Co03002a
Fecha: 20040125
Título: La Iglesia necesita de Esdras y Nehemias, del sacerdote y el laico
Original en audio: 31 min. 47 seg.
Queridos Hermanos:
La Biblia está llena de cosas bonitas y de cosas tristes también, porque la Biblia cuenta la historia del pueblo de Dios y el pueblo de Dios pasó por momentos muy hermosos, pero también pasó por cosas sumamente tristes.
Si nosotros buscamos en toda la Biblia, ¿cuál es la parte más triste? La noticia más triste, pues es, desde luego, la muerte de Nuestro Señor Jesucristo, ese fue el momento más triste de todos los tiempos, cuando Cristo murió en la cruz.
Si nosotros buscamos no en toda la Biblia, sino únicamente en el Antiguo Testamento, ¿cuál cual fue el momento más difícil, el momento más triste? Pues nos vamos a encontrar que ese momento fue cuando los israelitas fueron llevados en destierro a la región de Babilonia. Fue una cosa espantosa, fue humillante, fue muy cruel, terriblemente dura.
Hay un libro de la Biblia que se llama el libro de las Lamentaciones y todo ese libro de la Biblia es contando con inmenso dolor eso que significó salir en destierro a Babilonia.
El momento más triste de toda la Biblia: La muerte de Cristo; el momento más triste del Antiguo Testamento: el destierro a Babilonia. Eso fue lo más espantoso que sucedió.
Muchos puebloshan desaparecido cuando han sido desterrados porque, ¿cómo puede subsistir un pueblo si no tiene una tierra? Un pueblo sin tierra, ¿cómo puede subsistir? Pronto se disuelve en el destierro. Y así le ha sucedido a muchos pueblos, pero no fue así como le sucedió al pueblo de Dios, al pueblo de Israel.
Aunque desterrados y humillados en la región de Babilonia, estos hebreos se mantuvieron firmes y no sólo se mantuvieron sino que llegaron a crecer en la fe, porque descubrieron en medio de su destierro que habían cometido gravísimas faltas contra Dios y pudieron comprender que todo eso que les había acontecido tenía una razón de ser, no era para destrucción, sino era un castigo para que se corrigieran.
El destierro a Babilonia duró alrededor de setenta setenta años, y sucedió en el siglo VI antes de Nuestro Señor Jesucristo; cuando terminó ese tiempo, aunque estaban empobrecidos, diezmados y humillados, pudieron volver, algunos por lo menos pudieron volver a su tierra, pudieron volver especialmente a Jerusalén y entonces les aguardaba una gran tarea, había que reconstruirlo todo.
Llegó el momento de la reconstrucción, llegó el momento de levantar de nuevo el Templo, llegó el momento de levantar de nuevo la fe, llegó el momento de levantar de nuevo el corazón, y se necesitaban líderes que pudieran guiar al pueblo para levantarlo después de setenta años de una humillación tan espantosa.
Y Dios escogió a esos líderes y entre todos ellos hay dos nombres que debemos tener muy claros, porque estos dos grandes hombres fueron escogidos por el Señor para hacer una obra memorable. Esos dos hombres le dan nombre a dos libros de la Biblia.
Uno se llama Nehemías y el otro se llama Esdras, Esdras y Nehemías. Y es una pareja que hay que recordar así; hay que recordar estos dos nombres juntos, porque Nehemías fue un hombre, fue un laico, él no era sacerdote, un hombre que tenía su propia familia, un hombre que tenía un cargo importante en la Corte del rey de aquella época, un hombre que tenía una cierta posición social.
Pero que se sintió llamado por Dios para gastar lo mejor de su tiempo, no haciendo prosperar sus negocios personales, sino ayudando a la reconstrucción de las murallas de Jerusalén y levantando la estructura del pueblo y levantando el corazón de la gente; ese fue Nehemías.
Pero junto con Nehemías había otro, y ese se llamaba Esdras. Esdras era sacerdote, Esdras era un hombre instruidoen la ley de Dios. Esdras, sacerdote, y Nehemías, un laico.
Hay una figura aquí, hay una enseñanza aquí que es muy profunda. La reconstrucción del pueblo de Dios requiere delas dos cosas: requiere del laico y requiere del sacerdote y esa es la pura verdad.
Hermanos, queridos hermanos, ustedes bautizados en la santísima Iglesia católica, ustedes laicos, ustedes que están en medio del mundo, en su trabajo, en su estudio, ustedes son el Nehemías de hoy.
Y a nosotros, por ejemplo este reverendo Padre Ángel o a este servidor de ustedes, Nelson Medina, a nosotros nos corresponde la parte de Esdras. A la iglesia no la puede levantar solamente Nehemías, al pueblo de Dios no lo puede levantar solamente Nehemías, al pueblo de Dios no lo puede levantar solamente Esdras, se necesita Esdras y se necesita Nehemías, se necesitan los dos.
Y eso es lo que hemos encontrado en la primera lectura de hoy. Tal vez esa primera lectura nos sonó un poquito rara, como si fuera de tiempos antiguos o extraños y tiene un poco de distancia pero en realidad es un mensaje actual.
¿Qué es lo que nos estaba contando la primera lectura? Que después de que Nehemías, haciendo un esfuerzo muy grande que ustedes pueden conocer leyendo las páginas del libro de Nehemías, después de que Nehemías logró fortalecer la ciudad de Jerusalén poniendo murallas, protegiendo un pueblo; es tan bella la obra de Nehemías.
Yo les voy a contar que yo he conocido en mi vida a varios hombres y mujeres también, desde luego, que tienen en su corazón palpitando la sangre, la fuerza, la energía, la inspiración de Nehemías.
No se si estará muy bien que yo diga nombres aquí en una predicación pero de pronto lo puedo decir. A mí me parece que tendrán sus defectos, pero personas como Raúl y Gabi tienen en su corazón fuerza y sangre de Nehemías. Son personas a las que les duele lo que ven en la ciudad, les duele.
En este caso les duele “Pomona”, les duele lo que le pase a la juventud, les duele lo que le pasa a la familia, les duele porque ven desprotegida a la gente y ven cómo la obra rapaz y tenebrosa del demonio cae sobre los niños, cae sobre los jóvenes, cae sobre las parejas y destruye.
Y ellos que no son sacerdotes, y lo mismo estos servidores que no son sacerdotes, tienen sangre de Nehemías y por dentro les duele lo que pasa en Pomona, les duele lo que pasa en California, les duele lo que está sucediendo en los Estados Unidos de América, les duele lo que pase en el mundo.
Cuando usted siente dolor por lo que está sucediendo en el mundo, y usted quiere un mundo donde los niños puedan crecer sanos, vigorosos, con la frente en alto y los ojos limpios, usted tiene sangre de Nehemías en su corazón.
Pero Nehemías necesita de Esdras y Esdras necesita de Nehemías.
¿Quién era Esdras? Esdras era un hombre de estudio y de oración, y así tenemos que ser: estudiosos y orantes y enamorados de la causa de Dios, así tenemos que ser los sacerdotes. Esdras es recordado como el hombre de la gran oración y oración.
Yo me acuerdo que en mi casa había una Biblia grande que tenía los grabados de ese gran artista Doré y yo me acuerdo que de niño me ponía a mirar la Biblia, pero en mi ignorancia yo no miraba tanto las palabras ni leía los textos sino que veía los dibujos. Así es uno de niño, que mira sobre todo los dibujos.
Oiga, y de todos los dibujos, que son muchísimos los dibujos que hizo el artista Doré, ilustrando pasajes de la Biblia, de todos esos dibujos hay uno que me impactó tánto de niño, donde aparece este sacerdote Esdras tendido a las puertas del Templo en una actitud de absoluto recogimiento y de total oración intercediendo, así ha de ser el sacerdote.
Como dijo el profeta Joel: "El sacerdote tiene que aprender a llorar entre el atrio y el altar por los pecados del pueblo" Joel 2,17, y tiene que aprender a estudiar, como Esdras, y tiene que escrutar la Ley del Señor y buscar la voluntad del Señor.
Y tiene que hacer, como hizo Esdras en la primera lectura de hoy, tiene que hacer el ejercicio de predicar y de contar al pueblo la voluntad y la ley del Señor.
A veces la gente recibe con agrado la palabra del Señor y a veces hasta llega algún aplauso para el sacerdote; en otras ocasiones lo que recibe es reprobación, insultos, rechazo, indiferencia.
El sacerdote Esdras y lo mismo los que queramos servir como sacerdotes, porque a eso nos llamó el Señor, necesitamos conservarnos fieles en el día del aplauso, saber que el único grande es Dios; y en el día de la humillación, saber que nadie padecido peor humillación que Jesucristo.
El sacerdote tiene que permanecer recordando siempre que nadie en más alto que Cristo resucitado y nadie ha sido más humillado que Cristo crucificado. Y así el sacerdote, escrutando la voluntad de Dios, tiene que predicar el querer del Señor y tiene que predicar la ley de Dios, igualmente cuando es aplaudido o cuando es rechazado.
Pero Esdras necesita de Nehemías y Nehemías necesita de Esdras. Esdras necesita de Nehemías por que si no se cuida el bien de la asamblea, el bien de todo el pueblo, el bien de las familias, el sacerdote se quedará predicando en el vacío.
Yo no tengo los dones que tienen ustedes, ustedes y ustedes; yo no tengo esos dones. Yo no tengo los dones para organizar estas cosas ni para comprar estos auditorios; yo no tengo esos dones para organizar estas pantallas o para filmar con esas cámaras; yo no tengo esos dones, yo tengo otros.
El sacerdote Esdras necesita del laico Nehemías y Nehemías necesita de Esdras. Nos necesitamos mutuamente; pero lo más hermoso de la primera lectura, hermanos, es que vemos trabajando a ambos, estaban trabajando ambos.
Nehemías fortalecido la ciudad, la defendió de los enemigos así como nosotros tenemos que trabajar por el bien de nuestras ciudades llámense Sacramento, San José, Pomona, Notario, donde sea; tenemos que cuidar y proteger nuestras ciudades, nuestras comunidades, nuestros barrios.
Ustedes como laicos tienen que proteger el barrio donde viven, tienen que dar buen ejemplo a sus hijos, tienen que mantener la altura moral de las ciudades en donde se encuentran, pero ustedes necesitan de los sacerdotes y el sacerdote necesita también de ustedes.
Así que el mensaje de la primera lectura es muy hermoso y como es de dedicado, como es de generoso este sacerdote Esdras.
Mira lo que nos dice aquí: "Esdras leyó desde el amanecer hasta el medio día" (véase Nehemías 8,3). ¡Qué hombre tan dedicado! Yo creo que Esdras era algo así como el patrono de juventud renovada en el Espíritu Santo que son los que tienen unas predicaciones largas, largas, largas.
Esdras se dedicó a predicar desde el amanecer hasta el medio día porque ese era el oficio de él, hacer conocer la Ley del Señor y que entienda la Ley del Señor, porque a veces vemos que los mandamientos y que los mandamientos, pero no entendemos los mandamientos.
Y ustedes preguntarán: ¿pero qué será lo que no entendemos de los mandamientos? Si el mandamiento dice: no fornicar, pues ya uno sabe lo que es fornicar, ya, es muy sencillo de entender. ¡No! El problema no es entender las palabras, el problema es entender el sentido, como muy bien dice esta lectura que hemos hecho hoy.
El problema es entender el sentido. ¿Y sabes qué quiere decir “el sentido”? El sentido no es solamente el significado de las palabras, para el significado de las palabras basta un diccionario. Entender el sentido, ¿sabes qué es? Entender por qué mi Dios nos manda esas cosas. Eso es lo maravilloso que sucedió en la primera lectura.
El sacerdote Esdras, acompañado por un equipo de levitas que eran algo así como sacerdotes de un segundo rango, hoy los podríamos identificar con los catequistas por decir alguna cosa, Esdras, junto con el equipo de levitas, estaba muy interesado en que la gente pudiera comprender el sentido.
Cuando tú escuches que no hay que adulterar o que no hay que matar o que no hay que mentir, el tema no es si tu sabes qué significa mentir, qué significa matar, qué significa adulterar, el tema es si tú sabes cuánto te ama Dios ypor qué Dios, que te ama tanto, te manda eso que te manda. Eso es entender el sentido y esa es la primera lectura que hemos escuchado en el día de hoy.
Un momento muy lindo, muy lindo del pueblo de Dios porque era el momento en que ellos se estaban levantando del episodio más triste que habían tenido. Nunca se te olvide: lo más triste de toda la Biblia, cuando murió Jesús, lo más triste del Antiguo Testamento, el destierro a Babilonia.
Y lo que estamos leyendo hoy fue cuando después de reconstruir la ciudad, lograron por fin reunirse en asamblea y decir: "bueno, ahora sí vamos a buscar, a ver como es esto de la ley del Señor". Esta escena sucedió en un año que es muy fácil de recordar, es el año cuatrocientos cuarenta y cuatro antes de Jesucristo.
Pero cuatrocientos cuarenta y cuatro años después, pues vino Jesucristo y un poquito después de haber nacido Jesucristo, ya le vemos crecido en el santo evangelio del día de hoy, y vamos a ver qué podemos aprender del evangelio de hoy y cómo se relaciona con la primera lectura.
En la primera lectura lo que hemos encontrado es un momento muy bonito de predicación, contándole a la gente cuál es la ley del Señor, pero acuérdate que el principal propósito no era simplemente dar un discurso sino contarle a la gente cuál es la voluntad del Señor, es decir, por qué Dios quiere que nosotros hagamos lo que nos pide que hagamos.
El evangelio nos presenta una escena que tiene un parecido. Esta vez es Nuestro Señor Jesucristo que está predicando en la sinagoga de Nazareth.
Y dice Jesucristo, tomando las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí por que me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos” San Lucas 4,18.
¿Sabes una cosa? La palabra Cristo quiere decir precisamente ungido, eso es lo que significa; Cristo es una palabra griega que quiere decir ungido.
Cuando tú dices Jesucristo, lo que estás diciendo es que Jesús es el ungido, ¿ungido con qué? "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido con el Espíritu Santo" San Lucas 4,18.
¿Y cuál es la relación entonces entre la primera lectura y el evangelio? Que en la primera lectura Esdras y su equipo de levitas estaban anunciando al pueblo la voluntad del Señor, y en el evangelio lo que encontramos es a nuestro Señor Jesucristo contando, declarando su misión, declarando quién es Él y cuál es su tarea, cuál es su misión en este mundo.
Está Jesús contándonos cuál es la voluntad de Dios y para decirlo de una manera corta, la voluntad de Dios es nuestra salvación, esta es la manera corta de decirlo, eso es lo que Dios quiere.
Y es maravilloso encontrar cómo lo dice el Señor: "el Espíritu del Señor está sobre mí para llevar a los pobres la buena noticia, para anunciar la liberación a los cautivos, la curación a los ciegos, la libertad a los oprimidos" San Lucas 4,18.
Es tan bello, es una explosión de alegría, es un manantial de júbilo, es un volcán de gozo que ha llegado a nuestra tierra con Nuestro Señor Jesucristo.
Dice una santa muy grande de la Iglesia católica a la que el Espíritu de Dios le concedió una sabiduría sobresaliente, Santa Catalina de Siena, "que Jesús era como un saco repleto de amor, como un saquito, como una bolsita repleta, colmada de amor y le salía amor por todas partes".
Y dice: "Y cuando llegó el momento de la pasión fue perforado ese saco, esa bolsa fue perforada con los clavos y con los azotes; lo que brotó fue amor para el mundo".
De modo que lo que nos cuenta esta lectura del Evangelio es cuál es la voluntad del Señor, y lo que aprendemos del evangelio es que la voluntad del Señor es nuestra salvación, que todo lo que Él nos manda y todo lo que Él obra en nosotros, no tiene otro objetivo sino nuestra salvación.
Cuentan que una vez se convirtió una jovencita, tendría unos catorce o quince años, se convirtió al Señor Jesucristo, tuvo una experiencia muy intensa del amor de Dios y ella aprendió a reconocer a Jesús en las palabras de la Biblia, y ella andaba con su Biblia casi para todas partes.
Y un día un compañero se la encontró en el colegio y vio que ella tenía la Biblia entre sus útiles escolares y le dijo: "-Oye, ¿qué es eso? ¿Es una Biblia?" "-Sí, es una Biblia, dijo ella", "-¿me prestas tu Biblia?", Y la niña le dijo: "-Te la presto, pero ten cuidado, si la lees, nunca volverás a ser la misma persona".
¡Qué lindo, qué lindo! Si llegas a conocer el tamaño de amor que Dios te tiene, si llegas a sentir el perfume de gracia que tiene Jesucristo, si te llega a tocar, si te llega a rozar el Espíritu de Dios, jamás volverás a ser la misma persona.
Empezarás a sentir que eres distinto, empezarás a sentir que amas de otro modo, empezarás a sentir que lo que antes era tan importante para ti, que lo que antes era fundamental para ti; ya no es tan importante y esta es la maravilla que produce el Espíritu de Dios en nosotros.
El Espíritu de Dios hace una maravilla. Santo Tomás de Aquino llama al Espíritu Santo “la Ley Nueva”, la Ley antigua fue la que proclamó Esdras allá cuando se reunieron en el año cuatrocientos cuarenta y cuatro, esa era la Ley antigua, la Ley que había dado a Moisés, pero ahora viene la Ley Nueva que es el Espíritu Santo.
¿Y cuál es la diferencia entre la ley que proclamó el sacerdote Esdras y la ley que proclama Jesucristo en la sinagoga de Nazareth? ¿Cuál es la diferencia entre la Ley de Moisés y la Ley Nueva del Espíritu Santo?
Es muy fácil describir cuál es la diferencia. La Ley antigua, la Ley de Moisés, me muestra qué es lo bueno y me muestra qué es lo malo, bueno, me muestra lo bueno y me muestra lo malo, pero no me quita el deseo, no me quita las ganas de obrar el mal.
La Ley Nueva, que es el Espíritu Santo, cuando llega a nosotros, cuando nos roza, cuando nos toca, le quitael poder de encanto que tiene el mal, le quita el poder de fascinación que tiene el mal y hace que nosotros nos enamoremos del bien y que saboreemos el bien y que nos guste el bien.
Y por eso la obra que trajo la Ley de Moisés, aunque fue maravillosa porque sirvió para prepararle el camino a Cristo, esa obra maravillosa de la Ley de Moisés se quedaba corta.
Porque la Ley de Moisés, como muy bien lo explica San Pablo, es una Ley que llega únicamente hasta decirme: “Mire que sea bueno, pero que sea bueno, pero que procure ser bueno, pero que no sea malo, hombre, que sea bueno”, y hasta ahí llega la Ley de Moisés.
La Ley que trae Jesucristo, en cambio, es una Ley maravillosa, la Ley que trae el Espíritu Santo, esta unción del Espíritu Santo, es una ley maravillosa porque se apodera de nosotros y hace que ya no nos guste, que ya pierda su encanto el mal, y que, al contrario, aparezca con toda su belleza y con todo su poder el bien.
Por eso donde entra el dedo de Dios, así llamaban los padres de la Iglesia al Espíritu Santo, donde entra el dedo de Dios huye satanás, ahí no queda espacio para Satanás.
Y te voy a decir por qué. Porque toda la estrategia se Satanás, ¿cuál es la estrategia de Satanás? Es presentarte la fascinación de algo que es malo pero que a ti te gusta, esa es la estrategia de Satanás y el caso típico se ve en el adulterio.
El hombre que tiene su familia, que tiene su hogar, pero Satanás le presenta el encanto de lo prohibido, el encanto de la seducción, y este hombre tiene su hogar, pero se siente seducido por una belleza que le atrae, que le cautiva, que le encanta, y con esa seducción, poco a poco su corazón queda despedazado y eventualmente cae en el pecado.
Toda la estrategia de Satanás está en la palabra “encanto”; Satanás quiere que nos encantemos, quiere que nos fascinemos con lo prohibido y pecaminoso, en cambio, cuando llega el Espíritu Santo a nosotros, hace que el encanto de lo pecaminoso disminuya, disminuya, disminuya.
Y en cambio, la belleza de lo justo y santo y puro y verdadero y bueno, crezca y crezca y crezca, y a medida que nos va gustando más y más y más lo verdadero, justo, bueno, bello y santo; y a medida que nos va disgustando o nos va gustando menos lo pecaminoso, lo sucio, lo torcido, lo impuro, entonces nosotros vamos tendiendo más y más hacia Dios.
Cuesta trabajo y hay resbalones, caídas, nos raspamos, sufrimos, pero de todas maneras el Espíritu Santo nos va ayudando y así el Espíritu Santo cumple lo que se dijo en el Evangelio de hoy: "El Espíritu de Dios me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva" San Lucas 4,18, una buena noticia para los pobres, una buena noticia, mira, una buena noticia.
Tú que no podías, tú que decías: "yo nunca voy a salir de ese pecado, yo nunca voy a dejar mi mal genio, yo nunca voy a dejar mi amargura, yo nunca voy a dejar …", hoy tengo una buena noticia para ti:
Viene Dios en persona con la efusión de su Espíritu, viene Dios atraer una ley nueva, no solamente a decirte: "mira, esto es malo, esto es malo"; eso ya lo decía Moisés. Dios no viene aquí simplemente a decirte qué es lo malo, eso ya seguramente lo sabías tú.
Dios viene a tu corazón para enamorarte de lo bueno, ese es el poder de la unción del Espíritu, y si te dejas rozar por el Espíritu jamás serás la misma persona. Vendrá el rocío del Espíritu sobre ti y sentirás que el encanto que antes tenía el pecado disminuye y sentirás que tu corazón se enamora cada vez más y más de lo bueno.
De esa manera, el poder y la unción del Espíritu Santo hacen de nosotros lo que San Pablo llama “creaturas nuevas” y cuando tú te vuelves una creatura nueva, cuando tú naces de nuevo por ese poder del Espíritu, todo se renueva en ti.
Una creatura nueva tiene ojos nuevos, entonces mira de otra manera; y tiene una boca nueva, y entonces habla de otra manera; y tiene un corazón nuevo, y entonces siente de otra maneta; y tiene unas piernas nuevas, y entonces camina por sendas nuevas; y tiene unas manos nuevas, y entonces hace obras nuevas.
Y son obras maravillosas que transforman el mundo, que traen vida, que consuelan, que sanan a los tristes, que dan fuerza a los que decaen.
Esa es la obra del Espíritu, y cuando el poder del Espíritu va llegando así al corazón de la pareja, entonces sucede una cosa maravillosa: hombres nuevos, mujeres nuevas, parejas nuevas, familias nuevas, comunidades nuevas, un mundo nuevo, esa es la obra que Dios quiere, allá tiene que llegar.
Y hermanos míos, para que sepamos hasta dónde llega el poder del Espíritu, tenemos la segunda lectura, en la cual no me extenderé, porque dicen que ya casi va a amanecer.
Sólo una palabra de esa segunda lectura: el Espíritu de Dios que es el gran protagonista en el evangelio. En cierto sentido, uno nunca sabe en el Evangelio quién es el protagonista si Cristo o el Espíritu Santo, esa es una conversación teológica muy interesante.
En la segunda lectura aparece el Espíritu: "así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, así nosotros formamos un solo cuerpo, porque hemos sido bautizados en un mismo Espíritu" 1 Corintios 12-13.
Esto es maravilloso, en un mismo Espíritu, hemos recibido un solo Espíritu, y es el Espíritu de Dios el que se va adueñando de nosotros, y es el Espíritu de Dios el que va haciendo su obra en nosotros, y es el Espíritu de Dios el que va colmando todo lo que nosotros somos.
Y si es bello ver a un hombre renovado en el Espíritu y si es bello ver a una mujer renovada en el Espíritu, es aún más bello ver cómo la obra del Espíritu no se queda en cada persona, sino que va entre todos nosotros, va tejiendo algo maravilloso, va haciendo algo maravilloso entre todos.
¿Por qué va dando dones distintos a las distintas personas? Lo que yo tengo probablemente tú no lo tienes, pero lo que tú tienes yo no lo tengo: nos necesitamos mutuamente, formamos un solo cuerpo; yo necesito de ti y tú necesitas de mí; somos un solo cuerpo en Jesucristo y los dones que tú tienes son necesarios, así como seguramente se necesitan los dones que el Señor me ha concedido a mí.
Todos tenemos un lugar en el plan de Dios, todos tenemos algo que hacer por Dios; no todos estamos llamados a hacer las mismas cosas y eso lo explica San Pablo en el pasaje que hemos oído. Uno no tiene que decir: "ah, pero es que como yo no soy ojo, no soy del cuerpo; como yo no soy boca, yo no soy del cuerpo".
De pronto tu dices: "yo no tengo el don de la música, yo no tengo el don de arrear ganado, yo no tengo el don de la predicación, yo no tengo el don de hacer milagros, ¿entonces Cristo qué puede querer de mí si yo no tengo ese don?
Cristo te ama a ti y por ti derramó su sangre, y el Espíritu Santo te ama a ti y a ti quiere venir y quiere untarte, quiere que quedes oliendo a cielo, para eso viene el Espíritu de Dios, para concederte a ti lo que seguramente no me ha dado a mí.
Y en ti el Espíritu Santo quiere hacer su propia obra para que tú realices lo que únicamente tú quieres hacer. Nunca habrá otra persona como tú sobre esta tierra y tú tienes una obra que tienes que hacerla tú y que si no la haces tú, se va a quedar sin hacer porque Dios no repite personas.
Nuestra fe cristiana es tan bella y es tan distante de todas las fábulas de la reencarnación. En la fábula de la reencarnación se supone que la gente nace y vuelve y nace y sigue naciendo y vuelve y juega.
Y una vez nace como sapo, y después como pájaro, y luego como persona, y después como ternero, y después como cucaracha, y después como hormiga, y después como elefante, y después en una de esas como...., esa es la reencarnación.
En la reencarnación la gente se repite, la reencarnación es el reciclaje, nosotros no somos reciclables, mis hermanos, nosotros somos únicos, tú eres único, jamás habrá otra persona como tú en esta tierra.
Tu vida es única y esa vida única que tú tienes esa vida única es la que Dios quiere untar y ungir con el Espíritu para que tu formes parte de un proyecto fantástico que San Agustín llamaba “el Cristo Total”.
El cuerpo de Cristo cuando atraviesa todas las fronteras, todas las culturas, todas las lenguas, todos los siglos; la obra de Cristo cuando se expande por el universo entero se llama “el Cristo Total”.
Tú tienes un lugar en el Cristo Total, y el Espíritu de Dios, la Ley Nueva de Dios, quiere llegar a ti y quiere hacer en ti una obra que jamás se va a repetir para que tú le des la gloria a Dios con lo que tú eres.
Amén. Amén. Gloria a Dios.