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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19961225

Título:

Original en audio: 12 min. 52 seg.


Queridos Hermanos:

La Iglesia me encomienda en este momento un ministero que es más propio de Ángeles que de hombres.Se pide al diácono o al sacerdote, según corresponda, que haga la lectura del evangelio, en primer lugar, se pide al sacerdote que evangelice, que tenga en su boca una nueva noticia.

Y así debe cada sacerdote celebrar la Eucartistía, de modo que sus palabras impriman una noticia de gracia y de gloria en los corazones de los oyentes.

De acuerdo con lo que nos dice el texto que hemos escuchado, ése es ministerio propio de los Ángeles. Un Ángel anuncia a María el mistero de la Encarnación, un Ángel le anuncia también a José, Ängeles evangelizan a los pastores.

Ministerio de Ángeles es contar esta noticia, la gran noticia, la buena noticia después de tantas noticias malas.

Viene a mi mente el comienzo del texto que nos ofrece San Marcos. Dice allá en el versículo primero de su capítulo primero: "Comienzo del Evangelio de Nuestro S´ñor Jesucristo" San Marcos 1,1, lo cual, como he dicho en alguna otra ocasión, igual podría traducirse: "Aquí empizan las buenas noticias".

Y si uno mira la Biblia, si uno lee pausada y amorosamente el Antiguo Testamento, y lo lee en oración, no puede sino quedar en vilo su corazón.

Porque todo el Antiguo Testamento queda en punta, ¿qué pasó al fin con lo que Dios prometió a Abraham? Y esa hermosa profecía que nos hizo llorar de gozo, la de Natán a David, ¿qué pasó con eso? ¿Qué hubo de ese cetro que no iba a caer nunca? ¿Qué hubo de ese pueblo escogido? ¿Qué hubo de esos mandamientos sabios de los que nos habla el Deuteronomio?

Y las proimesas del Mar Rojo y del Éxodo, y alimentar al pueblo en el desierto, ¿de qué sirvió? Y toda la sabiduría de los sabios y toda la profecía de los profetas, ¿en qué quedo? Tantas gestas, tan alto y profundo amor, tan ancha misericordia, ¿para qué? ¿Para qué?

Para qué, nos preguntamos, si al terminar de leer el Antiguo Testamento vemos que todo se disuelve en una bruma, en un silencio, vedaderamente en una noche? Porque hay que saber que los siglos que precedieron inmediatamente el nacimiento de Cristo, incluso la palabra profética parecia haber abandonado a Israel.

¿Y qué digo yo de Israel, si Israel era solamente el nombre de una de las porciones de ese pueblo, que ni siquiera pudo conservar la unidad entre sí? Se dividió entre Israel y Judá, y luego lo que se llamaba Israel, llevado al detierro, prácticamente se extinguió, se disolvió en país extranjero.

No quedaba Israel, quedaba Judá, ¿y ese Judá en qué condición quedaba? Disperso una parte por el Mediterráneo, empobrecido, lleno de ignorancia, sometido al yugo del Imperio Romano.

¿Para eso, para eso sacó Dios a su pueblo de Egipto? ¿Para eso Salomón hizo un Templo tan grande y tan bello? ¿Para eso la belleza de la poesía en Isaías? ¿Para eso la pasión dolida de Jeremías? ¿Para eso? ¿Solamente para llegar a un resto, un pequeño y humilde, un humillado y mísero pueblo que no tiene ni independencia, un pueblo que ya tenía que rezar con Azarías y decir: "Ya no vemos nuestros signos, ni hay profeta, y nadie entre nosotros sabe hasta cuándo"? Category. .

Ese es el final del antiguo Testamento, y nadie debe hacerse ilusiones en otro sentido.

El Antiguo Testamento se disuelve en una bruma, en una niebla, en una noche, una noche que se parece misteriosamente a las tinieblas que se apoderan del corazón humano cuando no encuentra esperanza.

Porque la Biblia está escirta de tal manera, que quien sabe leerla con atención, no puede negar que ahí está retratado su corazón. De tal modo inspiró Dios la Palabra Divina, que aqule que la lee, no puede dejar de leerse.

Y por eso aquel que cierra la última página del Antiguo Testamento, si es honesto, tendrá que derramar por lo menos una lágrima, y decir: "Aquí está mi corazón, aquí estámi soledad, aquí la razón de mis iras, aquí la raíz de mis concupiscencias". Y el nombre de Dios y la gloria de Dios, ¿qué?

Ezequiel, en una patética visión, vio cómo la gloria de dios abandonaba el Templo, un Templo hermoso pero profanado por los pecados del pueblo y, sobre todo, de los sacerdotes.