O014001a
Fecha: 19960101
Título:
Original en audio: 15 min. 41 seg.
Resulta casi graciosa la doble derrota del pueblo hebreo, según nos narra la primera lectura.
Ellos están seguros de que no les va a pasar nada porque son el pueblo de Dios, ¿entonces qué les puede pasar? Se meten a la batalla, cuatro mil muertos perdieron, se reúnen, deliberan: "¿Por qué pasó esto? Ah, es que falta Dios, entonces mandemos a Dios".Y creyendo que mandando el Arca mandaban a Dios.
El Arca era santísima para ellos, y ellos sentían que ya iba Dios con las tropas: "¡Ahora sí, a gritar y a pelear!" Peor la muerte, y les cogieron Arca y todo. "A nosotros no nos puede pasar nada porque somos de Dios", pues ya ve, dos derrotas, ¡siempre les podía pasar!
Y entre los muertos, no gente de cualquier clase, había el santuario de Siló; pero los guardianes del Arca fueron los primeros en caer, los hijos del sacerdote Elí, ahí quedaron tendidos en el campamento. "A nosotros no nos puede pasar nada porque somos de familia sacerdotal", ahí quedaron muertecitos.
Estos acontecimientos se inscriben dentro de una historia en la que Dios va purificando la fe de su pueblo, porque ellos estaban muy convencidos de que no les podía pasar nada, y sí les pasó. Entonces la manera como Dios protege no es: "Porque yo soy de familia sacerdotal", y la manera como Dios protege no es: "Yo soy del equipo de Dios, luego yo no puedo perder".
Esa no es la manera de la protección divina. Uno lo puede traducir un poco a nuestro lenguaje y a nuestras circunstancias. Son tantos los cambios que trae, por ejemplo, la vida religiosa, digamos en el aspecto exterior, en el vestido, que uno puede creer que a uno no le pueden pasar muchas cosas.
Decía una vez, con cierta burla, con cierta sorna, decía un señor medio incrédulo: "Eso de ponerle un hábito a una niña es como disfrazarla de santa". Él lo decía con burla, quizá con mala intención, pero alguna enseñanza puede traer también para nosostros.
Efectivamente, por lo menos el hábito en lo que respecta al hábito religioso, nosotros estamos disfrazados de santos, pero será disfraz si lo que va dentro del hábito no es un santo; si lo que va dentro del hábito es una santa no es un disfraz, sino que ese vestido correspondea lo que es la persona.
Empieza a ser pantomima, hipocrecía, disfraz en elmomento en el que eso no corresponde a lo que está viviendo la persona, ahí empieza a ser una mentira. Y lo grave es que esa mentira se la crea uno mismo, uno también la crea, le dé crédito. Pues, con hábito y todo uno puede iguales y peores pecados que todo el mundo.
Porque sólo la conversión del corazón, sólo un corazón fijo en Dios, sólo un corazón creyente en Él, sólo ese corazón puede aspirar a la gracia, es decir, puede aspirar al aumento de gracia, en cuanto nuestros méritos de alguna forma nos disponen para recibir esa gracia divina. Pero la gracia no está tampoco condicionada a nuestros méritos. Este es un ejemplo de lo que le puede pasar a uno.
Otras veces uno se fía de que no comete pecados graves, eso de los pecados graves y no graves es muy relativo, porque casi siempre uno cree que grave es lo más escandaloso, o lo más vergonzoso, o lo más reprochable en el ámbito social.