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Fecha: 20040718

Título: ¿Recibimos la visita de Jesucristo como El quiere?

Original en audio: 8 min. 56 seg.


Mis queridos Hermanos:

Son muchos, indudablemente, los sentimientos que se despiertan en nosotros, mirando la escena del Evangelio ( véase San Lucas 10 , 38-42 ). Empecemos por ese sólo hecho de recibir a Jesús en la casa. ¡Qué privilegio tan grande!

Jesús fue a la casa de Marta, María y Lázaro, que eran hermanos, y sabemos que fue a esa casa, porque los sentía amigos. No es sólo el hecho de recibir a Jesús en la casa, es sobre todo, el hecho de ser amigo del Señor.

Y esto ya abre en nuestro corazón una pregunta, y también una esperanza. La pregunta: ¿Cómo sería recibir a Jesús en mi casa? ; y la esperanza: ¿No será que Él quiere también venir a mi hogar? ¿No será que quiere venir también a mi vida?

Marta y María reciben a Jesús, pero hay una diferencia entre estas dos hermanas. Marta quiere hacer algo por Jesús. María quiere dejar que Jesús haga algo por ella. En ambos casos hay un sentimiento, hay un afecto; podemos decir, hay un amor.

Pero ese amor tiene como dos expresiones diferentes. Una es: "Voy a hacer algo por Jesús". Otra es: "Voy a dejar a Jesús que haga algo por mí". La actitud de María puede parecer pasiva, incluso cómoda. Sentada a los pies del Maestro, recibe la Palabra, simplemente escucha, simplemente se deja alimentar.

Marta, en cambio, está pensando en alimentar a Jesús, está pensando en cuidar de Él. Se preocupa por la humanidad de Jesús, y quiere que la casa, y quiere que las cosas estén lo mejor posible para Él.

Sabemos cuál es la posición, cuál es la actitud que toma Nuestro Señor. Tal vez no está mal que Marta quiera ocuparse de Jesús, pero Jesús prefiere ocuparse de nosotros, ocuparse de Marta, ocuparse de María. ¡Darle la oportunidad a Jesucristo para que haga algo en nosotros!

Marta quiere que María la ayude en el oficio de la casa, quiere que la casa esté de la mejor manera para Jesucristo, un sentimiento noble. Marta se pone al servicio de Jesucristo, pero de un modo tal, que priva a Jesucristo de ponerse al servicio de ella.

Porque, claro, si María tenía que levantarse para hacer el oficio de la casa, entonces Jesús ya no podía servir a María, ya no podía servirle el banquete de la Palabra, ya no podía servirla otorgándole la luz, la gracia de su presencia y de su predicación.

O sea que hay algo muy profundo y muy hermoso aquí. No debemos servir de tal manera a Jesús, que le privemos del divino derecho que tiene de servirnos Él a nosotros. Parece que Jesús es celoso de su título y de su misión de siervo, de servidor, y no quiere que nadie le sirva de un modo tal, que prive a Jesús del privilegio de servir más, de servir primero, de servir mejor.