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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20070108

Título: Bautizarse es pasar por la muerte y por la vida

Original en audio: 11 min. 51 seg.


La raza humana ha gastado miles de millones de dólares tratando de averiguar si hay agua en otros planetas, especialmente los que están más cerca.

Sabemos que Venus es demasiado hostil para albergar o haber albergado agua líquida. En cambio, la duda persiste respecto al planeta Marte.

La teoría más corriente hoy por hoy, es que Marte sí tuvo agua líquida. Pero, por circunstancias atmosféricas y climatológicas complejas, perdió prácticamente todo lo que es ese recubrimiento delgado, esa atmósfera. Lo único que queda de agua, si queda, es en forma sólida.

¿Por qué nosotros, los humanos, gastamos tanto dinero, tanto esfuerzo y tanta inteligencia, tratando de encontrar agua? Porque, si podemos encontrar agua, lo más probable es que podamos encontrar vida.

El agua está relacionada, está vinculada con la vida, tal como la conocemos. Y esto lo sabían también los antiguos, en una lengua pariente del hebreo, una lengua que se llama, "el ugarítico".

Hay una sóla palabra para decir lluvia y para decir vida. El ugarítico se ha hablado únicamente en esa zona tan seca, tan desértica de la tierra. Para ellos, tener lluvia, es tener vida, y no tener lluvia, es no tener vida. Tienen una sóla palabra para decir las dos cosas.

Al mismo tiemo, el agua puede ser pavorosamente cruel, despiadada. El agua reclama vidas continuamente. En este país en que nos encontramos, en Irlanda, que es un país de nadadores y de marineros, continuamente suceden accidentes, lamentables, por supuesto, personas que perecen ahogadas.

Pero, hemos conocido la furia de las aguas en otras circunstancias. Está fresca en la memoria la tragedia de Nueva Orleans, y está fresca todavía la terrible tragedia del tsunami en el sureste de Asia: el agua implacable que sepulta, que nos hace recordar las historias de la Biblia, el diluvio que viene a sellar una condena de muerte contra una humanidad pecadora.

Algunos piensan que las aguas también se van a llevar buena parte de lo que nosotros conocemos de nuestra sociedad, de nuestra civilización actual. Si el calentamiento global sigue como va, si se derriten grandes porciones de hielo de la Antártida y glaciares de Groenlandia, pues, van a subir los niveles de los océanos.

¡Y una gran parte de las ciudades populosas del mundo, están al nivel del mar! Entonces, hay temor de lo que pueda suceder en Holanda, en Nueva York, o también aquí en Dublín.

Las aguas traen vida, pero las aguas también traen muerte. Y esa doble significación tan profunda, tan impactante, está en la idea del bautismo. Bautizarse es pasar por la muerte y por la vida.

Esto queda especialmente representado en el bautismo por inmersión. Ese era el bautismo que predicaba Juan el Bautista. Juan estaba predicando a orillas del río Jordán, y la gente que llegaba a bautizarse, no recibía un poquito de agua, sino que se sumergía, se metía en las aguas del río Jordán, como semejando una muerte, una muerte breve, pero muerte.

Y éso es lo que se pretende en el bautismo: morir, ponerle un final, ponerle un tope a una forma de vida; decir: "Aquí muero, aquí acaba algo en mí, aquí empieza también algo nuevo para mí".

Juan el Bautista tuvo esa misión noble, maravillosa y difícil, de contarle al pueblo que tenía que marcar un límite, tenía que marcar un tope, porque venía algo nuevo. Eso nuevo que venía no era ni más ni menos sino la vida, la vida nueva que trae Jesucristo.