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Fecha: 20061225

Título: La Palabra se hizo carne y habito entre nosotros

Original en audio: 11 min. 15 seg.


¡Nació el Niño, nació Jesús! ¡Qué dicha traen los bebés! , ¡qué lindos son los niños! Dios ha puesto una belleza especial en los niños y en los bebés, tanta, que incluso los animalitos pequeños irradian una ternura, que produce un cariño especial.

¡Ha nacido el Niño, tenemos a Jesús Bebé en medio de nosotros!, pero esa ternura y ese cariño no pueden quedarse solamente ahí , tienen que ir mas allá, y para eso vienen ayudarnos las lecturas que escuchamos en la Misa.

Estas lecturas sirve para que nosotros descubramos quién es Él y qué significa que esté entre nosotros; es un Bebé, no es cualquier bebé, es un Niño, no es cualquier niño. ¿Qué tiene este bebe? ¿Qué trae este Niño? ¿Para eso nos ayudan las lecturas que escuchamos? no para que anulemos la ternura que nos provoca el Bebé o el cariño que nos produce el Niño, sino para que vayamos mas allá y entendamos que lo que hay que agradecerle a Dios es infinitamente más de lo que cabe en nuestras palabras.

Apoyémonos un poco, por ejemplo, en la Segunda Lectura del día de hoy , en la Carta a los Hebreos, dice el autor en la Carta a los Hebreos, refriéndose al Bebé: "Él es el resplandor de la gloria de Dios ",(véase Carta a los Hebreos 1,3) Él es la impronta de su ser, Él es el que sostiene con su palabra poderosa al universo" (véase Carta a los Hebreos 1,3-4). ¡Qué regalo nos ha llegado!, mira quién es este Niño.

En los bebés nos encanta buscar los rasgos de los papás: “tiene la nariz de papá , tiene los ojos de la mamá y tiene la sonrisa de la abuela”. Eso nos produce un deleite particular, una dulzura particular ver cómo los rasgos del papá y de la mamá quedan ahí en le niñito. Pues Jesús trae los rasgos de su Papá, trae la impronta del Ser Divino, mirando y admirando a Jesús, aprendemos a descubrir los rasgos de Dios, el modo de Dios, el estilo de Dios, el ser de Dios.

Los niños llenan de luz los hogares, y cuando ya no hay niños pequeños en la casa, por ejemplo, en el caso de los abuelos, llegan los nietos de visita, la casa se llena de voces, de ruidos, de gritos, de llantos de risas; cómo quedan de triste los abuelos porque ya los nietos se van porque han acabado las vacaciones, quedan tristes. Y mis papás ya son abuelos. Cuando mis sobrinos van a visitarlos, esa es la alegría de la casa, pero ya tienen que irse los nietos de ellos, y cuando se van, queda la casa, que aunque se enciendan todas la luces, queda como con una sombra .

Los niños traen alegría, traen luz, nos hacen reír, nos enseñan el mundo de otro modo, nos hacen preguntas inesperadas, despiertan en nosotros la fibras que estaban dormidas. Cuántas veces pasa que hombres duros, aparentemente invencibles, se vuelven como de mantequilla cuando la niñita de la casa, le abre los bracitos al papá y le dice: "papito, te quiero mucho", ya con eso queda el papá derretido de amor.

Los niños llenan de luz, y Jesús llena de luz; pero los niños llenan de luz porque traen vida, porque traen novedad. ¿se han dado cuenta de que cuando hay bebé en la casa, todos los días hay algo qué contar: que aprendió hablar, que dio el primer pasito , que se raspó, todo es noticia, todo lo que le pasa a un niño es noticia, los niños son novedad, son sorpresa, porque cada niño trae una historia nueva, cada niño trae una vida nueva.

La Carta a los Hebreos nos dice: "Él resplandece" (véase Carta a los Hebreos 1,3) . Jesús resplandece, Jesús irradia, ¿qué irradia? La gloria de Dios Padre ; todo niño trae vida, pero este Niño trae la vida de Dios .

Los niños con sus preguntas a veces nos dejan pensando. Ustedes conocen la historia de un niño, este no era ya tan bebé, le preguntó una vez al papá, el cual era un hombre muy ocupado: "¿papá, tú cuánto te ganas por hora? Y el papá quedó extrañado con esa pregunta, era un hombre muy ocupado estaba haciendo muchísimo dinero, y no había echo esas cuentas, y entonces le dijo al niño cuanto se ganaba por hora, supongamos que fueran, tres mil o cinco mil pesos, lo que fuese, vamos a decir que se ganaba cinco dólares por hora; y el niño le hizo esa pregunta y el papá no sabía por qué.

El niño estaba ahorrando, y un día le dijo al papá: "mira, ya ahorré diez dólares, ¿me regala dos horas? Los niños tienen modos nuevos de ver el mundo, nos desarman, hacen preguntas, proponen cosas, disfrutan cosas que a nosotros se nos olvidaron o nunca aprendimos.

Así es Jesús, El nos enseña; Jesús, el Niño del pesebre viene a nuestro mundo a enseñarnos el mundo visto de otra manera, y esas son las parábolas de Cristo, miradas sorpresivas al mundo, modos inesperados de encontrar la verdad de Dios en nuestra tierra y en nuestro mundo; el estilo de Jesús, las preguntas de Jesús son el resplandor de una vida, pero no es solamente la vida curiosa, simpática, amable de un bebé más, es la vida según Dios, es la sorpresa de poder ver al mundo como lo ve Dios. Eso viene a traernos Jesús y este Jesús es el que sostiene el universo con su palabra poderosa.

Seguramente recordamos que en el libro del Génesis, según ese relato tan hermoso, Dios le dice a Adán que tiene que ponerle nombre a todas las cosas, y la palabra de Adán van introduciendo los caminos de la racionalidad, los caminos del orden y de la belleza en la hermosa creación de Dios.

La palabra de Adán llena el universo creado. Ahora hay un nuevo Adán, el nuevo Adán se llama Jesucristo, y la palabra de Cristo viene a bendecir, viene a ordenar, viene abrir una inteligencia nueva en el universo. Cada palabra de Cristo es una autopista de Luz que nos permite disfrutar el universo creado por Dios Padre, que nos permite entender la razón de ser de cada cosa , eso es lo que podemos esperar del Niño del pesebre.

Bien, hermanos, hay que conmoverse con Jesús en el pesebre, llorar de amor y de alegría viendo a Jesús Niño , pero también hay que saber quién es este Niño, no para cuidarlo menos, sino para amarlo y obedecerlo más, porque Él es el gran Mensaje de Dios para el mundo, Él es la Palabra que nos falta.