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Fecha: 19990101

Título: Maria, Madre de Dios

Original en audio: 29 min. 16 seg.

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Con toda la Iglesia llamamos hoy a María, Madre de Dios, esto no significa que María le haya dado comienzo a Dios, desde luego ese no es el significado.

Como muchas veces nos lo han explicado los Papas y muchos otros predicadores en la Iglesia, la expresión “Madre de Dios” lo que quiere decir es que Ella es Madre de Uno, que es Jesucristo, que es Dios. Es Madre de Alguien de quien se puede decir con toda verdad que es Dios, y por esto Ella es Madre de Dios.

En el Ave María nosotros precisamente utilizamos esa expresión: "Santa María, decimos, "Madre de Dios, ruega por nosotros". A mí me gusta más la expresión: "Madre de Cristo Dios", expresión autorizada por el Papa Juan Pablo y que pienso yo que se presta menos a malos entendidos, Madre de Cristo Dios.

Esta es la advocación más importante, es la manera más propia de llamar a María Madre de Dios; podemos decir que la solemnidad de hoy, la fiesta de hoy es, de alguna forma, la madre de todas las fiestas de la Virgen.

Porque todo lo que nosotros digamos de la Virgen María, todo tiene que ver precisamente con el hecho de que es Madre de Dios, precisamente porque esa es, llamémoslo así, su vocación, porque ese es su camino, porque esa es su historia en esta tierra, por eso mismo nosotros podemos decir de Ella que fue inmaculada, por eso celebramos su nacimiento, por eso su protección sobre el pueblo cristiano, por eso fue asunta.

Todo eso tiene que ver con la fiesta de hoy, y sin embargo, la fiesta de hoy es muy difícil de predicar, a mí me parece muy difícil de predicar.

Porque casi siempre se piensa en María como Madre nuestra, cosa que es cierta, Ella es Madre de cada uno de nosotros, porque María cuida que la vida de la gracia crezca en cada uno de nosotros, su amor inagotable de mujer, de creyente y de madre, recibió las dimensiones del universo frente a la Cruz, y por eso María cuida que la vida de la gracia nazca en nosotros.

San Luis María Grignion de Montfort tiene palabras elocuentísimas sobre lo que significa la ayuda de la Virgen en el crecimiento de la vida cristiana.

Pretender avanzar en la vida cristiana, sin María, es como pretender que un niño, por ejemplo como esta preciosa criatura, pretender que una niña así rehaga la historia de la humanidad, reinvente el lenguaje, ya el lenguaje está inventado.

La presencia de María en nuestra vida hace que la vida cristiana se agilice sobre manera, porque Ella está interesadísima, Ella tiene todo su corazón en la gloria de su Hijo Jesucristo.

Y nos ama personalmente, nos ama en razón del Creador, porque somos hechura suya, nos ama en razón del Redentor, porque por nosotros vivió y murió su Hijo Jesucristo, y nos ama en razón del Espíritu de amor que obró con mucha fuerza, con toda plenitud en Ella, y que anhela derramarse, infundirse en cada uno de nosotros.

María nos ama muchísimo. Me dicen que en algunas de las apariciones, que probablemente ha realizado la Virgen María en estos últimos años, decía estas palabras: “Si supierais cuánto os amo, lloraríais de alegría”.

Sobre si la aparición fue o no fue ya tendrá que pronunciarse a la Iglesia, pero yo creo que esa frase le queda demasiado bien a la Virgen: “Si supierais cuánto os amo”.

Todos nosotros, los que somos pecadores, los que tenemos que levantarnos de nuestros pecados, todos nosotros los que anhelamos avanzar en la vida cristiana, tenemos enÉlla no sólo ejemplo, sino ayuda, y por eso acudimos a Ella, y por eso hacemos bien acudiendo a Ella, para que Cristo se forme en nosotros.

Si uno está en un grupo de oración, por ejemplo, y uno ve que hay una persona que es sincera, que tiene amor de Dios en el alma, que se le puede creer, como quien dice, se le puede creer lo que dice, yo estoy seguro que nosotros le diríamos a esa persona: “¿Sabe qué? Haga una oración por mí, ayúdeme con su oración”.

Pues, en todo grupo de oración, en toda asamblea cristiana, verdaderamente cristiana, está María presente, y María, así presente en medio de nosotros, pues es esa persona a la que cada uno puede acudir para acelerar el proceso: "Bueno vamos a ponerle agilidad a este asunto, porque van pasando los años y uno como que no camina, entonces bueno, acudimos a Ella.

Estas reflexiones no son nuevas para ustedes, ustedes las han escuchado otras veces, seguramente.

Pero fíjate que, aunque son muy ciertas y muy provechosas para el corazón, no nos hablan de María como Madre de Dios, sino nos hablan propiamente de María como Madre de la gracia en cada uno de nosotros, por eso te digo que predicar sobre María como Madre de Cristo Dios, como Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios, es bien difícil.

Y yo me pongo a hacer memoria, y caigo en la cuenta de que cuando era niño yo no me acuerdo haber oído nunca ninguna predicación sobre María como Madre de Dios, no me acuerdo, en parte porque las familias en aquella época, o por lo menos mi familia, estaban un poquito descuidadas de esto que ahora hecemos.

A mí me parece que estaban un poquito descuidados allá en mi casa en eso, en eso de que vale la pena empezar el año celebrando la Santa Misa, máxime si se trata de la fiesta por excelencia de la Virgen María, Madre de Cristo Dios.

Pero yo no me acuerdo haber oído así predicaciones específicamente sobre eso, yo hoy estaba echándole cabeza a la predicación y decía: "Bueno, hay que predicar sobre María como Madre de Dios, es necesario hacerlo, ¿y ahora qué hago?" Porque yo casi no he escuchado predicaciones sobre María como Madre de Dios. Y me imagino que algunos de ustedes, o muchos, estaránn en la misma situación mía.

Es que realmente se trata del misterio de los misterios en la mariología. Si la raíz de todos los misterios de María está en este nombre, pues quiere decir que aquí está lo más profundo del misterio de la Virgen, lo más profundo.

Y le he pedido varias veces al Espíritu Santo en este día que me ilumine, que me ayude para esta predicación, y al comenzar la Santa Misa también le he pedido a Dios, y antes de leer el evangelio le volví a pedir al Señor.

Y ahora voy a hacer una pausa para que todos en silencio le pidamos a Dios el don del Espíritu Santo para que habite en mi corazón, para que habite en los corazones de todos, para que yo pueda tener palabras sobre este misterio, y para que todos podamos tener oídos sobre esta maravilla: María, Madre de Dios.

Hagamos una breve pausa, pidiendo cada uno en su corazón en silencio ese don del Espíritu Santo, para que todo el fruto, para que todo el alimento que Dios nos quiera dar, llegue a nuestros corazones.

Lo primero que podemos notar es que María obra con su Hijo como una mamá obra con su hijo, se trata de una maternidad real, el niño es envuelto en pañales, es circuncidado, según prescribía la Ley de los judíos, es presentado en el templo, como mandaba la Ley de los judíos.

Luego, cuando ya se hace mayorcito y ya puede participar de las peregrinaciones a Jerusalén, los papás se ocupan de que el Niño vaya allá al templo de Jerusalén, esto quiere decir que María y José son dos judíos que conocen su propia Ley, que la aman, que la respetan y que la obedecen.

El hogar de Jesús, el hogar de María es un hogar de piedad, y gracias a Dios sabemos cuáles eran las costumbres de estos hogares piadosos.

¿Cómo podía ser la vida dentro de este hogar? Pregunto esto para que nos asomemos, aunque sea un poquito, a ese misterio de María como Mamá de Jesús.

Los judíos de la época no tenían ejemplares de la Biblia, pues no había imprenta y sólo personas demasiado adineradas podían tener ejemplares propios de las Escrituras.

Usualmente, en las comunidades, en los pueblos, había una sinagoga y era ahí donde se guardaban los textos para toda la comunidad. Las personas no tenían la dicha que nosotros tenemos de la Palabra de Dios allá en sus propias casas, sino que oían, asistían a la sinagoga, oían la lectura de la Palabra y oían la explicación.

Además de esto, había una serie de oraciones que los judíos piadosos de la época se sabían de memoria. Hay una oración, por ejemplo, de las diecisiete bendiciones, -son un serie de oraciones que ellos tenían, oraciones de alabanza a Dios-.

Y los judíos piadosos repetían esas oraciones por la mañana, a mediodía y por la tarde, sobre todo había una pequeña invocación, un pequeño texto bíblico que se repetía muchísimo, está en nuestras Biblias, en el capitulo 6 del libro del Deuteronomio: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas sus fuerzas” Deuteronomio 6,4-5.

Esa frasecita la debió de recitar muchísimas veces María, era como el estribillo, era como la jaculatoria que estaba siempre presente en el corazón de los hogares piadosos de los judíos, y al ritmo de esas oraciones debió de crecer Jesús. Este es un primer aspecto que encontramos.

Segundo, se trata de un hogar de extrema pobreza, esto también nos llama la atención, el lugar donde vivían José y María era un lugar sumamente pobre.

Porque efectivamente, Nazaret era un villorrio que no aparece ni siquieramencionado en el Antiguo Testamento, un lugar sumamente humilde, y cuando ellos van a llevar al Niño al templo para presentarlo, para ofrecerlo a Dios, la ofrenda que presentan es la ofrenda de los pobres.

Si leemos el texto del Antiguo Testamento, lo que estaba mandado ofrecer en el templo por el nacimiento de una persona, era propiamente un cordero o un cabrito y decía: “Pero si es muy, muy pobre la familia, que ofrezca un par de tórtolas o dos pichones” Levítico 5,7.

Porque los pajaritos prácticamente los podían cogerer silvestres, los podían traer de cualquier parte, o los podían comprar por unos cuanto pesos, diríamos en moneda de hoy.

De manera que cuando llevan a Jesús al templo, lo que pueden ofrecer por Él es la ofrenda de los pobres, lo que presentan es pobre, es pequeño. Un hogar que también pasa por la incomodidad de la persecución, por el dolor, por la estrechez, por lo que hoy llamamos en nuestro país el ser deportado, el ser desplazado.

xxxMaría y José tienen que salir como desplazados, cuando la persecución de Herodes. Un ángel le avisa a José y en medio de la noche, en unas carreras y angustias que difícilmente nos imaginamos, deben partir hacia tierra extraña, hacia Egipto y allá tienen que vivir como extraños.

Entonces mire qué elementos hemos recogido: se trata de un hogar creyente y piadoso, se trata de un hogar en obediencia y en amor a Dios, se trata de un hogar que conoce la pobreza y que experimenta el dolor. Esta pobreza y este dolor llevan a José María y al Niño Jesús a conocer la otra cara de la historia.

En otra predicación me acuerdo haber dicho que nosotros quisiéramos que a los niños pequeños, el mundo no se les presentara con toda la crudeza que tiene, de alguna o de otra forma queremos separar a los niños, y bueno, hay razones también para hacer esto, queremos separar a los niños en cierto sentido, queremos aislarlos de los peligros, de los problemas, de los crímenes que suceden.

María no escogió meter a Jesús, meter a su Hijo en la corriente, en el torrente del dolor humano, pero la pobreza, la estrechez, la persecución les llevaron precisamente a eso, a que José y María y también su Niño Jesús, estuviera sumergido en la torrente del dolor humano.

Una familia marcada por la pobreza y marcada también por la oración. ¿Qué otro elemento podemos recoger de esta familia humilde? Sabemos que cuando Jesús inicia su ministerio seguramente José ha muerto, cuando Jesús parte a predicar, su predicación no debió demorar sino unos meses, dicen que hasta tres años.

Cuando Jesús muere en la cruz María queda encomendada al discípulo amado, probablemente a Juan Evangelista, esto parece indicar que ya José había muerto. En aquella época José ha fallecido indudablemente y Jesús se va a predicar.

O sea que mira qué rostro nos va quedando de la vida de María: oración, pobreza, dolor, persecución, soledad, ese es el rostro de la vida de la Virgen María como aparece aquí.

¿Y qué significa todo esto? Significa Una vida profundamente solidaria con la realidad del pueblo en el que Ella se encontraba. Si es verdad que podemos hablar de los privilegios de la Virgen por una acción del Espíritu Santo en Ella, por la santidad, porque es inmaculada, esos privilegios no significan, en ningún caso significan el estar eximida de los dolores de esta tierra.

Dios la separó del pecado, pero no la separó del dolor; Dios la separó del malo, pero no la separó del mal.

Ella experimenta, como mujer, como persona, como esposa y como madre, experimenta el rostro duro, el aspecto duro de esta vida, y en eso es solidaria del pueblo pobre, del pueblo judío, del pueblo oprimido al que Ella pertenece, oprimido en todos los aspectos.

Bueno ahí tenemos como un retrato de lo que pudo ser la vida de la Virgen María y de lo que pudo ser su trato con respecto a Jesús. Ahora preguntémonos: ¿Y esto qué nos puede decir a nosotros? ¿Qué significa eso? ¿Qué nos dice eso de la Madre de Dios?

Yo no sé, aquí hay como una ruptura. Cuando se piensa en los poderosos, o en los nobles, en los ricos, o en los genios, o en los ilustrados de esta tierra, indudablemente se piensa en otros caminos y en otro modo de vida.

Si una persona es demasiado inteligente, o es de una familia muy noble, o es de pariente muy adinerado, nosotros esperamos una vida distinta; pero resulta que el Hijo de Dios y la Madre del Hijo de Dios, ya vemos en qué condiciones han vivido.

Ahora tratemos de hacer la pregunta fundamental, ellos vivirán así, ¿por qué? Esa es mi pregunta, ¿por qué las cosas que a nosotros no nos gustan, las cosas que todos rechazamos, las cosas que nunca queremos ni para nosotros ni para nuestros hijos, por qué fueron esas las cosas que marcaron, que rodearon, que empaparon la vida de Jesucristo y que rodearon y que empaparon la vida de la virgen María?

¿Por qué eso fue así? ¿Por qué esa humillación? ¿Por qué ese dolor? ¿Por qué esa soledad? ¿Por qué esa pobreza? ¿Cuál es el sentido de eso? Y por eso, ¿qué sentido tiene ser madre así? ¿Qué significa ser madre así? ¿Y qué significa ser Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios, así? Esa es la pregunta que nos hacemos.

Pues hay una manera de responderlo, una manera de responderlo a manera aprendida de Santo Tomás de Aquino. Digamos que no hubiera sido así, imaginémonos que la vida de Jesucristo hubiera sido otra y por consiguiente la vida de María hubiera sido otra.

Por ejemplo, imaginemos que Jesucristo hubiera estudiado en el Instituto Tecnológico especializado de Jerusalén, imaginemos que Jesús hubiera tenido las comodidades, los medios, los recursos, las vacunas para que nada de las porquerías, de los dolores, de las incoherencias de este mundo le hubiera herido a Él, imaginemos que eso hubiera sido la vida de Cristo, eso no es pecado, atención.

Si una mamá quiere que su hijo no sufra, yo creo que eso es lo más explicable de este mundo, ¿pero que hubiera pasado si Jesús hubiera llevado esa vida? Santo Tomás nos da unas luces muy profundas al respecto y dice: "Si Jesús hubiera sido heredero de un gran fortuna económica", -claro, para las pobres de Jerusalén, de Betania, de Jericó y todo-,

"si Jesús hubiera sido de ese genero de familia, el que no ha nacido en esa familia, el que no ha tenido ese recurso, indudablemente hubiera dicho: “Ah, pero es que ese mensaje de Jesús es para la gente que tiene esas posibilidades, razón que Jesús pueda hablar así, razón que Él pueda decir eso".

"Muy bonitas sus palabras sobre la paz y sobre el amor, su vida ha sido marcada por la paz y por el amor y usted ha estado separado de los dolores, siga hablando de la paz y del amor, usted no tiene nada que decirme a mí que soy un pobre”.

Jesús no hubiera podido tocar el corazón del pobre si no hubiera sido pobre, si Jesús hubiera tenido razón, a Santo Tomás de Aquino, con su habitual profundidad, si Jesús hubiera tenido los recursos del instituto Tecnológico especializado de Jerusalén y hubiera sido un duro allá, codeándose con los importantes para cambiar la sociedad y organizar el mundo, seguramente allá, los pobres leprosos, que eran los más excluidos de su tiempo, seguramente los pobres leprosos hubieran dicho: “Felices los del sanedrín que pueden oír esas explicaciones, pero yo sigo como siempre he estado, solo, separado, aislado, triste; ese señor que se codea con los poderosos no tiene nada que decirme a mi”.

Eso es lo que hubiera sentido el que no ha nacido en esa familia poderosa, y otro tanto hay que decir de cualquier otra cosa, si Jesús hubiera sido de la familia muy noble, y había familias muy nobles como la de Anás y Caifás que miraban así como un insecto a Jesucristo: "Este campesino galileo que no sabe ni acentuar bien el arameo, viene aquí".

A que lo hubieran visto así como un insecto; Jesús prefirió que lo vieran como un insecto para hablarle al corazón de los otros insectos, es decir, de todos los otros que nosotros los miramos así.

Si Jesús hubiera aparecido no este insecto sino un poquito más grande, si Jesús no hubiera sido una hormiguita sino un saltamontes, entonces las hormiguitas hubieran dicho: “Felices los saltamontes y de ahí para arriba, pero yo, que soy una hormiguita, no puedo recibirle nada a este señor”.

Entonces Santo Tomás nos da una luz muy grande, todas estas humillaciones propias de la vida de Jesucristo, todos estos dolores hasta el extremo, pobrezas hasta el extremo, destierros hasta el extremo.

¿A que niño le ha tocado lo de Jesucristo? A mí me conmueve hasta las lágrimas pensar que Jesús creció su primera infancia en país extraño, en Egipto, seguramente José y María vivían en colonia judía de allá de Egipto.

Ellos no debían estar tampoco aislados, debían estar con otros judíos allá, pero Jesús se daba cuenta de eso, que había algunos que hablaban la lengua de papito y mamita y había otros que hablaban otra cosa, que seguramente nadie les entendía.

Y seguramente Jesús tuvo que haberle preguntado a mamá María: “Imá”, -se dice en arameo-, seguramente Jesús le hubría preguntado: "Imá, ¿por qué estamos aquí?" Y María tuvo que haber llorado sus ojos y haberle dicho: “Te estaban buscando a ti para matarte”. ¿A que niño le ha tocado esto?

Entonces todas estas humillaciones y pobrezas de la vida de Jesucristo, y todos estos dolores y soledades y privaciones de la vida de María, tienen un sentido: se trata de que todo el Evangelio le pueda decir una palabra a todo ser humano.

Si Jesús iba a ser el Redentor del mundo, mira el precio que se tiene para poder hablarle a todo ser humano, Jesús tenía que estar al mismo nivel o más abajo que todo ser humano, porque lamentablemente así es nuestro corazón, apenas vemos a alguien que tiene un recurso, un medio, una oportunidad que no nos ha tocado a nosotros, decimos: “Ah, fácil para él”.

Así somos los seres humanos, y Dios lo sabe muy bien, y por eso en su designio y en su camino, quiso que Jesucristo pasara por todas estas privaciones, incluidas la cárcel, la tortura, los azotes, el ser esclavo, el ser torturado, el ser crucificado.

El criminal más terrible de esta tierra tiene algo en común con Cristo, el pobre más arrastrado de esta tierra tiene algo en común con Cristo; el deportado, el torturado, el humillado tiene algo común con Cristo; aquel que nunca ha sido escuchado, aquel que siempre ha sido olvidado, tiene algo en común con Jesucristo.

Entonces fíjate lo que significaba ser Madre de Dios, ¿aabes qué es lo que significaba? Significaba ser fecundo en el desierto, porque eso que ninguno de nosotros quiere ver ni por las curvas, esa pobreza, esa privación, ese dolor, ese se llama desierto.

La palabra "desierto" en español viene del latín y significa "abandonado", lo que a nadie le interesa, a donde nadie se mete.

A María le correspondió, para ser Madre de Dios, le correspondió ser Madre en el desierto, le correspondió a ser fecunda en la soledad, le correspondió darle vida a la noche, al dolor, a la persecución, le correspondió ser una muestra del amor de Dios y una estrella del amor de Dios en la noche más oscura de la humanidad.

Eso es lo que significa María como Madre de Dios y así entendemos también hasta que punto mis amigos, hasta que punto increíble María está unida, está asociada al misterio de su Hijo.

Las alegrías de las mamás, cuando son mamás, son ver a sus hijos bien, yo me atrevo a decir que todas las alegrías, todas las alegrías de María se vieron salpicadas por hiel.

La alegría de dar a luz, ya viste en qué condiciones, en Belén; la alegría de ofrecérselo a Dios, ya viste lo que le dijo Simeón: “Una espada te atravesará el alma” San Lucas 2,35; la alegría de formar un hogar, ya viste en la carrera a Egipto; la alegría de que el Niño crece para que el Niño le diga: “Tengo que ocuparme de mi Padre” San Lucas 2,49.

La alegría de que el Niño es un adulto para verlo partir; la alegría de que el niño es acogido y predica para que le lleguen las noticias: “La gente dice que está loco” San Marcos 3,20; la alegría de ver a Dios perdonando al mundo con el dolor, con la hiel terrible de verlo crucificado.

La maternidad de María, la maternidad divina de Nuestra Señora, es una maternidad crucificada. Entendámoslo, Ella crucificó, Ella ofreció a Dios todas las dimensiones de su ser de mujer, todas las dimensiones de su ser de madre.

De modo que ninguna alegría le quedó que no estuviera cruzada por el dolor, que no estuviera atravesada por el amor y que no fuera para la gloria de Dios y para nuestra salvación.

Esa es la Virgen María, esa es la Madre de Dios, esa es también la Madre de la Iglesia.