Co04001a
Fecha: 20070123
Título: La Palabra de Dios a veces causa aprobacion y a veces desaprobacion
Original en audio: 6 min. 32 seg.
En la primera lectura escuchamos cómo Dios promete fortaleza al Profeta Jeremías, y en el evangelio ecuchamos cómo Dios le da esa fortaleza a su propio Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Porque Jesús, como en continuidad con la misión de los profetas, tiene que hablar de parte de Dios.
Y en el pasaje que hemos escuchado, el evangelio se muestra bien cómo la Palabra de Dios a veces causa aprobación y a veces desaprobación.
"Todos le expresaban su aprobación y se admiraban de la palabras de gracia que salían de sus labios" San Lucas 4,32, dice al principio del texto que hemos escuchado, pero al final se pusieron todos furiosos.
Y tan furiosos estaban, que querían acabar de una vez con Jesús despeñándolo, tirándolo por un barranco,pero esta vez no lo hicieron; lo harán después, cuando le causen la muerte en el suplicio de la Cruz.
La Palabra de Dios a veces se recibe con aprobación y a veces con desaprobación. Y por eso, quienes tenemos de alguna manera la misión de predicar la Palabra, tenemos que saber sobrellevar ambas cosas: la aprobación y los elogios, y la desaprobación, y los ataques, los insultos, la indiferencia, o la burlas.
Cuando se habla, por ejemplo, de negociaciones en un proceso de paz, todos dicen: "Es necesario que la Iglesia esté presente", pero cuando la misma Iglesia habla sobre los problemas de la tenencia de la tierra, o cuando habla de las propuestas inmorales de algunos candidatos, digamos ese caso, del candidato.
Hace unos años, que proponía el divorcio para el matrimonio católico y no sé qué otras cosas, convirtiéndose en Dios; cuando la Iglesia desaprueba esos candidatos o cuando se mete en otras cosas, entonces la Iglesia está haciendo política y no debe hablar así.
O cuando la Iglesia habla de la moral, de la santidad, de la pureza del matrimonio, entonces la Iglesia no tiene por qué meterse en esos temas, porque eso pertenece a la vida privada de la pareja.
Entonces, ¿a qué conclusión llegamos? Que la Palabra de Dios a veces se recibe con regocijo, a veces con violencia, a veces con burla, a veces con indiferencia.
Pero de todas maneras, nosotros no hablamos buscando la aprobación de las personas, queriendo sí que el mensaje llegue íntegro, que llegue completo. No podemos quedarnos con un Jesús incompleto; Jesús no es un maniquí para que lo vistamos del color que a nosotros nos parece.
Hay aspectos de la vida de Jesús que son muy hermosos y muy fascinantes para nuestra manera de ser; hay otros que no nos gustan; pero nosotros no podemos estar escogiendo: "Este es el vestido que me gusta de Jesús", pero cuando habla de otras cosas, ahí sí no lo quiero, eso no se puede hacer.
Y estas palabras valen no sólo para los predicadores, para los sacerdotes, para los señores obispos, sino valen también para aquellas personas que tienen una función de educación; valen también para los padres de familia; valen también para los profesores; valen también para los que tienen una función de administración pública.
Precisamente, una de las señales de la corrupción en la administración pública, es que los discursos sólo se hacen tratando de agradar a las personas.
El político que habla sólo pensando en qué es lo que le gustaría oir a esta gente, a esta gente de qué toca hablarle para que se ponga contenta, ese político es el que no va hacer nada; ése no va a servir para nada, porque el que busca sólo agradar, está haciendo un negocio con sus propios intereses.
¿Usted quiere saber cuál es el político que no va a servir para nada? Escúchelo, escúchelo. Si habla solamente para gustar, eso se llama demagogia. En política, si habla solamente para gustar, ése no va a hacer nada.
Cuando un profesor o cuando el rector de un colegio quiere darle gusto a las personas, quiere darle gusto a los alumnos y que hagan todo lo que se les dé la gana, ése no va a servir para rector.
Pidamos pues, nosotros al Espíritu Santo, que nos dé palabras de gracia, que nos dé actitudes coherentes. Tampoco se trata de ser violentos por ser violentos. No, no, se trata simplemente que uno no trata de agradar, ni de desagradar; intenta, con la gracia del Señor, dar el mensaje, dar la Palabra íntegra, y sabe que unas veces eso se recibe bien, y otras veces se recibe mal.
Sin la fortaleza interior, ni los padres de familia, ni los profesores, ni los políticos, ni los abogados, ni nosotros, sacerdotes, cumpliremos bien nuestra propia tarea; pero con la gracia de Dios, cada uno de nosotros dirá esa palabra para que la voluntad de nuestro Padre Celestial se cumpla en la familia, en la sociedad, en la patria.