos encontramos con otras posibilidades. Jesús habla de la unión entre hombre y mujer y cada vez más por lo menos en esta parte del mundo, se plantean alternativas, es decir, uniones llamadas matrimonios entre dos hombres o entre dos mujeres. Ahora mismo es objeto de discusión en la Corte Suprema o el equivalente a la Corte Suprema de Justicia aquí en Irlanda. Una pareja de mujeres casadas o reconocidas como matrimonio en Canadá quieren que sea reconocida como matrimonio aquí en Irlanda.
Entonces hay mucha polémica al respecto desde el punto de vista lingüístico, psicológico; las estadísticas van de un lado para el otro y en general el ambiente, podríamos decir, es un ambiente tenso, complicado que desanima. Me imagino que muchas parejas jóvenes son perfectamente conscientes de este ambiente.
Un estudio realizado en España hace unos cuantos meses hacía un retrato de cuál es la sensación de la juventud actual frente al matrimonio. Y el resultado de esa encuesta por lo menos es que muchas parejas sienten inseguridad para asumir un compromiso de por vida, y al mismo tiempo tienen prisa en términos de la expresión de su amor. Tienen la prisa de la pasión y tienen el freno del miedo. Entonces cómo anda un coche o un carro que llamamos si lo aceleras y lo frenas a la vez, y así están muchas parejas.
Les aceleran sus sueños, les acelera su pasión porque se desean, porque se aman y quieren vivir muchas cosas juntos y vivirlas ya. Quisieran vivirlo todo junto, pero al mismo tiempo les frena el temor de un compromiso vivirlo de por vida, les frena las estadísticas, les frena la rutina, la monotonía, el gris que encuentran en las parejas mayores. Les frena también pensar toda la libertad que pierden. Al fin y al cabo no se puede hacer pareja sin ceder algo de libertad. Hay un dicho que repiten mucho en inglés: no puedes mirar tu pastel o tu ponqué y al mismo tiempo comértelo. No se puede admirar y comer a la vez.
Y algo parecido es aquí ¿no? No se puede tener todo a la vez, parece, no se puede tener la libertad del soltero y la estabilidad y el descanso o la certeza afectiva que da el matrimonio.
Todo esto hace que hablar del matrimonio sea un tema un poco polémico, como ya dijimos y triste. Pero el objetivo de mis palabras no es resolver ninguna de esas polémicas. Ustedes se pueden imaginar cuál es mi postura que la que la Iglesia enseña en estas materias. Pero yo no quiero entrar aquí ni en polémica ni en desánimo. Todo lo contrario, yo quiero que recuperemos la alegría, la hermosura de esa idea que Dios tuvo al crearnos hombre y mujer. Mi objetivo es que pudiéramos salir de esta santa Misa felices de que Dios nos ha creado como nos ha creado: hombres o mujeres, felices de esa buena idea, de esa maravillosa, de esa feliz idea.
Es decir, la diferencia entre hombres y mujeres no tiene que ser motivo de tristeza, sino que puede ser causa de alegría. Piensa cuando tú vas a un paseo, es la variedad, es la diferencia por ejemplo de colores o de paisajes, la que trae alegría. Y es maravilloso ver que en este universo visible, por lo menos, hay dos enfoques, hay dos miradas tan distintas por el mundo. Un hombre puede mirar a una mujer como un ser eternamente incomprensible. Una mujer puede mirar al hombre como un ser eternamente incomprensible.
Pero también es posible la otra mirada y la Biblia nos invita a tener la otra mirada. El hombre puede enriquecer y puede matizar y puede cuestionar muchas cosas de su enfoque sobre el mundo. Si conoce a la mujer, si trata a la mujer el hombre puede aprender demasiado de ella, precisamente porque ella mira de otra manera, porque siente de otra manera, porque se expresa de otra manera, puede aprender de ella. Y la mujer puede aprender y puede recibir muchísimo del hombre.
Dios no nos hizo distintos para que estuviéramos distantes. Observemos cómo en la primera lectura, lo que aparece en ese texto es que Dios se preocupa y dice “no es bueno que el hombre esté solo” Y es Dios el que le da la compañía y es Dios el que le presenta a la mujer. En contra de esa imagen de un Dios traumatizado porque los hombres aman a las mujeres o porque a las mujeres les gustan los hombres. Aquí tenemos un Dios que los ha creado así y que los pone uno frente al otro. Es un Dios que produce la alegría del encuentro entre el hombre y la mujer. Ese es el Dios en el que nosotros creemos. Hay una fascinación, un gozo, una alegría, ahí en ese encuentro.
Y esa alegría no tenemos que matarla. Este hombre con el nombre que aparece ahí, un nombre claramente simbólico “Adán” este hombre pues tenía el máximo poder, era el dueño del mundo, ese sí era el más poderoso de todos, no le podía hacer competencia nadie, ni Irán, ni Estados Unidos, ni Corea del Norte, nadie le podía hacer competencia, era el dueño del mundo. Pero el dueño del mundo estaba solo, estaba incompleto, y ese también es un mensaje de las lecturas de hoy. Estamos incompletos como hombres o como mujeres, estamos incompletos. Y es hermoso encontrar que podemos completarnos.
En español encontramos mucho la expresión “la media naranja” esa expresión quiere expresar que hay algo de mí en la otra persona. Una alegría muy grande, es algo que viene de Dios. No tenemos que empezar por ensuciarlo ni llenarlo de sospecha, en ese flechazo, en esa fascinación ahí hay algo que viene de Dios. De los momentos más felices de mi vida de familia, permítanme que les cuente es cuando he escuchado un par de veces la historia de cómo se enamoraron mi papá y mi mamá. Eso está lleno de ternura, está lleno de belleza, cada uno en qué se fijaba. Y ahí estaba Dios como en la primera lectura, ahí estaba Dios.
A mi mamá lo primero que le gustó de mi papá fue la voz porque lo oyó por teléfono, y la voz, el acento de él algo le dijo. Eso es tan misterioso como el hecho de que a mi papá le encantaron las caderas de mi mamá. Ahí están pintados, ¿no? El hombre es más visual, la mujer es más auditiva; entonces a la mujer se llega al corazón por el oído; se llega al corazón del hombre por la vista. Luego entrarán todos los demás sentidos a jugar su papel, supongo, pero por lo menos al comienzo suele ser así.
Y en esa fascinación hay algo maravilloso. Alguien decía que enamorarse era empezar a hacer distinciones y no todo en las mujeres son iguales. Hay una que es distinta, hay una que me mueve el piso, hay una que se ha convertido en el centro de mi universo. Eso es enamorarse, y eso es maravilloso, pues sin eso pues el mundo parece carecer de centro. Bueno, pero ahí viene la otra polémica: “padrecito, usted diciendo todo eso y resulta que esa Iglesia Católica tradicionalista y con tantos problemas y los pederastas otra vez, vuelven y juegan “
Entonces la gente dice: “esa Iglesia que traumatiza a los sacerdotes, eso, que ordena a los traumatizados, esa Iglesia debería permitir que los hombres se casaran, que los sacerdotes se casaran, y yo trato de resistir la tentación de entrar en la polémica en esta homilía. Lo que sí les puedo decir es que yo no veo en Jesús a ningún traumatizado. Lo que sí les puedo decir es que el amor que hay en el corazón humano tiene distintas expresiones, y lo que sí les puedo decir es que la fascinación por el Evangelio y por el Reino de Dios a veces hace cosas extrañas pero muy bellas en el corazón.
En todo caso la invitación es: “démosle gracias a Dios por nuestra condición de seres sexuados, démosle gracias a Dios. Es tan importante sentirse uno feliz de lo que es como hombre o como mujer.
En las terapias de pareja suele aparecer esto que cuando un hombre no se siente completamente seguro de ser hombre o no se siente completamente feliz de ser hombre, intenta resolver su problema, que es un problema de él con su masculinidad intenta resolverlo en la mujer pero en el proceso a menudo lo que resulta es que destruye más mujeres, destruye mujeres. Porque está tratando de resolver su problema afuera y su problema está adentro. Y mucha inseguridad femenina y mucha baja autoestima femenina se trata de resolver así.
La inmensa mayoría de los embarazos adolescentes son mujeres que quieren encontrar un soporte de amor muy fuerte y el precio que les cobraron fue sexo y resultaron en esas. Muy otra será la situación, la situación será muy diferente si cada uno se puede sentir feliz de lo que es. Cuando uno se siente feliz y agradecido con el Señor. Una santa muy bella, santa Clara de Asís, ella le daba gracias a Dios porque la había creado, se sentía feliz de ser creada por Dios. Ser una creatura de Dios, ser una hija de Dios, ser mujer. Y lo mismo cada uno de nosotros según su condición.
A medida que vamos entrando en lo que Él ha pensado para la especie humana, y en esa alegría de ser hombres o de ser mujeres y nos vamos sanando en esta área de nuestra vida, también podemos relacionarnos de una manera más serena, más tranquila, más fecunda y más feliz con todos los demás, con hombres y mujeres.
Pidamos a Dios que también en nuestro tiempo muchos se puedan sentir felices de lo que son, se puedan sentir sanados y bendecidos y que ellos puedan formar hogares realmente estables. No gente que está pensando “yo cuánto derecho tengo de divorciarme y cuánto me va a quedar de dinero si nos separamos”, sino gente que pueda sentir “qué alegría haber entregado mi vida a esta esposa y a esta familia y a este esposo y a estos hijos. Esas personas felices y agradecidas harán familias hermosas y fecundas.