O036001a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20000129

Título: "Crea en mi, oh Dios, un corazon puro"

Original en audio: 6 min. 26 seg.


El salmo cincuenta y uno, que en la numeración de la liturgia de la Misa y de La Liturgia de las Horas, aparece como salmo cincuenta, se atribuye al rey David.

Ese salmo tiene un subtítulo en la Biblia, en la Biblia misma: se presenta como compuesto por David, precisamente en un acto de arrepentimiento después de este múltiple pecado cometido a partir del adulterio con Betsabé, la mujer de Urías.

El salmo cincuenta y uno es por excelencia el salmo del arrepentimiento. Pero, lo más bello de este salmo, es que expresando toda la tragedia del pecado, deja bien abiertas las llaves de la misericordia de Dios. Expresando lo terrible de nuestra culpa, expresa también lo fuerte de nuestra confianza en Aquel que nos ha creado.

Yo creo que hay una frase, exactamente la que hemos repetido hoy, que sirve de maravillosa síntesis de este salmo: "Crea en mí un corazón puro" (véase Salmo 51,12).

En más de una ocasión, distintos sacerdotes al confesarme, me han invitado a decir éste u otros salmos penitenciales, porque realmente es un salmo que tiene como la propiedad de invitar al corazón a la profunda realidad de su ser, y a descubrir detrás de su miseria, la misericordia de Dios. Y sobre todo me deleita esa frase: "Crea en mí un corazón puro" (véase Salmo 51,12).

El comienzo de la vida espiritual, que a veces llamamos primera generación, no se preocupa de esto; simplemente se goza en los bienes que Dios regala. El final de la vida espiritual, tal vez todavía se preocupa de esto.

Pero, es sobre todo en esa etapa intermedia, la etapa que llamamos segunda generación, esa etapa en donde estamos formándonos, es sobre todo ahí, donde esta frase adquiere toda su fuerza: "Crea en mí un corazón puro" (véase Salmo 51,12).

Yo me atrevo a decir, que esta es la frase que debería servir como de lema o de divisa a nuestro peregrinar por esa segunda generación: "Crea en mí un corazón puro" (véase Salmo 51,12), pedirle eso a Dios.

Mas, esa frase tiene historia, no sólo la historia de David, sino también la historia nuestra. ¿Por qué se habla de corazón? Porque de ahí, como nos dice Jesús en el evangelio de Marcos, "brotan todas las decisiones" (véase San Marcos 7,21-22), de ahí brotan los proyectos. Todo lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer, todo tiene su comienzo en el corazón.

Y por eso, mientras no se sane esa fuente, mientras no aprendamos a amar de otro modo, a desear de otro modo, a esperar de otro modo, a disfrutar de otro modo, -todos estos son actos del amor y del afecto-, mientras no tengamos lo anterior, nuestra vida seguirá en las mismas.

Por lo tanto, es necesario esto: "Crea en mí un corazón puro" (véase Salmo 51,12). Un corazón puro significa en otro sentido un corazón purificado. ¡Un corazón purificado!

Pero, también significa un corazón nuevo, como dice además este mismo salmo en otro lugar: "Dame un corazón nuevo" (véase Salmo 51, ); el que tenía no me sirve. "Dame Tú un nuevo corazón", como expresa hermosamente alguna canción.