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Fecha: 19960128

Título: Santo Tomas de Aquino y el verdadero sentido del milagro

Original en audio: 9 min. 11 seg.


La vida de Tomás de Aquino parece demasiado tranquila, demasiado abstracta, demasiado lejana, porque fue la vida de un profesor. Y aunque es difícil dar clases, no parece fácil canonizar a alguien, sólo porque fue muy buen profesor.

Esa dificultad se hizo visible, precisamente en el proceso de canonización de Tomás. ¿Dónde están los milagros? Respondió el Papa: "Tantos milagros como artículos". Más de dos mil artículos tiene la Suma Teológica de Tomás. Y compara este Papa el esplendor del milagro con el esplendor de la sabiduría de Tomás.

Pensemos en lo que eso significa. Para nosotros normalmente, milagro es aquello que contradice las leyes de la naturaleza, algo que no se puede lograr con las solas fuerzas humanas, y que por lo mismo, habla de una fuerza superior. Pero con esa definición de milagro, pues habría que decir, que para los hombres del siglo de Tomás, hay tantos milagros como pilotos de avión.

Porque eso de que contradice las fuerzas de la naturaleza, es relativo. ¿Quién tiene el inventario completo de las leyes de la naturaleza? ¿Quién conoce de tal manera la naturaleza como para decir, tal cosa, tal o cual cosa es absolutamente imposible?

Yo he conocido gente seria, que cree firmemente en ciertos poderes de la mente humana, como la transmisión del pensamiento, o el mover cosas a distancia. Es posible, que dentro de unos años o siglos, tengamos una comprensión tan grande de la mente, que incluso aprendamos a manejar ese tipo de poderes, si es verdad que se les puede llamar así, y podamos aprender a transmitir el pensamiento, comunicando, avisando, por ejemplo, la hora de la Misa. Es posible que tal cosa suceda.

Pero si hoy alguien no lograra, diríamos, un milagro, de manera que quedarnos con el milagro, pensando sólo en que el hecho es extraordinario y en que contradice las fuerzas de la naturaleza, ¿quién conoce las fuerzas? ¿Quién tiene el inventario de las leyes de la naturaleza?

De modo que eso es en parte relativo. Y no me refiero aquí sólo al tamaño del efecto logrado, sino incluso a la forma de realizarlo. Porque alguien diría: "Bueno, pero la palabra..., por ejemplo, curar a un enfermo con palabras, sólo diciéndole, eso es un milagro". Es cierto, pero no podemos suponer, que esas palabras eran simplemente dichas. Junto a ellas, probablemente había eso otro, que estamos refiriendo aquí como poderes o cosas, que quizás tenga la mente humana.

Y bueno, además de la mente humana, están los espíritus demoníacos, perversos, que también hacen prodigios, hacen cosas extrañas o extraordinarias. Recordemos, que en el encuentro aquel entre Moisés y los magos del faraón, los magos lograban casi todas las cosas que realizaba Moisés, incluso cosas tan espectaculares, como hacer que un bastón se convierta en una serpiente.

El ejemplo lo pongo de la Escritura, para indicar, que la santidad en general, y la santidad de Tomás en particular, no se apoya en ese tipo de cosas. Pero, ¿qué es lo que tiene Moisés que no tienen los magos del faraón? Que habla y obra en el nombre del Dios verdadero.

¿Qué es lo que tienen los milagros de Jesús, que no tienen los hechos espectaculares de brujos o de magos? Que el milagro obrado por Jesús, cambia el corazón de la persona, le hace descubrirse amado por Dios, lo lleva como a un conocimiento del Señor, aumenta la fe, aumenta el amor, comunica gracia, comunica Espíritu. Parece, que por este lado, es el verdadero sentido del milagro.

Y volviendo a nuestra historia, esa es la grandeza de Tomás. No es el dar clases simplemente, sino es el predicar. Tomás es un predicador, es un fraile predicador. Y en su predicación, a través de sus palabras, hay un momento histórico concreto de ciertas discusiones y de ciertas preguntas, que parecían remecer las convicciones de los creyentes.

Su palabra hace lo que hace un milagro. Es decir, trae claridad, trae esa fe, mueve el corazón, de manera que se descubra alcanzado por gracia, por la gracia de Dios, y de modo que se levante hacia Él.

Este don particular de Tomás es muy necesario, porque despierta en el entendimiento humano, el hambre, el deseo de la verdad buena y del bien de la verdad. Su enseñanza es saludable, como prevención de la mentira, o como sanación del error.

Su palabra, que da un inmenso testimonio de Jesucristo, logra, y por eso la Iglesia la recomienda, que el corazón, que se familiarice con esas palabras, se levante hacia el Señor. Y por eso, este Tomás, que puede parecernos tan abstracto, tan lejano, tan racionalista, es antes que todo, un amigo de Dios, un Santo.

Su santidad, su mirada extraña, llegue también a nuestras mentes, también a nosotros nos levante a la contemplación, al amor de la verdad que no acaba.