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Fecha: 20080110 Título: El Amor Cristiano Original en audio: 31 min. 55 seg.


La Primera Carta de San Juan para quienes han tenido la oportunidad y la gracia de asistir a la santa Misa en estos días, ha sido nuestra compañía.

La Primera carta de San Juan tiene un lenguaje poético pero no etéreo. A veces creemos que la poesía se confunde con la fantasía, pero el verdadero poeta no huye de la realidad sino que descubre en ella lo que los demás no sabemos mirar.

Un verdadero poeta se parece a un verdadero profeta, alguien que penetra la densidad de las cosas y descubre luces, inspiraciones, verdades que estaban ahí pero que los demás no podíamos descubrir. San Juan es un poeta y es un profeta, es alguien que nos enseña a mirar la realidad de la vida y sobre todo la realidad de la vida divina.

Esta es la carta que empieza con esas palabras que recordamos todos, lo que hemos visto y oído, lo que tocaron nuestras manos acerca de la palabra de la vida. Es decir, que la primera carta de Juan es un himno a la realidad de la encarnación y esa es la razón por la que la hemos venido leyendo durante el tiempo de la navidad, porque de lo que se trata es de mostrar que el amor es real, la salvación es real, Cristo es real, tan real como nuestra carne, como nuestros huesos, como nuestra sangre. Nosotros sabemos por experiencia propia que el pecado es real y arruina la vida. Si el pecado es real y se puede palpar, se puede palpar en el brazo fracturado de un niño que nació en cautiverio, si el pecado es real y se puede palpar en el rostro de tantas personas desaparecidas, oprimidas, secuestradas, famélicas, si el pecado es real y se puede palpar en tantas enfermedades somáticas, neurológicas, cardiovasculares, si el pecado es así de de real, la salvación no puede ser una fantasía, la salvación tiene que ser algo tan real como el pecado que viene a corregir y a sanar, dicho de otra manera, si la enfermedad es concreta, el remedio no puede ser etéreo, abstracto, fantasioso. Si la enfermedad es concreta y real, la salvación debe ser real y concreta.

Ese es el gran mensaje de la Primera Carta de Juan. ¿Y dónde palpamos esa salvación? En la Carne de Cristo. El amor, dentro de la carta de Juan, no es un sentimiento que queda sometido únicamente al juicio particular.

Yo amo, ¿Quién lo sabe? Yo. Y nadie se puede meter con lo que yo sé o con lo que yo digo. Juan dice, el amor es visible en la carne de Cristo, en su comportamiento, en su misericordia, en sus llagas, en su sangre, el amor se puede palpar, el amor se nota, el amor se ha manifestado.

La palabra epifanía quiere decir manifestación. Para San Juan la carne de Cristo es la gran epifanía. Dios se ha vuelto epifanía en la carne de Cristo, es así de real. Esa es una gran noticia, he aquí alguien al que puedo abrazar, escuchar, besar, obedecer y que es solo amor, y en El encuentro la definición del amor, ese se llama Jesús. Eso es maravilloso.

Pero Jesús fue crucificado, murió, resucitó, sabemos que está en medio de nosotros, pero a veces quisiéramos palparlo. ¿Donde lo podemos palpar hoy? San Juan sigue la línea concreta y dice: “Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios” (I Juan 4, 7) esto es muy importante porque dice el mismo San Juan en este mismo pasaje, “el que ama y da el ser ama también al que ha nacido de el” (I Juan 4, 7) entonces el amor a Dios no es una cosa abstracta, un sentimiento, el amor de Dios es tan concreto como la carne de Cristo, el amor a Dios hasta cierto punto se funde, se fusiona con el amor al prójimo en esta teología preciosa de San Juan, pero aquí viene un impedimento sicológico: Cuando a uno le dicen amar a Dios, uno dice es fácil, porque Dios es amor, sabiduría, bondad misericordia.

Amar al prójimo: el prójimo es antipático, cansón, impaciente, el prójimo no se me parece a Dios, entonces como me va a decir que el amor a Dios y al prójimo se convierten como en las dos caras de una misma moneda si el prójimo es tan distinto de Dios. Tan bonito que es amar a Dios, sentir la sublimidad, sentir la perfección y que uno se eleva hacia esa perfección. Como que flota, tan bonito que es sentir, uno se eleva ante las perfecciones del amor de Dios y en eso aparece el prójimo, sin gracia, egoísta, mezquino, capaz de traición, hasta con caspa. ¿Cómo hago para amar al prójimo? Difícil...

Lo más importante de este pasaje es que nos ayuda a resolver este problema. La clave para el amor al prójimo no es la línea horizontal sino el arco.

La línea horizontal consiste en lo siguiente: voy a ver que me cae bien de usted, yo miro a la persona así, y ella me mira, y descubro que hay algunas cosas que me caen bien de ella y ella descubre que hay cosas que me caen bien de mi, ese es el amor en el plano humano, ese amor la biblia lo llama el amor de la carne y la sangre, es el amor de la simpatía, entonces uno ve que hay gente que le cae bien a uno y hay gente que le cae bien a mucha gente, hay gente que le cae bien a todo el mundo, que tiene ese don, una simpatía natural.

Me acuerdo de un compañero de noviciado que desafortunadamente se retiró de la vida religiosa, le caía bien a todo el mundo, era inteligente, culto, agradable, sencillo simpático, conocía todos los apuntes, bien parecido, pero todo eso es horizontal todo eso es la carne y la sangre, y la carne y la sangre no heredarán el reino de los cielos. ¿Por qué? Porque con la misma facilidad con que nace la simpatía, nace la antipatía. No pasa muchas veces que dos son grandes amigos hasta el día que se vuelven grandes enemigos, la carne y la sangre tiene eso, que pasan de la pasión al fastidio, se necesitan y luego se detestan la cante y la sangre son así, que es lo mismo que nos pasa con los alimentos, cuántos niños son fascinados con un dulce y luego no lo pueden ver.

Esa es la carne y la sangre mis hermanos, esa es la mirada horizontal. San Juan nos dice que ese amor no va muy lejos, ese amor es cojo, se cae y se muere. ¿Cómo es el amor en arco? El amor en arco, consiste en lo siguiente: yo veo a la persona y veo que humanamente podemos tener puntos de coincidencia, veo que me cae bien en algunas cosas, en otras no me cae muy bien, lo noto un poco cansón en un aspecto, me gustan unas cosas y otras no, pero eso no le da el primer lugar.

El amor cristiano consiste en dale el primer lugar a lo siguiente: este es amado de Dios ahí empieza el amor cristiano, es amado de Dios, ahí empieza el amor, o es amado de Dios, cuánto vale esa persona, infinito, vale sangre del hijo de Dios, entonces el amor cristiano no es un fruto espontaneo el amor no es espontaneo, les repito, el amor cristiano no es espontaneo, tampoco es el fruto de un análisis, es la inevitable y maravillosa consecuencia de nuestra misma fe, cada persona que encuentro es una expresión del amor que a mí me ha salvado.

No es un amor puramente intelectual al estilo del imperativo categórico kantiano, porque es que al filósofo Kant se le ocurrió que se podía organizar la sociedad desde un imperativo, desde la pura razón, yo debo obrar de tal manera que mi acción pueda ser norma para el universo, yo con esa convicción en la cabeza, tengo que andar por el mundo analizando, que es lo que yo tendría que obrar con este sujeto que sería norma para la sociedad que me rodea, ese es el amor disecado de Kant, es una pura decisión racional, ese no es el amor cristiano.

Pero el amor cristiano tampoco es el espontaneismo, no es la pura espontaneidad de la carne y la sangre, para la mayoría de nosotros los varones, por ejemplo, nos resulta muy fácil amar el rostro dulce y sonriente de una mujer bonita, uno no tiene que hacer muchas decisiones ni analizar mucho para que le guste el rostro dulce, amable, hermoso de una mujer, eso surge espontáneamente, el amor cristiano no es espontaneidad ni tampoco es decisión intelectual.

¿Qué es el amor cristiano? Es el fruto necesario y maravilloso de la fe que he recibido, entonces en cierto sentido es espontaneo, no con la espontaneidad de mi espíritu sino con la espontaneidad del espíritu que me redimió a mí y en cierto sentido es decisión racional, no de mi razón sino de las razones que Dios tuvo para redimir a esa otra persona y a mí, el amor cristiano es maravilloso, yo quiero que en esta Eucaristía el señor nos deje sentir ese amor, dice san Pablo, es lo que sobrepasa, lo que sobrepuja toda palabra, todo concepto, porque es maravilloso, es mirar a una persona y es sentir que esa persona es una expresión del mismo amor que a mí me creo, que me redimió, del mismo amor que me está transformando, cada persona lo es.

Esta experiencia del amor cristiano es de una libertad maravillosa y ahí se entiende porque lo llamamos amor en arco, porque no me voy horizontalmente sino que me levanto hacia el Señor y desde el Señor voy aprendiendo a mirar a las personas, entonces mi consideración no es si me cae bien o mal, si me hizo bien o mal, mi consideración es Dios ha amado a esa persona y es expresión de su amor.

Entonces yo no voy a buscar en la persona que me gusta o que no me gusta, sino que voy a encontrar en esa persona la historia del amor que Dios le ha tenido, cuando uno obra así, yo sé poquito de eso, pero algo he vivido, lo que he vivido me ha llenado tanto, porque entonces uno empieza a descubrir espejos y facetas del amor en todas partes, eso es lo más necesario para poder amar en libertad a las demás personas.

Me explico. Cuando una persona no tiene experiencia en el amor, cuando siente que el universo es un lugar inhóspito, frio, seco, cavernoso, peligroso, sospechoso, en una soledad poblada de aullidos dice el Salmo, cuando sientes que en el universo no hay amor posible, que todo es soledad, y de pronto aparece alguien que te ofrece una migaja de amor, sucede una transformación genética, pierdes algunos de tus cromosomas humanos y te transmutas en garrapata.

Les voy a explicar como sucede: como ella es la única persona que a mí me ha entendió y me ha querido, la gente se agarra por eso los ve uno así en los transmilenios y van caminando así.

Están trasmutados en garrapata y entonces qué pasa, que si la primera persona que me sonrió fue un hombre, descubrí que soy homosexual, este es el origen del encumbramiento de la homosexualidad en la sociedad, se parte de la base de un desierto helado, y es en ese desierto una muchachita descubre que lo único que le da amor en esta tierra es una amiguita que se consiguió, conclusión, soy lesbiana, porque solo ha encontrado amor ahí.

Entonces la una se vuelve garrapata y la otra se vuelve patagarra y ahí queda, esa es la imagen y uno los ve así asustados. A mí como me impresionó en España la explosión del homosexualismo, las escenas de los homosexuales, son como las escenas del transmilenio, eso lo veremos en Bogotá como sigan las cosas, es lo mismo, uno ve el par de lesbianas encerradas en una botella, ¿nos queremos verdad?

¿Por qué se llega a eso? Ya se trate de hombre, mujer, animal o cosa, en el fondo hay un desierto helado y en ese desierto lo único que me sonrió fue ese muchacho y me volví homosexual, por eso cuando estas personas han trasmutado en garrapatas, apegadas hombre - mujer, hombre – hombre, mujer - mujer, o lo que sea, cuando están trasmutados en garrapatas, llega la iglesia católica y dice el homosexualismo es intrínsecamente malo y ¿qué le dicen a la iglesia? Lejos de aquí, la iglesia es inhumana, la iglesia no entiende, es cruel, es hipócrita.

¿Por qué no soportan ese lenguaje? Porque esos pobres seres tanto los que están en relación homosexual como los que están en relación heterosexual, sufren de lo mismo, es un garrapatismo y el garrapatismo surge de experiencias famélicas de afecto, personas carentes de afecto que de pronto descubren una pandilla de amigos, o un amiguito y se aferran así, están agarradas, y el problema de eso, y en eso son iguales las parejas homosexuales y heterosexuales, y es que eso agota, una mujer puede ser fantástica, pero si usted está así mirándola y mirándola, empieza a descubrirle defectos, además el ser humano cansa, porque el ser humano que hecho para el infinito, por eso esas parejitas homosexuales o heterosexuales que sufren de garrapatismo, están atrayendo tragedias sobre sus vidas, porque después de andar pegados todo el día, de pronto ella dice mi amor yo te quiero mucho pero tengo un dolor en la espalda que ya no puedo seguir así, a lo que le contestan, claro te fastidiaste de mi, ya no me quieres, ya encontraste otro amor, yo si sabía, traidora, mentirosa.

Como es amor de carne y sangre se pasa fácilmente de la pasión al fastidio y al odio, eso es lo que da el mundo, la persona queda devastada, se me fue mi pareja, sea hombre o mujer, el origen de ese homosexualismo de la sociedad empieza con parejas heterosexuales garrapatas, el homosexualismo nace del garrapatismo, y ambos nacen del desierto helado.

San Juan nos presenta una visión muy diferente, es la visión en la cual yo descubro el amor, la comunidad, toco la carne de Cristo y me siento amado, cuando yo siento que hay amor sobre esta tierra, que soy digno de ser amado, que soy importante para la familia y una comunidad, entonces no me vuelvo garrapata, cuando amo, amo a escala humana y no a escala garrapática.

Para que el amor humano tenga su estatura, tiene que encontrarse con esta realidad. La mejor manera de conseguir un buen novio, es sentirte amada, si tú te sientes amada por un grupo, por una comunidad, por una familia, si sientes que vales si sientes mujer que eres preciosa ante los ojos de Dios, si sientes que tu vida es extraordinaria y es un milagro todos los días si sientes que es maravilloso existir, estas lista para tener novio porque ese va a ser un novio no una garrapata.

En cambio la mujer que no siente eso, sino que siente que el mundo es un desierto helado, que siente a mí nadie me quiere que todo es extraño, sospechoso cavernoso, individualista, peligroso... ahh me sonrió ese muchacho… yo creo que todo lo que la vida puede darme, vendrá a través de esa sonrisa, ¡eso es pedirle demasiado a un pobre tipo!

Ese pobre tipo no le va a dar todo eso a usted, ese pobre tipo tiene una cantidad de traumas, porque está carente de amor, tiene vicios, porque no le ha funcionado la vida en muchas cosas, el esta traumatizado pero él a su vez vio la sonrisa de la niña y dijo, todo lo que el amor puede darme en esta tierra está en ella... y como dos chupas de baño se agarran el uno al otro, pero eso es como ordeñar una vaca de cartón, ellos están secos, ¿qué pueden dar?

Para ella el mundo es un desierto helado y ese pobre chino que va a dar si lo único que tiene es vacio, son dos chupas ahí, muy pronto llegan a una conclusión, dice él, ¿sabes qué? Necesitamos darnos un tiempo, y entonces dice ella, dime la verdad, hay otra ¿cierto? Dime como se llama, yo lo aceptaré con paz (en tono irónico).

Manera correcta de conseguir novia: Sienta que usted es un hombre que vale, sienta que la palabra de Dios habita en usted, siéntase amado por su familia y por su comunidad, sienta que cuando usted comulga Jesús lo abraza por dentro y por fuera, sienta el gozo del amor de Dios cada vez que roza la sangre de Cristo, siéntalo muchacho, siéntase cobijado bajo las alas del altísimo, sienta que sus proyectos interesan al Dios de los cielos, siéntase digno y feliz sin altanería y sin orgullo, estando así y con la vista en el plan de Dios está listo para tener novia, así va a tener novia y no va a tener garrapata.

Cuando se encuentran estos dos cada uno de los cuales sabe lo que el otro vale, como él sabe que es valioso ante los ojos de Dios y ella sabe que es preciosa ante los ojos de Dios, el también sabe que esa mujer es un tesoro, un regalo y la trata si, y entonces le dice sin ironía, mi tesoro.

Ahí sí se puede dar el amor, porque el amor va en arco, como ese hombre ha descubierto la alegría de ser hombre, siente la alegría de tener a su lado una gran mujer, como esa mujer se siente feliz de ser mujer, se siente feliz de estar junto a un gran hombre.

Todos estos malos entendidos con el homosexualismo parten del garrapatismo, para luchar contra el homosexualismo, no hay que maltratar a los homosexuales, hay que entender todo este camino de soledad de falta de evangelización, falta de caridad y de garrapatismo ahí empezamos a comprender de donde surgen todas estas cosas.

Y es maravilloso el panorama que nos presenta la Primera Carta de San Juan, el amor es real, concreto, ese amor real y concreto es que que vamos a celebrar aquí en el altar.

Yo les pido que cuando comulguen sacramentalmente, recuerden la frase de san León Magno: “Lo que era visible en Cristo pasó a los sacramentos”. Gócense esa comunión, saboreen a Jesús.

Jesús gracias por amarme por tocarme, por abrazarme. Si tienen espíritu místico, digan gracias por besarme y no les de pena decir eso, gracias, porque en el fondo el alma humana es la esposa del verbo, gracias señor gracias, cólmame, lléname, inúndame de tu amor, así estamos preparados y listos para ser hombres y mujeres en la familia, en la sociedad, donde Dios nos conduzca.