Nde4004a
Fecha: 19990107
Título: Creer es el fruto de saber ver y saber reconocer las senales.
Original en audio: 23 min. 56 seg.
He pensado que el gran enemigo de la meditación de la Palabra es considerar ya conocida esa Palabra. Por lo mismo, el gran remedio para despertarnos de la pereza y para movernos a la meditación, a la contemplación, es hacer preguntas a la Palabra y también dejar que ella nos pregunte a nosotros.
Tratarla como lo que es, como una persona que tiene preguntas y que tiene respuestas para nosotros.
La contemplación no es un estado mental que se puede conseguir por otros medios: por drogas, o por ejercicios físicos, ritmicos, por hipnósis, o qué sé yo. La contemplación es una obra del Espíritu Santo en el alma que se deleita en la Palabra de Dios.
Con ese criterio acerquémonos a la primera lectura del día de hoy, que seguramente suena muy familiar a nuestros oídos. Quién no ha oído y seguramente quién de nosotros no ha dicho aquello que está en la Primera Carta de Juan. "¿Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve"? 1 San Juan 4,20.
Pero esa palabra, no por repetida, ya es comprendida, ni tampoco, por comprendida, ya es vivida.
Intentemos ver qué quiere decir eso, sobre todo relacionándolo con el tema que ha traído esta Primera Carta de Juan y con su ubicación en el Año Litúrgico.
Estamos leyendo este pasaje en el contexto de la Navidad, y específicamente, en el contexto de la Epifanía del Señor.
¿Qué quiere decir que se presente esto? ¿Qué quiere decir esta afirmación del Apóstol en el mistero de la Carne de Jesucristo? ¿Qué quiere decir: "Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amara a Dios, a quien no ve"? 1 San Juan 4,20.
Pues, ¿Por qué no puede amar a Dios, a quien no ve? No es tan elemental esa frase, no es elemental. "No puede amar a Dios, a quien no ve" 1 San Juan 4,20. Si fuéramos incluso un poco críticos, preguntaríamos: "Bueno, pero Moisés, por ejemplo, no pudo ver a Dios. Si él dice que no puede amar a Dios, a quien no ve, entonces ¿qué está diciendo?
¿Está diciendo que no hay amor a Dios? ¿Qué quiere decir estO? ¿Y qué quiere decir eso de que: "Quien no ama a su hermano, a quien ve"? 1 San Juan 4,20. Ese "ver" puede tener una resonancia, un significado demasiado profundo. Recordemos que el verbo "ver", en san Juan, tiene una connotación abismal.
"Vio y creyo" San Juan 20,8, y tiene una connotación tan grande, porque lo que hace jesús en el Evangelio es dar señales, y las señales son para verlas; luego "ver", en el evangelio de Juan, "ver", en la teología de San Juan, es descubrir la señal de Dios.
"El que no ama a su hermano, a quien ve" 1 San Juan 4,20, el que no ha descubierto al hermano como una señal de Dios, entonces no puede descubrir al Dios que le está dando señales, no lo puede descubrir.
Si tu hermano no es una señal de Dios, entonces ese Dios, a quien dices amar, es un engaño, y te estás engañando. O sea que la frase no es tan elemental.
¿Pero por qué se dice esta expresión en el contexto de la Navidad y concretamente de la Epifanía? Podemos decir que la Primera Carta de Juan es como una meditación en la Carne de Jesucristo, en el misterio de la Encarnación.
"Debemos distinguir los espíritus" 1 San Juan 4,1, nos dice San Juan. "Si un espíritu dice que Jesús ha venido en carne humana, ese espíritu viene de Dios" 1 San Juan 4,2; "si se niega la carne de Cristo, ese espíritu no viene de Dios" 1 San Juan 4,3.
O sea que esta Primera Carta es como una meditación en la Carne de Jesucristo, en la encarnación de Jesucristo. Con eso en mente, volvamos a nuesro versículo: "Quien no ama a su germano, a quien ve" 1 San Juan 4,20, ese verbo "ver", en San Juan, tiene como un eco distinto al que tiene en la mayor parte de la Biblia.
Nosotros estamos acostumbrados a que creer supone que uno no está viendo. A ver, hay un versículo de San Pablo que dice: "Una esperanza, que no estuviera a la vista, no sería esperanza" [[:Category:]], en donde parece que sólo es posible tener esperanza de lo que no está a la vista.
En otrolugar dice poéticamente san Pablo: "Nosotros nos fijamos en lo que no se ve" [[:Category:]]. Pero resulta que en San Juan es como al revés. En San Juan, ver y creer, no son ni antagónicos ni antagónicos, ni opuestos, ni incompatibles.
Cuando San Pablo dice: "Nosotros nos fijamos en lo invisible", o cuando dice: "Una esperanza a la vista ya no es esperanza", daría la impresión de que el ejercicio de las virtudes teologales es incompatible con el ver: o se da lo uno, o se da la otro.
En cambio en San Juan, la teología es distinta, el enfoque es diferente:unocree porque ve, o mejor dicho, lo que uno ve lo lleva a creer.
Cuando Tomás, el Apóstol, dice: "Si no veo el agujero de los clavos, si no meto mi mano en su costado" San Juan 20,25, aparece Jesucristo y le muestra las manos. Se postra el Apóstol y dice: "¡Señor mío y Dios mío!" San Juan 20,28.
Responde Jesús: "Porque me has visto has creído" San Juan 20,29. No se opone. Lo que le está diciendo Jesús al Apóstol es: "Tu ver te llevó a creer".
Entonces pregunta San Agustín, seguramente lo recordamos: "Bueno, ¿pero cómo pudo haber creído si vio? Y responde el mismo santo: Es que lo que creyó fue más que lo que vio, porque Él vio al Resucitado, y lo confesó como Dios: "Señor mío y Dios mío" San Juan 20,28.
En la teología de San Juan el ver conduce al creer; el acto de creer no es un taparse la vista y apostar, como lo ha pensado el racionalismo de la Modernidad. Creer no es apostar en medio de la indecisíon, en medio de la incertidumbre. Creer no es una opción voluntariosa. Creer es el fruto de saber ver y saber reconocer las señales.
Ahora bien, la gran señal que nos ha dado Dios para que creamos, es una señal que es visible. Cristo se hace visible, "hemos visto su gloria". ¿Donde aparece eso: "Hemos visto su gloria"? Juan capítulo uno, versículo catorce. "La Palabra se hizo carne, y habitó entre noostros, y hemos visto su gloria" San Juan 1,14.
Es decir que la visibilización tiene que ver con la Encarnación; por la carne se hace visible el Logos, por la carne se deja ver la Palabra. Y aquí dice: "Quien no ama a su hermano, a quien ve" 1 San Juan 4,20. La carne de tu hermano es como un recordatorio contínuo de la Carne de Jesús.
Por eso está este texto en la Primera Carta de Juan, y por eso la Iglesia lo celebra en Navidad y en Epifanía.
La carne de tu hermano, esa carne que está a la vista, porque tu hermano se hace visible ante ti ¿cómo? esa es la maravilla: como Jesús se hizo bisible ante ti, por su Carne. Si tu hermano es visible ante ti por su carne, la carne de tu hermano es la señal perpetua de la Carne de jesús, y si rechazas eso, no puedes decir que amas a Dios.
Es profundo, es bello, es ilustrativo. La carne de mi hermano, por la cual mi hermano es viisible, me recuerda que Dios se hizo visible, "y hemos contemplado su gloria" San Juan 1,14. Si rechazo la carne de mi hermano, rechazo la manifestación de la gloria de Dios, y entonces no estoy amando a Dios.
En el mismo pasaje de hoy tenemos otra pregunta que hacer. Y como nosotros tenemos nuestra vida es para esto, para meditar la Palabra, entonces nos vamos a esa otra frase, a esa otra palabra.
Estas palabras que comprato con ustedes son palabras que han venido inquietando mi corzón desde hace tiempo, desde hace mucho tiempo. Y doy gracias a Dios por esa inquietud, porque con ella Dios me ha puesto en camino; ojalá aproveche yo la gracia que Él quiere regalarme, y ojalá cada quien sea fiel no sólo a sus respuestas, sino fiel a sus preguntas.
¡Ay del alma que no tien preguntas! Yo creo que las preguntas son como las muelas,como los dientes de la inteligencia; es muy poco lo que se puede comer sin dientes, muy poquito y muy insípido. Pues bien, nuestras preguntas nos permiten avanzar, avanzar hacia Dios.
"En esto conocemos que amamamos a los hijos de Dios, -dice más adelante en el mismo texto-, si amamos a Dios, y cumplimos sus mandamientos" 1 San Juan 5,2. Esa frase también es misteriosa.
Vamos a relacionarla con la primera. La primera era: "Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve" 1 San Juan 4,20.
Y ahora nos va a decir en qué consiste amara a los hijos de Dios: "Si amamos a Dios, y cumplimos sus mandamientos. Porque en esto consiste el amor de Dios, en que guardemos sus mandamientos" 1 San Juan 5,2-3.
Yo creo que a uno le surge una pregunta de ahí: ¿No se supone que estamos ya en el Nuevo Testamento, que se ha superado de alguna manera, que se ha plenificado la Ley? Es fuerte el contraste entre la teología de San Juan y la de San Pablo, lo acabamos de constatar con aqueloo del verbo "ver". Ahora, nos encontramos un nuevo contraste.
Esta frase no sonaría mucho en los labios de San Pablo: "El amor de Dios consiste en cumplir sus mandamientos" 1 San Juan 5,2. Eso como que no suena. ¿Qué tal eso para ponerlo al lado de las frases de san Pablo?: "El que ama, ya ha cumplido la Ley entera" Carta a los Romanos 13,8, dice San Pablo.
Y dice que "la Ley fue nuestro ayo, nuestro pedagogo para llevarnos hasta Cristo" Gálatas 3,24; la Ley era como pedagógica, era como provisional.
En la mentalidad de San Pablo, si uno lee a San Pablo, sobre todo en Romanos y en Gálatas, la idea que le queda es que la Ley era como un puentecito, como una escalera para llegar hasta la gracia de Jesucristo.
Pero después de que uno ha subido por esa escalera y ha llegado allá a la gracia, ya puede tirar esa escalera. Esa es la impresión que a uno le queda de San Pablo.
Pero ahora resulta que san Juan pone las cosas como al revés, porque dice que al final del camino lo que hay es el cumplimiento de los mandamientos, en tonces al fin que, ¿tiramos, o no tiramos la escalera? Esa es la pregunta que nos hacemos.
En eso consiste el amor de Dios, en que guardemos sus mandamientos" 1 San Juan 5,2.
Luego viene como una consolación aquí este pasaje, ¿no?: "Sus mandamientos no son pesados" 1 San Juan 5,2; nadie se atortole, no son pesados, "todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo, es nuestra fe" 1 San Juan 5,4.
"Es nuestra fe" 1 San Juan 5,4. Yo quisiera a veces saber cómo los protestantes de qué manera interpretan estos pasajes. Porque mire usted, resulta que dice San Juan que "la plenitud del amor está en cumplir los mandamientos" 1 San Juan 5,3.
Cumplir los mandamientos se parce mucho a lo que San Pablo llamaba "las obras de la Ley" Gálatas 3,2,Gálatas 3,10, y entonces ahí queda uno, como por lo menos, un poco perplejo, si no, confundido. Al final del camino, la plenitud de la Ley, raro eso. Y resulta que lo que consigue la victoria es la fe.
Entonce mira que una vez más es fuerte el contraste entre San Juan y San Pablo. Porque para San Pablo, cuando llega la hora de la fe, desaparecen las obras de la Ley, desaparecen los mandatos, mandamientos, y también, los mandados. Todo eso desaparece. Ha llegado una era nueva, la edad de la fe; desaparece la era de los mandamientos.
Y resulta que aquí es como al contrario: la victoria sobre el mundo, evidentemente es el final del camino, es la fe. Pero esa fe se identifica con la plenitud de los mandamientos, la plenitud en el cumplimiento de los mandamientos.
Así como para San Pablo eran excluyentes el ver y el creer, y en cambio para San Juan el ver lleva al creer, así también, para San Pablo, cumplir las obras de la Ley y tener fe, son excluyentes; mientras que para San Juan la plenitud en los mandamientos, es también la victoria de la fe. Es un enfoque distinto.
Pero bueno, en el primer caso, en el del ver y creer, pienso que pudimos dar una explicación; no hay contradicción porque el ver es mirar, es descubrir las señales y es acoger las señales de Dios que de hecho nos llevan más allá de sí mismmas, hacia el creer.
Pero ahora, cuando hablamos del cumplimiento de los mandamientos y de la victoria de la fe que vivimos, ¿también aquí podremos decir que el cumplimiento de los mandamientos nos lleva más allá de sí mismos, hacia la fe? "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos" 1 Juan 5,2.
¿Por qué aparece eso ahí? ¿Por qué ese cumplimieno de los mandamientos? Definitivamente, el estilo de San Juan es menos dialéctico que el de San Pablo. San Pablo, para ilustrar las cosas en un ámbito de polémica, hace dramáticos contrastes: una cosa son las obras de la Ley, otra cosa es la gracia y la fe en Jesucristo.
Él habla con una claridad que es casi rudeza para hacerle entender a esos gálatas, sobre todo, que una cosa son las obras de la Ley y otra cosa es..., ¿sí entendieron que es distinto? A San Pablo, en parte por temperamento, en parte por las necesidades pastorales, le toca hablara así como muy 18:049.
En cambio, San Juan, es otro estilo, porque es una conversació, más de una vez habla de "queridísimos", habla de "hijitos", es como una conversación de familia.
La tradición dice que estas cartas fueron escritas cuando ya el Apóstol estaba bien, bien ancianito, entonces uno parece imaginarse como al Apóstol sentado como un abuelo venerable, y los discípulos alrededor sentados, y ahí todo el mundo como que entiende el mismo lenguaje. Ahí no hay necesidad de hacer las distinciones dramáticas, vigorosas de San Pablo.
Bueno, pero esa explicación así como en términos de actuación tampoco sirve para aclarar el texto bíblico. ¿Por qué esa plenitud del amor está en cumplir los mandamientos?
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