Co02003a
Fecha:20010114
Título:
Orginal en audio: 16 min. 50 seg.
Queridos Hermanos:
Esta lectura es como un eco más de las festividades con las que terminó el tiempo de Navidad.
Para el mundo la Navidad es un día, o de pronto un ambiente; para la liturgia de la Iglesia la Navidad es un tiempo, un tiempo particular de celebración que comienza con la Misa de medianoche del veinticinco de diciembre y que termina con la fiesta del Bautismo del Señor.
La Navidad termina cuando llega la Epifanía, un nombre extraño pero muy bello que significa la manifestación de Dios.
En la fiesta de Epifanía recordábamos, por ejemplo, la llegada de aquellos Magos de Oriente, por eso se suele conocer como la fiesta de los Reyes Magos, pero es es mejor utilizar la palabra Epifanía, porque significa, como ya he dicho, manifestación.
Y las manifestaciones del comienzo de la vida de Cristo no se redujeron a ese encuentro con los Magos de Oriente, cuando Jesús era apenas un bebecito. ¿Cuáles fueron las epifanías del comienzo de la vida de Cristo? Pues mira: está la de los Magos, porque ya ellos lo reconocieron como Rey, Rey de Israel, y le dieron tributo y se postraron ante Él.
Pero hay otras epifanías. Cuando el Bautismo de Cristo hubo una epifanía, se vio una paloma que descendía sobre Él, indicando la presencia y la unción del Espíritu, y se oyó una voz: "Este es mi Hijo amado" San Mateo 3,17; fue una epifanía el Bautismo de cristo.
Y la lectura del evangelio de hoy, es la tercera epifanía del comienzo del ministerio de Cristo. Los Magos de Oriente, el Bautismo en el Jordán y las bodas de Caná son tres epifanías de Cristo, tres manifestaciones que marcan el comienzo del ministerio de Nuestro Señor.
¿Qué quiere decir eso para nosotros? Estas epifanías del comienzo, estas manifestaciones que Cristo hace al comienzonos muestran en qué consiste su tarea, cuál es su misión, quién es Él para nostros.
Por eso, aunque el tiempo litúrgico de Navidad ha quedado atrás, todavía hoy, en este domingo, que ya es domingo del tiempo Ordinario, como lo indica precisamente el color del ornamento que llevo y que lleva mi hermano diácono, aunque estamos en el tiempo Ordinario, esta lectura de hoy es como un eco más del comienzo del ministerio de Cristo, el comienzo de la misión de Cristo, de la tarea de Cristo.
Lo primero que debemos llevar en nuestro corazón y en nuestra mente, ahora que volvamos a nuestras casas, es que hay tres epifanías que marcan el comienzo de la misión de Cristo, y son: los Magos de Oriente, el Bautismo en el Jordán y las bodas de Caná. Cada una de esas epifanías nos enseña algo del Señor.
ya tuvimos la fiesta de los Magos de Oriente, la de los reyes Magos que se suele llamar, ya pasó la fiesta del Bautismo del Señor, hoy estamos en la tercera de esas epifanías, las bodas de Caná.
El evangelio que acabamos de oír tiene una frase importante: "Esta fue la primera señal que hizo el Señor ante sus discípulos, y ellos creyeron en Él" San Juan 1,11. El primer milagro de Cristo.
Lo propio de esta celebración es que se trata del primer milagro de Cristo. Y si a noostros nos preguntaran en qué consistió el priemer milagro de Cristo, podríamos decir que convirtió agua en vino.
Pero el significado profundo del milagro no es algo como convertir una sustancia en otra, no fue que cambió jugo de manzana en jugo de durazno, o sopa de pollo en caldo de carne; no se trata de un mago. Es una señal.
El evangelio que hemos oído nos habla de una señal. Una señal es como un dedo que indica; uno no debe quedarse mirando el dedo, sino hacia dónde apunta el dedo, el dedo es: pero el agua se transformó en vino, y que ese fue el primer milagro que vieron los discípulos.
Pero el Evangelista nos dice: "Se trata de una señal" , ojo, es un dedo indicador, ¿hacia dónde apunta? Eso es lo quevamos a decir para terminar nuestra homilía de hoy.