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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19980101

Título: "Nacido de una Mujer y nacido bajo la Ley"

Original en audio: 28 min. 9 seg.


El Apóstol San Pablo, que predicó y escribió tanto del misterio de nuestra salvación, casi nunca se refiere a la Santísima Virgen María, a la Madre del Señor.

Puede decirse que el texto que hemos escuchado hoy de la Carta a los Gálatas, es prácticamente el único texto que hace una alusión a María. Porque, el nombre de Ella como Madre de Jesús, no aparece nunca en los escritos de San Pablo.

Este silencio notable no debe extrañarnos mucho, ya que de todas maneras el Apóstol casi nunca hace mención alguna a la vida terrena de Cristo, y desde luego que el nacimiento de Jesús es el comienzo de su vida terrena.

Propiamente lo que hace San Pablo en la mayor parte de sus predicaciones y en la mayor parte de sus cartas, su propósito principal, es mostrar cómo con la Pascua de Jesucristo, ese mundo antiguo, el mundo de la Ley judía, el mundo de, "la conciencia que me reprocha, pero yo no sé cómo cambiar", el mundo del paganismo extraviado, ese mundo ha quedado atrás.

Y con la Pascua del Señor, ahora hay otra lógica. Esa lógica nueva, esa verdad nueva, es lo que San Pablo llama "la vida en el Espíritu", en el Espíritu Santo.

De modo que el Cristo que anuncia San Pablo es un Cristo en la plenitud de la donación del Espíritu, es un Cristo en el Espíritu, en el poder del Espíritu, mientras que la existencia terrena de Cristo cuando estuvo en Carne como la nuestra, no se dio en la plenitud del Espíritu.

Bien es cierto que fue esta unción del Espíritu Santo la que obró las maravillas y los prodigios en Él: sus milagros, sobre todo, la expulsión de los demonios, y en fin, tantas otras obras bellas, sanas y santas.

Pero, sólo pudo llegar la plenitud del Espíritu Santo, cuando Cristo, el Señor, resucitado de entre los muertos, lo comunicó a los Apóstoles.

Por esta razón San Pablo no hace casi alusión a la vida terrena de Cristo, y cuando medita sobre el Señor, no se detiene en los ejemplos que Él nos dio.

Hay unas dos excepciones. En algún lugar, por poner el caso, dice: "El Señor Jesús enseñó que era mejor dar que recibir" (véase Hechos de los Apóstoles 20,35). Y esto lo presenta como un dicho de Cristo. Curiosamente, este dicho no lo encontramos en los Evangelios.

Es una de las pocas alusiones que tiene que ver con la vida terrena de Nuestro Señor. Sin embargo, para Pablo esto no es tanto un ejemplo en cuanto a su vida terrena, sino es como un manantial de gracia, un torrente de Espíritu que llegando a nuestras vidas, transformando nuestras vidas, hace que nosotros reproduzcamos su propia imagen.

Era la vida terrena del Señor, desde el nacimiento hasta la Cruz, como una larga humillación para San Pablo, una humillación que él la resume con las palabras que hemos escuchado de la Carta a los Gálatas: "Nacido de una Mujer, nacido bajo la Ley" (véase Carta a los Gálatas 4,4).

De hecho, estas dos palabras, "Mujer" y "Ley", representan la condición de Cristo en semejanza a todos sus hermanos judíos, y la condición de Cristo en semejanza a todos sus hermanos, los seres humanos.

"Nacer bajo la Ley" (véase Carta a los Gálatas 4,4), significa pertenecer al pueblo de la Alianza. "Nacer de una Mujer" (véase Carta a los Gálatas 4,4), significa pertenecer a la estirpe humana. O sea, que el sentido, diríamos, antropológico de este texto, seguramente es ése.

"Nacido de una Mujer y nacido bajo la Ley" (véase Carta a los Gálatas 4,4), quiere decir, Hombre como todos nosotros, y "nacido bajo la Ley" (véase Carta a los Gálatas 4,4), quiere decir, judío como todos los de la Alianza.

Lo que está diciendo San Pablo es, que el nacimiento de Cristo en nuestras condiciones, hace que nosotros nazcamos en sus condiciones. El hecho de que Él haya asumido lo nuestro, hace que nosotros podamos apoyar lo suyo.

Él asumió lo nuestro para darnos lo suyo, y por eso dice: "Envió Dios a su Hijo", -¡su Hijo!-, "nacido de Mujer y nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción" (véase Carta a los Gálatas 4,4-5).

De manera que Él nace bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, y Él nace como todos nosotros, para que nosotros pudiéramos nacer como Él. Y esa ? , esa adopción filial, hay que ver si es adopción. Porque, ? significa la filiación. El "por adopción" es más un agregado de los traductores.

Propiamente lo que dice el Apóstol, es: "Envió Dios a su Hijo, nacido bajo la Ley y nacido de una Mujer, para que nosotros recibiéramos la filiación, para que nosotros recibiéramos el ser hijos" (véase Carta a los Gálatas 4,4-5).

"Y como sois hijos, Dios envía a vuestros corazones el mismo Espíritu de su Hijo" (véase Carta a los Gálatas 4,6). Ahí era donde quería llegar el Apóstol: que hay un mismo Espíritu entre el Hijo Eterno de Dios, y los hijos nacidos en el tiempo, nacidos bajo la Ley.

Es que todo lo que nosotros, desde un punto de vista, llamémoslo así, filosófico, hagamos de la finitud humana, este teólogo, San Pablo, lo expresa con, "nacido de una Mujer" (véase Carta a los Gálatas 4,4).

Cuando nosotros pensamos en las limitaciones de lo que significa ser humano, diríamos, por ejemplo: "Estamos confinados al espacio y al tiempo; estamos en un lugar, estamos en una hora".

Éso, estar limitado al espacio y al tiempo, ser temporal y todo lo demás que esto conlleva: necesitar alimento, necesitar descanso, necesitar bebida, pasar indigencia, tener que aprender, todo esto lo dice San Pablo con una sóla expresión: "Nacido de una Mujer" (véase Carta a los Gálatas 4,4).

Si el que estuviera aquí fuera un filósofo más que un teólogo, seguramente hubiera hecho un largo tratado sobre toda la finitud del ser humano. Pero, como es un teólogo y como su pensamiento es semita, todas las limitaciones las encierra en la palabra, "Mujer", "nacido de una Mujer" (véase Carta a los Gálatas 4,4).

Si es nacido de una Mujer, está sometido a todas las limitaciones, a todas las consecuencias, a todos los dolores, a todas las pobrezas de nuestra misma humanidad. Por consiguiente, el propósito de San Pablo no es directamente mariológico.

Él no está refiriéndose aquí, él no está estudiando aquí, o desarrollando aquí un tema propio de la Mariología. Pablo es como una especie de Cristo. Pablo vive, respira, muere, resucita por Jesucristo. Su atención está puesta en el Señor.

Y eso es bueno, porque le da el lugar propio, que no es pequeño ni es feo, sino bellísimo y alto, a la Santísima Virgen María. Efectivamente, una recta Cristología le da su lugar a una sana Mariología.

Entonces, el propósito del Apóstol en este caso es cristológico. Él está mirando hacia Jesucristo y hacia el misterio de Cristo. Ve toda la finitud de Jesús al asumir nuestra existencia, para que nosotros recibiéramos su Espíritu. Mira toda la finitud de Jesús concentrada en este, "nacer de una Mujer y nacer bajo la Ley" (véase Carta a los Gálatas 4,4).