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Fecha: 19960126
Título: Conservar vivo el proposito de la fe para transmitirlo con fidelidad
Original en audio: 6 min. 58 seg.
Timoteo y Tito son dos discípulos de San Pablo como tantos otros, pero tienen la doble característica de ser, de una parte, dirigentes, o coordinadores, o directores, la terminología no estaba clara en el siglo primero.
Por una parte eran directores, regentes, coordinadores de comunidades cristianas, de las fundadas por el Apóstol, y por otra parte, a estos dos discípulos, Pablo les escribe las cartas que suelen llamarse Cartas Pastorales.
En el canon de la Biblia contamos con dos cartas dirigidas a Timoteo, y una carta dirigida a Tito.
Ellos nos hacen pensar que la fe es un tesoro que va pasando de generación en generación. Las Cartas Pastorales están llenas de exhortaciones a estos discípulos para que conserven vivo el propósito de la fe, para que lo transmitan con fidelidad, para que piensen también en comunicarle a otros, para que después puedan enseñar a otros; en este sentido, las Cartas Pastorales nos hacen pensar en un dimensión horizontal de la transmisión de la fe.
Si bien es cierto que cada uno requiere un encuentro personal con Dios, y ese encuentro podemos imaginarlo diciendo que la fe viene como de arriba, es un don de lo alto, y en esto insiste el mismo Pablo muchas veces; por otra parte, la fe es un camino bifurcal: la fe viene de los fieles, pero también viene de otras personas.
Y así, entre esta dimensión vertical de la gracia del Espíritu que permite creer, y esa dimensión horizontal de la sucesión apostólica, que nos enseña a creer, en esa cruz de lo horizontal y lo vertical, el cristiano va recibiendo suficiente alimento para vivir en cada momento de la historia su propia fe, y al mismo tiempo, para abrirse a un futuro siempre mayor y siempre mejor.
Timoteo y Tito son destinatarios de estas Cartas Pastorales; en ellas se enseña que el propósito mismo de la fe puede ser adulterado, y así también un día como hoy, nos invita a reflexionar en la unidad y en el muy difícil arte de la misma fe.
La fe es una porque goza de una cohesión, de una coherencia interna tan fuerte, que incluso llega Santo Tomás a decir que la "fe se tiene o no se tiene", y si se niega alguno de los aspectos de la fe, alguno de los artículos del credo, por ejemplo, aunque llegue a creer en todo lo demás, no tiene verdadera fe.
La fe es una porque tiene esa cohesión interna tan grande, porque de pronto palabra revelada es una sola: Jesucristo, pero por otra parte, la fe se despliega, se desarrolla; al llegar a nuestro entendimiento la fe, se despliega en una multiplicidad de afirmaciones que hace fácil caer en la deformación; es fácil caer en ese buscar difícil para uno mismo, para mal y no para bien.
Es bonito recordar el argumento que hace santo Tomás de Aquino sobre lo que acabo de decir de la fe: "Si una persona niega algunos de los aspectos de la fe, pero cree en los otros, o dice creer en los otros, le falta la fe verdadera".
Porque aunque en su contenido diga las mismas cosas que cree la Iglesia, el motivo que lo mueve a creer no es el mismo motivo de la Iglesia. La Iglesia no es simplemente contenido, no es una información.
La fe no es una información, no es un simple contenido; la fe es el motivo, es esa gracia y es ese impulso, y es el eje fundamental que nos lleva a creer, es el que nos hace verdaderamente católicos.
Al pensar en la vida de estos varones apostólicos como Timoteo y Tito, y al pensar en el tesoro de la fe, hemos de pedir a Dios por nuestra propia fe. Y también tenemos mucho de qué lamentarnos y mucho de qué dolernos sobre la situación en la que se encuentra la fe en muchísimos cristianos.
Si llegáramos a sentir lo que significa este tesoro, entenderemos también la profundidad, la intensidad de las palabras de Jesús en el capitulo 17 de Juan, cuando dice que, "sean uno para el mundo crea que tú me has enviado" San Juan 17,21.
Que Cristo reina en el mundo, que el Evangelio sirve para algo, que Dios verdaderamente ha hecho su palabra en Cristo, sólo será posible si los cristianos somos uno.
En esta semana de oración por la unidad de los cristianos, viene muy a punto esta reflexión sobre la unidad de la fe.
Pidamos a Dios que nos despierte, que nos dé sensibilidad por estas realidades; que nos permita, como a Santo Domingo de Guzmán, sentir que se pierde mucho cuando se pierde un cristiano, sentir que se pierde demasiado cuando alguien deja de creer, que se pierde demasiado cuando alguien cambia los motivos de su fe.
Y que el testimonio de estos varones apostólicos, el testimonio de Pablo, y esa dimensión que va recorriendo toda la historia hasta llegar a esta celebración eucarística, mueva nuestro corazón a dar gracias y también a predicar de esta misma fuente.